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9 nov 2012

CUALQUIER MAL TIEMPO PASADO FUE PEOR

Aunque venía haciendo retratos deportivos en la prensa escrita desde hacía algunos años, uno de mis primeros reportajes en solitario ocurrió durante el mes de octubre de 1963, cuando la dirección del entones semanario PALANTE Y PALANTE me envió a cubrir los desastres del ciclón Flora, lo que cumplí contra viento y marea pues: Imagínense que  usted se presente ante una de esas víctimas para entrevistarlo tras haber perdido bienes y animalitos, la cara que pondría aquel infeliz, y aún peor, recibir la negativa por respuesta.
Debido a su extensión no reeditamos aquellos textos, por el contrario utilizaremos diez de las viñetas realizadas en el lugar de los hechos--que se conservan mejor-- para ilustrar este trabajo. Con razón el reporte que publicamos en este mismo blog el 27 de octubre del 2009 lo titulamos “Misión Imposible”.

Por estos días del pasado año volvimos sobre el tema del ciclón Flora al referirnos a otra tormenta tropical en 1910 que, debido a la duración de su recorrido, también en forma de lazo guardaba cierta similitud con el de 1963, aunque descargara su furia en el otro extremo de la isla. De ahí que lo titulara  “Ciclones poderosos y caprichosos”.  
El Sandy, que acaba de producir cuantiosos estragos en las provincias de Santiago de Cuba, Holguín y Granma, dejó once muertos, cuando el promedio anual de fallecidos por esa causa no sobrepasa las tres víctimas. El huracán atravesó y destruyó a su paso poblaciones densamente pobladas, así como afectaciones menores en otros territorios como Guantánamo, Tunas y provincias centrales. Esto ha traído el tema de nuevo a la actualidad, pues en las entrevistas a los damnificados de mayor edad, por lo general comparan este huracán con el Flora y lo califican como mucho más violento.

Después de aquella mortal experiencia de 1963, se tomaron estratégicas  medidas basadas en establecer una red de radares y servicios meteorológicos para monitorearlos desde el Atlántico; movilizar a la ciudadanía a partir de tres fases; Informativa, de alerta y recuperación; mas toda esta actividad regida por una bien estructurada Defensa Civil, que ha venido preparando al pueblo en zonas para este tipo de contingencia y todo ello volcado en una política conocida como voluntad hidráulica, capaz de controlar o minimizar los daños de las fuerzas ciegas de la naturaleza.
Debo aclarar que ninguno de estos dos fenómenos atmosféricos referidos con anterioridad pueden compararse con otro que, tal vez por ignorancia, o por haber ocurrido hace ochenta años, no se tiene muy en cuenta.
Se conoció a través del tiempo como el ras de mar que destruyó totalmente el poblado de Santa Cruz del Sur el 7 de noviembre de 1932. El mar avanzó más de tres kilómetros tierra adentro sembrando destrucción y luto. A su paso dejó 3,033 víctimas mortales; sin embargo por su desplazamiento por un litoral poco poblado al sur de a provincia de Camagüey sólo destruyó 570 viviendas.

Las autoridades de entonces con su Presidente Gerardo Machado a la cabeza, se comprometieron a reconstruir 80 de ellas. Pero las promesas de entonces también se las llevó el viento, junto con la ayuda solicitada para la evacuación desde la cabecera provincial que tampoco llegó.
En una entrevista del periodista Enrique Atienza Rivero al Director del Centro de Pronósticos del Instituto de Meteorología, publicada en GRANMA precisamente con motivo de cumplirse 70 años del desastre de Santa Cruz del Sur bajo el título de “La ayuda oficial prometida que nunca se recibió”, el doctor José Rubiera afirmaba:

“…El ras de mar es un fenómeno sísmico no meteorológico; está relacionado con un maremoto o sismo en el lecho marino, creando una inmensa ola que viaja miles de kilómetros y no ocurre en nuestra zona geográfica; en el Océano Pacífico es donde más se presenta. (…) Santa Cruz fue azotada por un huracán de gran intensidad,--categoría 5—acompañado de uno de los fenómenos más peligrosos junto a la lluvia torrencial y los vientos, la llamada surgencia o marea de tormenta. (…) Ello consiste en una elevación del nivel del mar como consecuencia de los fuertes vientos y la baja presión del huracán, en forma de pared de agua, que se levanta en las costas bajas como ésta zona del sur de Camagüey con solo 0,4 metros sobre el nivel del mar. (…) Esta pared de agua alcanzó una altura de 6,5 metros jamás registrada en Cuba, la cual arrasó con todo cuanto encontró a su paso y catalogó la tragedia como la catástrofe natural más grande de la historia de Cuba…”

Precisamente en el lugar se levantó un monumento erigido en recordación a las víctimas que representa a un habitante del lugar con la mano alzada hasta la altura donde llegó el nivel del agua. Cada año por esta fecha se realiza una peregrinación desde el parque central del pueblo hasta el cementerio, se trata de una actividad contra el olvido, y recordarnos que…cualquier mal tiempo pasado fue peor.

8 oct 2011

CICLONES COLOSALES Y CICLONES CAPRICHOSOS

La temporada ciclónica nuestra abarca la mitad del año: Desde junio 1 a noviembre 30. Octubre se considera el mes más peligroso, porque en él han coincidido los más frecuentes y poderosos desde que tengamos noticia. No quisiéramos ser absolutos, en nuestros casi cinco siglos de historia, sólo dos han podido ser considerados Superpotentes, si de historietas se pudieran identificar como en los casos de Superman o Superratón. Además con la disyuntiva del progresivo calentamiento solar: ¿Chi lo sá?
Afortunadamente Cuba ha desarrollado una buena experiencia en el combate de estos fenómenos atmosféricos no sólo en su etapa informativa y de alerta, sino también tomando medidas de evacuación y movilizaciones solidarias en la recuperación. O sea, que nadie quede desamparado. Científicamente son 37 los huracanes que con mayor intensidad nos han azotado en los últimos doscientos años, y sólo dos de ellos con categoría cinco en la escala Saffir-Simpson: La Tormenta de San Francisco de Borja (916 hP), que azotó a La Habana del 10 al 11 de octubre de 1846, con rachas de más de 250 kilómetros por hora. Sus vientos se sintieron hasta los límites de las provincias orientales. En cuanto a los daños, deben haber sido enormes aunque no hayan trascendido cifras de muertos o desaparecidos por desconocimientos demográficos. Lo que sí se supo es que no quedó un solo barco a flote en el puerto, y recuérdese que San Cristóbal de La Habana siempre fue “La Llave del Golfo”.
El otro huracán categoría 5, cruzó el extremo más occidental de Pinar del Río el 19 de octubre de 1924. Por tratarse de una región bastante despoblada no produjo grandes pérdidas humanas, y mucho menos de barcos surtos en puerto, porque no encontró ninguno en su camino. Tenía 917 hP, con velocidad similar a la del cercano Mitch (1998). Sin embargo, éste cobró 11,000 víctimas fatales en Centroamérica.
Ninguno de los dos: El de Pinar y el de La Habana, causó tanta desgracia como otros menos poderosos pero más letales. A saber, el que penetró por las inmediaciones de Santa Cruz del Sur, Camagüey el 9 de noviembre de 1932, provocando olas de 6.5 metros y la muerte a más de tres mil personas, considerándose la mayor catástrofe natural ocurrida en Cuba.
El segundo en mortalidad, fue categóricamente menos poderoso, sólo 3 hP, de categoría pero por su lentitud de traslación y torrenciales lluvias, prácticamente inundó todo el territorio oriental y parte de Camagüey durante cuatro días, del 4 al 8 de octubre de 1963. Se llamó Flora, y fui testigo presencial de sus estragos. La lluvia registró hasta 1500 milímetros en algunas zonas, y no pocas ciudades como Mayarí quedaron bajo sus aguas. Causó millonarias pérdidas en bienes y animales, dejando a su paso enlutados 1,500 hogares cubanos, pero el Flora además de mortal resultó ser también un ciclón caprichoso, pues su inusual comportamiento fue una de las causas de su peligrosidad. Al desplazarse lentamente en la zona montañosa, quedó encerrado entre ellas sin encontrar salida al mar y formó un lazo en su ruta solo comparable a otro fenómeno tan arbitrario como él, medio siglo antes en el otro extremo de la isla.
Fue el ciclón de Los Cinco Días que cruzó a Pinar del Río de norte a sur entre el 8 y el 12 de octubre de 1910. Este fenómeno trazó un lazo en la zona marítima tangente a la costa norte más occidental del país y entró a su territorio cerca de Cayo Jutía, para salir por el sur de Pinar del Río y azotar Isla de Pinos el día 14.
Lo curioso de este caprichoso huracán no fueron sus vientos ni sus víctimas, sino la encendida polémica que suscitó entre los científicos de la época, donde la meteorología a comienzos del siglo XX y en medio de la segunda intervención norteamericana, estaba aún en pañales. Los pronósticos se los repartían las dos instituciones más prestigiosas del país. El observatorio del Colegio de Belén y el Observatorio Nacional. El primero sostenía que habían sido dos ciclones, uno que cruzó por los mares del Estrecho de la Florida y el otro atravesando la provincia pinareña de norte a sur. La tesis de un solo ciclón en forma de lazo fue defendida por la institución laica.
El debate tomo categoría 5 en la escala de las hipótesis y duró casi un cuarto de siglo, pues aún en 1934 el padre Mariano Gutiérrez Lanza del colegio de Belén se mantenía en sus trece. Tocó a José Carlos Millás, del Observatorio Nacional poner punto final a una controversia demasiado extensa y que no tenía nada de musical.
Su tesis del antojadizo ciclón de 1910 demostró definitivamente que se trataba de una recurva en forma de lazo, provocada por influencias de ciertos fenómenos atmosféricos.
Hasta aquí la descarga. Con permiso, me despido porque ya estamos en octubre, y tengo que asegurar puertas y ventanas.