__________________________

__________________________
Mostrando entradas con la etiqueta La Habana. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta La Habana. Mostrar todas las entradas

3 mar 2012

FLOROCARRERO CENTENARIO

No sé si por mi inclinación desde siempre al dibujo, por la fuerza de la atmósfera tropical cubana que nos envuelve, o los vivos colores combinados con esa línea fuerte y espontánea del contraste presentes en la pintura de tres grandes de la plástica cubana, haya preferido entre otros pintores, la contemplación de obras plásticas que calzaran la firma de maestros como René Portocarrero, Amelia Peláez, o Alfredo Sosabravo.

Los tres, independientemente de su extensa y original producción artística, especialmente al dejarnos su impronta ceramística en los murales colosales del Hotel Habana Libre. Ella en el gigantesco muestrario de azules marinos que nos da la bienvenida a la entrada del edificio; Sosa Bravo con su combativa tanqueta situada en el Segundo Lobby; y esa explosión cromática de la “Historia de las Antillas” en el bar LAS CAÑITAS, donde Portocarrero nos identifica en el multiétnico crisol del Caribe, al cual está dedicado la Feria Internacional del Libro de este año.

Precisamente en el marco de esta última aprovechamos nuestra presencia en el Pabellón Cuba para, darnos un saltito mis hijos y yo, al céntrico hotel de 23 y L, una semana antes del 24 de febrero; recordar ese día glorioso, y también el centenario del autor de dicha obra, el gran maestro René Portocarrero.

Estas muestras de lo mejorcito de la plástica cubana, me rodeaban y alentaban noche tras noche, durante más de quince años en que ofrecí mis servicios haciendo caricaturas personales in situ a clientes y huéspedes del hotel, tras mi jubilación en 1991.

Algunas de aquellas “víctimas” se ofrecieron a testimoniar sus impresiones como las del caricaturista norteamericano Bill Griffith. Fue en uno de sus salones donde, celebré mis cincuenta años de vida artística en febrero de 1998 con una exposición retrospectiva que contó con la presencia de los participantes a la Bienal del Humor de San Antonio de los Baños de ese año y personalidades culturales de la talla de Abel Prieto y Enrique Núñez Rodríguez.

También en sus salones, pero en marzo del 2008, el hotel celebró su medio siglo, y rindió homenaje a tres figuras vinculadas al mismo, Ricardo Trelles, el único trabajador-fundador aún en funciones; la vedette de Cuba Rosita Fornés; y este humilde servidor con la muestra en su “Rinconcito del Humor” donde se contaba la historia del hotel en forma jocosa.

Pero volvamos a los inicios de Portocarrero: Habanero en toda la extensión de la palabra, dejó sus primeras huellas en aquellos inolvidables interiores de la Calzada del Cerro, --su casa natal y mi barrio adoptivo--. A partir de esa experiencia, su obra se inspiró en grandes ciclos temáticos. Cada nueva propuesta, era la misma y diferente a la vez, como ocurría en sus simbólicas ciudades, donde no se podía ocultar la influencia de la capital. Así como las no menos exquisitas floras.

En mi afinidad con el dibujo humorístico y la historieta, me imaginaba aquello como un gran fresco secuencial, donde el pintor narraba una historia oculta tras los velos de la capital, o los encantos de la mujer cubana.

Terminando la visita junto a mis hijos, cada cual tomó por su lado, y yo aproveché que ese día se inauguraba en la galería”Teodoro Ramos Blanco” del Cerro, una exposición fotográfica de cuyo catálogo tomo las palabras del maestro Manuel López Oliva que concluye con estas reflexiones:

“…Hoy, cuando parece que su casa natal y parte de los parajes del Cerro desaparecen por la erosión del tiempo y las crisis de la historia, un grupo de pupilas creadoras de gente joven han hecho un proyecto, desatado por Betty Quevedo León, que implica redescubrir ese hiato visual que conecta la memoria de Portocarrero con los símbolos ambientales del Cerro. Unos, a partir de generar metáforas con fragmentos de su casa hoy tristemente deteriorada, otros jugando con retratos actuales que rememoran sus emblemáticas Floras…”

A propósito de esa motivación actual, fue la misma que en 1980, me inspiró a presentar en el Salón Nacional de Humorismo de ese año, la caricatura personal que ahora reproducimos. Atrevimiento motivado a su vez por una mezcla del respeto que le profesé, y la misma jovialidad y familiaridad conque el siempre nos correspondía. Sin más les presento esta semblanza paródica suya que titulé FLOROCARRERO, y que dio pie para el encabezamiento de este trabajo a cien años de su feliz alumbramiento.

30 dic 2011

EN POCAS PALABRAS

OBISPO: UNA CALLE PARA RECORDAR

A raíz de la fundación de la villa de San Cristóbal de La Habana, se comenzó el trazado de las calles aledañas. Una de ellas, situada al costado del que más tarde fuera el Palacio de los Capitanes Generales, y que a partir de la Plaza de Armas desembocaba en una de las puertas de entrada a la ciudad desde extramuros; tuvo desde sus orígenes varios nombres.

A saber: De los Plateros por unos artesanos afincados en ella; de San Juan, porque conducía al Convento de San Juan de Letrán, del CONSULADO por establecerse allí en 1794 el Real Consulado de Agricultura y Comercio, etc., etc.

Sin embargo, ha trascendido con otro nombre de discutido origen, pues varios historiadores no se han puesto de acuerdo en cuanto a la primitiva procedencia de la actual calle OBISPO, legitimación lograda en 1936 gracias al informe elaborado entonces por el Historiador de la ciudad, Emilio Roig de Leuchsering.

La polémica surgió porque allí vivió el Obispo Fray Jerónimo de Lara fallecido en 1644, con posterioridad habitó en ella Pedro Agustín Morell de Santa Cruz, pero el juicio más certero de todos parece ser por su cercanía a la Parroquial Mayor, residencia episcopal del prelado Alfonso Enríquez de Almendariz, nombrado obispo en 1610; de ahí que se le nombrara calle OBISPO o de los OBISPOS.

Desde su inauguración se convirtió en una arteria vital entre el puerto y el desarrollo del comercio y la industria capitalinos, entonces limitada por la muralla, que fue definitivamente derribada en agosto de 1863.

Toda esta pincelada nos lleva cuatro años después a dicha vía pública, ya por entonces empedrada, cuando visita a La Habana el pintor y dibujante norteamericano Samuel Hazard, quien la reconoce como “…una de las arterias más animadas de la ciudad, donde se hallan los establecimientos más atrayentes…”

El viajero no sólo dejó escritas sus crónicas, sino que dibujó dicha calle en 1867 para su libro “Cuba a pluma y lápiz”.

El acucioso artista dejó para la posteridad la escena que nos complacemos en reproducir con el Hotel “Santa Isabel” al fondo, y para que no quede la menor duda, al lado, una fotografía actual tomada desde el mismo ángulo.


EN ÓRBITA

Mientras escribo estas notas, siento una ligera brisa, que se hace más acogedora en los calurosos meses de verano. Miro hacia un lado, y lo veo ahí, sobre la mesa, fiel, incansable, e inmortal. No puedo recordar exactamente cuanto tiempo ha transcurrido desde que el pequeño ventilador soviético se salió de su órbita europea para aterrizar en mi hogar, pero bienvenido sea.

Tal vez pequeño, feo y descolorido, sobre todo después de perder el trasero en un recalentamiento producto de mi falta de memoria al abandonarlo por un instante y olvidarme que, obediente seguía girando sus paletas durante casi 24 horas.

Se diferencia de otros ejemplares mayores en tamaño, prestigio publicitario, y elegancia, con mejor porte y figura, y hasta con velocidades de caja quinta; sin embargo, es menos hipócrita porque jamás se puso una careta; ni la necesita ya que sus paletas plásticas son inofensivas, y tal vez lo más que pueden es darte un sorpresivo golpetazo, pero sin mayores consecuencias, pues estos equipos ni pinchan ni cortan.

Cuando algo o alguien te acompaña por tanto tiempo, le coges cariño y no quisieras desprenderte de ese ser querido. Lo contrario ocurre con individuos advenedizos, esos que cuando les coges gusto, tienes que despedirte de ellos con satisfacción.

El ÓRBITA fue concebido como el matrimonio: Hasta que la muerte nos separe.

Lo contrario ocurre con otras marcas: A pesar de tecnologías más avanzadas, lujosas, aerodinámicas, y hasta multi-giratorias; su gran defecto es quizás su propia esencia, típica de la Sociedad de Consumo a la que es acreedora.

Su objetivo pues no es ser útil, sino producir rápidamente ganancias exorbitantes. O sea lo menos parecido al ÓRBITA. Se invierten millonarias cifras, incluso con el “robo de cerebros” a familias de futuros consumidores para producirles obsolescencia programada. Frase rimbombante que traducida al lenguaje coloquial quiere decir: Vida limitada artificialmente

Es un mundo virtual al que no he podido acostumbrarme por considerarlo ilógico por antihumano, derrochador de recursos; y sobre todo, porque soy transparente, pero no come-catibía ni me gusta que me estafen. Allá los afines a la filosofía del despilfarro.

Yo sigo en ÓRBITA con mi ídem.

LEONES URBANOS

El fiero felino de la selva ha sido protagonista de numerosas obras artísticas por su melenuda prestancia, majestuosidad y fiereza. Ejemplos exiten como el León de la Metro, “El Rey León" de Disney, el Club de Leones, que discutía protagonismo e influencia en la Cuba de antaño con el Club Rotario, o el más cercano “Bebe” León de nuestro volibol masculino, convertido ya en capitán del equipo Cuba.

Para ver los otros leones, los de verdad, tendríamos que trasladarnos al África o al Parque Zoológico; sin embargo tenemos otros mucho más cerca, y apenas se habla de ellos. Vayamos a sus orígenes:

Doscientos cuarenta años se cumplen en este 2012, de la inauguración del primer paseo extramuros, consistente en una vía de cuatro hileras paralelas a las murallas y sombreadas por árboles que resguardaba a peatones y carruajes del intenso calor estival.

Eso ocurrió allá por 1772; más tarde se le hizo un paseo central con cómodos bancos de piedra y fuentes a intervalos.

Sin embargo tendría que transcurrir casi un siglo hasta que a comienzos del XIX aparecieran en el Prado los reyes de la selva, esta vez bronceados por el sol veraniego y por la fundición de los viejos cañones, defensores inmóviles de las fortalezas coloniales en pasadas centurias.

Durante muchos años fueron testigos mudos del jolgorio popular durante los paseos y comparsas del carnaval habanero; de los patines con ruedas y los pitenes infantiles con pelota de goma; de los juveniles encuentros amorosos bajo la luz de la Luna, y de los paseos matinales de vejeranos con sus bastones acompañantes.

En fin, todavía están ahí de pie, entre pintores sabatinos y multitudes ansiosas de ligar la permuta soñada.

Nuevas generaciones de leones se reúnen ahora con frecuencia no lejos de allí, en el Estadio Latinoamericano del Cerro, bulliciosos herederos de Armandito (el Tintorero), para aplaudir a rabiar a sus fieros y azules ejemplares de Industriales. Son fieles aficionados y a veces belicosos fanáticos del deporte nacional, a tal punto de regresar muy cerca de aquellos otros leones de bronce para continuar rugiendo en la Esquina Caliente del Parque Central.

Pero no son los únicos; tal vez menos conocida por residir a 300 kilómetros de la capital, pero igualmente popular y atlética es la pareja de leones futbolísticos en el parque Martí, de Cienfuegos, --la Perla del Sur o Bella Ciudad del Mar como prefiráis--quienes cohabitan allí mucho antes del primer partido de balompié cuyo centenario acabamos de celebrar. Si alguna duda todavía mantienen ustedes, mis incrédulos vecinos, aquí va la foto de uno de ellos en los momentos de esperar el pitazo para tirar un penalti salvador.

3 dic 2011

RODANDO EL BALÓN

Así se titulaba la sección dedicada al balompié del diario EL MUNDO que firmaba un paniaguado jefe de plana deportiva al triunfo de la Revolución. En realidad, quien la escribía magistralmente era un joven aficionado al deporte con aspiraciones periodísticas, que a fuerza de voluntad lo sobrecumplió ampliamente.

De eso escribimos en el trabajo titulado “Por amor al arte”

En estos días se cumplen precisamente cien años rodando el balón en nuestro país y no queríamos dejar pasar la bola sin tirar a puerta.

Alberto Yáñez, el joven aficionado del cuento y yo, fuimos convocados en 1961 por el INDER para formar parte del equipo que fundó la revista L.P.V. Juntos creamos allí la sección “Garabatos Deportivos” entre otras tareas, y juntos colaboramos con el team de PALANTE Y PALANTE desde sus comienzos. Alberto inventó allí “Palante en pelota” una sección magistralmente continuada por su sustituto Betán, cuando él pasó al frente de la página de “Entretenimientos” en la publicación.

La unión profesional fue tan estrecha que se extendió a la familia en general formando un gran equipo con por nuestras esposas Estela y Nena en la defensa; y por nuestros hijos volantes Albertico y Mirtha, con Paquito y Elsie en la delantera. En fin unidos por lazos indestructibles tal vez debido a nuestros orígenes: Él pichón de gallego y yo de asturiano, por algo dice el refrán que gallegos y asturianos son primos hermanos.

Me imagino que desde tiempos remotos los europeos y los peninsulares en particular, practicaban el balompié, porque según el propio Yáñez, --ducho en la materia--, aseguraba que el fútbol comenzó, cuando los soldados triunfadores en una batalla, jugaban entre ellos pateando los cráneos de los vencidos, para celebrar la victoria. Pero como, además de historiador del deporte él era humorista, nunca le hice mucho caso.

Pero dejemos a Yáñez descansar en paz, y volvamos al tema de este centenario que ha transcurrido a patada limpia.

Mucho antes de que nos “descubrieran” en 1492, ya en Cuba se practicaba un juego de pelota al que los taínos llamaban batos. Y me imagino que junto con los caballos que España introdujo hace 500 años, el fútbol también fue importado de la Madre Patria.

La rivalidad en la colonia subió de tono en la medida en que los criollos se sintieran más cubanos y los españoles más colonialistas. De ahí que ambas facciones utilizaran el color para diferenciarse en cualquier actividad, ya fuese en las modas, las controversias campesinas o las piezas teatrales. Moñas rojas para distinguir a las damas integristas y lazos azules para las separatistas.

Pasada la contienda independentista, en la República se mantuvo esa costumbre, de ahí que cuando se introdujo el beisbol en nuestro país a fines del siglo XIX también continuó esa preferencia cromática. Los parciales de los azules serían ahora los Alacranes del Almendares, mayoritariamente cubanos; mientras que los leones rojos del Habana por lo general españoles. El tiempo, siempre dialéctico, hoy nos muestra al equipo capitalino de los Industriales representado por un león, pero no rojo, sino azul.

Mi padre fue hasta su fallecimiento carrero de una firma de cigarros de lunes a sábados, pero el domingo era mío. Por eso me llevaba, según la temporada. SI de fútbol al terreno de “La Polar” para presenciar como Juventud Asturiana vencía al Centro Gallego, o si se dejaban ganar por “burros” que eran. Cuando empezaba la Liga Profesional de Beisbol, cambiaba entonces de rumbo hacia el estadio de “La Tropical”, donde habanistas y almendaristas se caían a batazos, según explicamos en el párrafo anterior.

Imaginémonos ahora en el estadio de “La Polar” situado en los jardines de la cervecería del mismo nombre, tras el descanso intermedio bajo los acordes de “Currito de la Cruz” y dando los toques finales a mi nutritiva Trimalta Polar.

El pitazo del árbitro en calzoncillos, igual que el resto de los atletas, da comienzo al segundo tiempo para recordarnos que, con este partido finaliza la temporada y pronto tendremos que cambiar el gusto, porque cuando empìece la Liga de béisbol en “La Tropical” solo dispondré de Maltina Tívoli Vitaminada. Así de sencilla era la cosa para un fiñe de la época. Mientras, el desafío sangriento entre dos firmas que se discutían la preferencia de un público mayoritariamente varonil y cervecero entre las gradas de sus respectivos estadios, se mantenía al rojo vivo.

Pero cuando el mal es de sembrar …No valen guayabas verdes.

A mediados de los años cincuenta surge una nueva marca, con una nueva promoción, y una nueva imagen, --la del indio Hatuey, en posición belicosa--. Pero sobre todo un nuevo terreno en el medio de la capital, con lo que prácticamente desplaza a sus antecesoras de la preferencia del público consumidor. De más está decir que en el del Cerro tuve que cambiar para Malta Hatuey, porque para mi edad aún no me había aficionado al láguer.

Esta larga reflexión no desmerita para nada la afición de nuestro pueblo por el deporte en todas sus manifestaciones, sino situarnos en el pasado y los mecanismos de promoción y rentabilidad que los negociantes utilizaban para lucrar antes de que el deporte fuera un derecho del pueblo.

Lo que se discutía a patadas en un terreno o a batazos en el otro, era estimulado por las dos marcas cerveceras más poderosas del país en un desafío financiero mucho más violento, donde una derrota podía llevar a otra peor: La bancarrota. Al auge de este deporte por aquella época, y al influjo de esa limitada popularidad Cuba pudo clasificar para la Copa Mundial de Fútbol de Francia en 1938.

Veintisiete años después de aquel memorable partido fundacional, el 11 de diciembre de 1911, Cuba fue el primer país del Caribe en lograrlo, y llegar a cuartos de final, y el segundo de la CONCACAF, solo antecedido por los Estados Unidos. Lo que más nunca se repitió. He aquí el afiche correspondiente a esa copa.

Tal vez esto explique la decadencia del balompié cubano durante un buen tiempo, entre otras razones, al desaparecer la rivalidad entre asturianos y gallegos, y surgir nuevas opciones con equipos representativos de zonas aledañas como Puentes Grandes, lugar de asentamiento de los terrenos afines al fútbol.

De que no está muerto ni mucho menos dio pruebas el equipo Cuba que nos representó este año en el último Panamericano de Guadalajara, al empatar a cero con el gigantesco Goliath sudamericano y multicampeón del mundo; así como igual desempeño con la otra potencia del área --Argentina--, que nos anotó un solitario y agónico gol en los finales del partido. Al cierre nuestro equipo acaba de clasificar en el área de la CONCACAF para la próxima etapa.

El futuro y nuestros atletas dirán la última palabra también en el terreno; porque no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista.

HUMBOLDT. PROFETA DEL SIGLO XXI

Botánico, explorador, geógrafo, espeleólogo, naturalista, economista, político, agorero del clima, los ciclones, la esclavitud, y otros muchos misterios, todo eso y mucho más, lo puso al descubierto el santo barón Alexander Von Humboldt. Según su cuna dorada, nada que ver con el derrotero de su vida y su obra, ni con la rancia aristocracia prusiana, que dio engendros tan bárbaros como el nazismo y su engreimiento de la raza aria.

En todos los campos del saber y muchos más se destacó ese preclaro varón, --con B y con V--- a tal punto que en su época le llamaban “el Aristóteles del siglo XIX”.

Fue rebautizado también por su admirador y amigo personal, el maestro José de la Luz y Caballero, quien le agregó el de segundo descubridor de Cuba, ubicando al Adelantado Don Cristóbal Colón en primer lugar.

Físicamente pienso que sí, pero recordemos que éste último creyó haber llegado a Cipango, y se quedó a medio camino del Sol Naciente. Sin restarle méritos al Día de la Raza, en honor a la verdad, el barón prusiano, basándose en métodos científicos, no se equivocó y dejó documentada la más completa investigación de nuestro país, y nada menos que en una estancia de… ¡SOLO CUATRO MESES!

Recuérdense los cuatro viajes de Colón

Su obra es tan vasta, abarcadora y enciclopédica que preferimos que sean sus propias palabras las que nos alumbren el camino para poder apreciar su huella en nuestro país y el mundo al cabo de 211 años.

El 19 de diciembre de 1800, llegó al puerto de La Habana en su primer viaje a Cuba. Así describe la impresión que le causó:

“…La vista de La Habana, a la entrada del puerto, es una de las más alegres y pintorescas de que puede gozarse en el litoral de la América equinoccial…”

Amó tanto a Cuba que durante su corta estancia en 1801 escribió lo siguiente:

“…Me encuentro feliz en esta parte del mundo, en un clima, al cual me siento tan habituado que parece como si nunca hubiera vivido en Europa…”

Sin dudas se refería sólo a la capital cubana pues, antes de desembarcar con sus lentes astronómicos, sus cuadernos de física, y otros instrumentos, ya estudiaba y trabajaba en la “Fiel Isla de Cuba”, el país que emergía de un mundo casi desconocido.

Si eso expresó casi recién llegado, no es raro que después de su segunda experiencia en abril de 1804 declarara en una carta:

“..Tengo 52 años y siento el espíritu muy joven todavía. He decidido resueltamente irme de Europa y vivir bajo las trópicos de la América española, en un lugar donde he dejado algunos recuerdos…”

¿A qué lugar específico se refería? …Saque usted sus propias conclusiones.

Humboldt nació en Berlín el 14 de septiembre de 1769, y a pesar de su abolengo, nunca rechazó las ideas de la Revolución Francesa de 1789 y desde joven tomó posiciones humanistas, sobre todo frente a la explotación de los países originarios de América, la esclavitud africana, y los movimientos de liberación colonial durante el siglo XIX.

Refiriéndose a nuestra situación geográfica, así la describe:

“…Aquel Mar de las Antillas que hemos descrito como un Mediterráneo con bocas, ha influido poderosamente en el progreso de la sociedad en la Isla de Cuba…”

El naturalista se expresa su admiración por el árbol que formara parte más tarde de nuestros atributos patrios:

“…Una palma de las más majestuosas de aquella tribu, da al país, en las cercanías de La Habana, un carácter particular, y es la “Ortodoxa Regia” en mi descripción de los palmares americanos…”

Se ha dicho que Humboldt fue precursor de la espeleología, y esto es cierto pues él nos habló de “…Las grandes cavernas de Matanzas…mucho antes de que se descubrieran las de Bellamar en la provincia yumurina.

En cuanto a la climatología:

“…En la Habana la rigurosidad de las variaciones que experimenta, a horas determinadas, la presión de la atmósfera se interrumpe cuando reinan vientos recios del norte…”

Y del clima en general, alertó a los botánicos con lo que llamó “La Geografía de las Plantas”, agregando:

“...Las grandes bajas de temperatura en la Isla de Cuba duran tan poco que ni los plátanos nopales. Ni las cañas de azúcar, ni las demás producciones de la zona tórrida padecen el menor detrimento…”

No olvidó los ciclones:

“…Ya en 1527 fue destruida en gran parte la famosa expedición de Pánfilo de Narváez en el Puerto de Trinidad de Cuba…”

Así se expresó en términos geológicos:

“…La parte central y occidental de la Isla contiene dos formaciones de caliza compacta…”, mientras se lamenta de que “…habiéndose limitado mucho tiempo a La Habana y a los distritos inmediatos, no hay que admirarse de la profunda ignorancia en que se está sobre la geognosia de las montañas del Cobre…”

Sobre la migración interna explica que “…El movimiento de la colonización fue de Este a Oeste y que allí, las primeras regiones pobladas son actualmente las que menos lo están…”

Cartógrafo improvisado aclara lo siguiente:

“…Mi mapa de la Isla de Cuba, aunque sea muy imperfecto respecto del anterior, sin embargo, es el único en donde se hallan las 13 ciudades y 7 villas…”

Sobre la producción de azúcar basada únicamente en la mano de obra esclava, en lugar de aplicar otros conceptos económicos más progresistas y menos brutales dijo:

“…El tráfico no solamente es bárbaro sino que también es poco razonable…”

Sus cálculos lo llevaron a proclamar:

“…En aquellos terrenos que antes de la caña de azúcar han producido plantas tuberosas, una caballería de tierra fértil en lugar de 1,500 arrobas, da 3 ó 4000…”

Podemos resumir según sus propias palabras que:

“…La naturaleza es el reino de la libertad…”

Humboldt no sólo dejó constancia escrita de sus descubrimientos por Latinoamérica, sino que trazó muchos dibujos de su propia mano o contrató a destacados artistas para ilustrar escenas minuciosamente descritas por él. Aquí van dos de esos ejemplos:


Fueron únicos los aportes a la botánica, e impresionantes los bocetos de su propia mano sobre las plantas, en su recorrido por América. He aquí la Hibiscus Lambertianus. Escaló casi hasta la cúspide, la montaña que en aquel entonces se tenía por la más elevada del mundo: El Chimborazo, hecho ocurrido el 23 de junio de 1822, por lo que impuso con ello un récord mundial de altura.

Pero la obra cumbre de sus trabajos en nuestro país fue sin dudas el “Ensayo políitico sobre la Isla de Cuba” que le ganó la amistad de grandes pensadores como Goethe, o Simón Bolívar, al que en cierta ocasión invitó a escalar el Vesubio.

A Humboldt se debe la manifestación de que nuestro vino es agrio, acuñada más tarde por José Martí, quien le agregara el sentido de pertenencia: --Pero es nuestro.

Terminamos pues, con los vaticinios a los que aludimos en el título de estas pinceladas, específicamente referidos a Cuba y América:

“…Declaro la igualdad de la raza humana. Me resisto a la insípida pretensión de admitir razas superiores y razas inferiores…”

En 1863, antes de la Guerra de Secesión en Estados Unidos, y su génesis racista dice:

“…El habitante de la Nueva Inglaterra, considera como un peligro público para ella el aumento progresivo de los negros…”

O esta otra mucho más actual y profética:

“¿Quién se atrevería a pronosticar el influjo que tendría una confederación americana de los estados libres de las Antillas, situada entre Colombia, la América del Norte y Guatemala, en la política del nuevo mundo…”

(Datos tomados del libro “Humboldt” del Alberto Bayo para la Editorial Ciencias Sociales, 1970.)

UN GESTO CABALLEROSO

El insigne escritor gallego Xosé Neira Vilas, de quien nos hemos referido anteriormente , publicó en el libro “Presencia Gallega en Cuba”, un capítulo referido al Caballero de París, personaje de nuestro folclor capitalino, que este 30 de diciembre arribaría a su 122º. aniversario.

De esa obra hemos escogido algunos párrafos que estimamos necesario darlos a conocer, independientemente de repetir algunos aspectos ya abordados por nosotros.

Según Neira Vilas:

José López Lledín fue conocido en la Habana a lo largo de más de 40 años como el Caballero de Paris.

Nació en una aldea del municipio gallego de Fonsagrada en 1899. Fue un niño soñador, escribía versos, emigro a Cuba en 1920, era timido y muy sensible, siguió estudios de comercio e inglés.

Un día comenzó a trastornarse, abandonó su trabajo en el Hotel Sevilla, se dejó crecer el pelo y la barba, vistióse con una capa de mosquetero. Entonces dijo que era el Caballero de Paris, (tambien se autonominó Conde de Montecristo Vizconde de las Américas, pero eso de “caballero" le gusto más, y los habaneros así lo llamarón de por vida.

Sobre él se publicaron cientos de artículos en la prensa habanera, decenas de entrevistas, la mayoria apócrifas. Se convierte en personaje literario, que aparece en una novela de Rolando López del Amo, una pieza teatral de José Triana, “Medea en el espejo,” en un poemario de Mirta Yáñez titulado “Memoria del Caballero de Paris”, y en otras obras. Sobre él existen canciones y estatuas: Una en el Museo de la Ciudad y otra en la acera del Convento de San Francisco de Asís, (la primera del escultor Héctor Martinez Catá, y la segunda de José Villa Soberón).

Sobre la paranoia que padecía, el psiquiatra que lo atendió en todo momento, el doctor Luis Calzadilla Fierro, presento un relatorio en un Congreso Internacional celebrado en 2006. El riguroso trabajo del especialista fue analizado en un encuentro de psiquiatras que se celebra anualmente en Trasalba, (Casa Museo de Otero Pedarayo) en Ourense.

Lledín murió el 12 de julio de 1989. Tenía 86 años. Los medios de comunicación dieron la noticia. Los habaneros lamentaron la muerte de aquel ilustre, emigrante gallego y símbolo popular de la ciudad.

El 30 de diciembre de 1898, fecha en que el Caballero de Paris cumplía 90 años, sus restos fueron trasladados desde el cementerio de Calabazar, donde fuera enterrado, a una sepultura en el cementerio de Santiago de Compostela de las Vegas, en el museo municipal santiaguero. Con su cabellera intacta, numerosas fotografías, una de sus capas y otros objetos El musicólogo Helio Orovio organizó la ceremonia.

Había mucha gente en torno a la lápida en que se gravara su nombre y el epitafio pertinente. Sonaron guitarras y laúdes, se cantaron boleros, y unos poetas repentistas improvisaron decimas guajiras.

Un tiempo después por iniciativa del Dr. Eusebio Leal, Historiador de la Ciudad, los restos del personaje fueron trasladados al convento de San Francisco de Asís en el casco histórico de La Habana, y se leyó una descripción biográfica de José López Lledín y varios poemas dedicados al Caballero, que más allá de la locura, amó al pueblo del país que lo acogió.

El prestigioso dibujante cubano Francisco Blanco publicó un libro titulado “La leyenda que camina” en el que aparecen 24 caricaturas del Caballero de otros tantos artistas de la isla, además del correspondiente texto aclaratorio.

Blanco vino a Galicia en el verano de 2008, estuvo en la aldea de Vilaseca, donde nació López Lledín, e inaguró una exposición homenaje en Fonsagrada.

(Esto que acaban de leer, es una síntesis del escrito que el colega Xosé Neira Vilas publicara, y más o menos aquel viaje a que se refiere resultó ser el motor impulsor de este sitio web personal, ¡AY; VECINO! que debutó bajo el título de “El regreso del Caballero” en agosto de 2008, pero quisiéramos agregar algo mas reciente).

A mediados del mes de noviembre, durante el cumpleaños colectivo que celebra la Peña del humor “Bigote de Gato” en la Agrupación Castropol, al arribar a mis 81 abriles, recibí una grata sorpresa.

El colega Bruno Javier Machado me hizo entrega de un valiosísimo presente, el libro “Demencia y clavel. (Un gallego habanero, caballero de París)”, publicado en el 2004 por Mercie Ediciones S.A.

Si valioso era el obsequio, más aún su dedicatoria: “…Para Blanquito, ícono de humoristas. Porque contigo. publiqué por primera vez en PALANTE, un día 8 de marzo de 1979. Felicidades colega en tus perpetuos quince…”

Cierto, el joven Bruno formaba parte de una valiosa hornada de humoristas que encaminaban sus pasos en el difícil arte de hacer pensar con la sonrisa en los labios en nuestro semanario. Pero 32 años después, aquel escritor bisoño ya había tejido una larga cadena de éxitos editoriales que comenzó con la semblanza del ultramarino pueblo de “Casablanca y su oscura luz”, que tanto me recordaba aquel otro de la costa africana inmortalizado en el celuloide por los amores de Humprey Bogart y Lauren Bacall. Acababa Bruno de recibir en el 2011 el Premio “Miguel de Cervantes Saavedra, que otorga anualmente la (FSEC) Federtación de Sociedades Españolas de Cuba, entre otros méritos por la publicación de su último libro “Asturias en Cuba”.

En la otra obra, --referida al Caballero--, es una noveleta de apenas 80 páginas, que me tocaba en lo más profundo, pues entre hechos reales, y personajes imaginarios o paródicos, me remontó a la época y enclave de mis vivencias.

Pues la acción comienza en la Casa de la Prensa, y muy particularmente en su Sala del Té, con las tertulias que desarrollábamos de forma espontánea un grupo de periodistas durante los años 80 y 90 del pasado siglo.

Regularmente íbamos a “caernos a mentiras” entre sorbo y sorbo del delicioso “chácata”, (especie de granizado de té, bautizado con un ron doble o sencillo según el gusto de cada cual). Chácata es la onomatopeya del sonido producido por el instrumento metálico al raspar la superficie del hielo para formar el granizo que al ser saborizado, tanto gusta durante el caluroso verano.

Nos sentíamos orgullosos de degustar ese trago fantasma en la carta de la coctelería internacional, inventado por nosotros mismos, y propiciador de charlas amenas en tardes de canícula tropical.

En ese marco, un ejemplar del periódico Tribuna de La Habana había quedado olvidado en una de las butacas y los protagonistas de la narración: El gordo Roberto y Gonzalito, futuro camarógrafo de la televisión, leían la noticia real que daría pie a la trama:

Decía así: “…A las nueve de la mañana de ayer sábado partió de la funeraria de Santiago de las Vegas el cadáver del Caballero de París. El cortejo fúnebre se detuvo unos minutos para que un grupo de compañeros del sectorial de cultura de Boyeros le depositara un cojín de flores, que le acompañaría en su viaje definitivo…”

Más tarde intervienen y comentan la noticia otros actores cuyos nombres, sospechosa y curiosamente nos recuerdan a figuras conocidísimas del medio como: El musicólogo Nelio Oroz, el escritor costumbrista Loreño, o el historiador Eugenio Lial.

Si la vida en general del famoso hidalgo gallego-parisino, estuvo marcada por el misterio y las contradicciones. La muerte del Caballero estuvo también signada por imprevistos. De eso da cuenta la narración de Bruno Javier. Incluso me aporta datos que a mi regreso de Galicia a mediados del 2008, no pude comprobar pues el personaje real que da pie para el relato: Helio Orovio falleció precisamente días después de mi llegada a fines del 2008 y no pude entrevistarlo como tenía previsto.

La intriga se desarrolla también en tierras del noroeste español, describiendo lugares y costumbres muy cercanas al hombre que mantuvo hasta su muerte en estado virgen su afamada cabellera. Por último se describe el luctuoso peregrinar hasta su definitiva morada entre adelantados, nobles, y personalidades que descansan en los sarcófagos del Convento de San Francisco de Asís en La Habana Vieja.

En su eterno peregrinar por las calles de La Habana, el Caballero frecuentemente iba al Cementerio de Colón a poner alguna flor o charlar con sus ficticios antepasados de abolengo.

Otro aporte del libro que en lo personal me emocionó, es lo referido a la lápida que se le improvisó durante su breve morada en el cementerio de Santiago de las Vegas, donde se leía: “José María López Lledín. Caballero de París. 1889-1989. NO YACE, ANDA.”

Epitafio que se corresponde con la frase con la que él mismo se definiera durante una entrevista casi medio siglo antes, y que más tarde yo tomara para darle título a mi libro: “La Leyenda que Camina”.

¡Ultima hora!

Mensaje recibido vía correo electrónico desde Galicia:

Grazias polo traballo tan lindo do querido Blanquito. Envialle por favor esta menxaje de parte miña.

Querido Blanquito

Muy tierno, muy evocador tu artículo “Mi hermano gallego”. También yo te considero un hermano desde hace muchos años, las reuniones de la calle Manrique y de La Rampa, los reportajes que tú y yo hicimos en Pinar del Río con los desmochadores de palmiche y otros temas. Tantos compañeros que se nos fueron Mitjans, Cardi, Bracho, Wilson.

Llevo a Cuba en mi corazón de por vida, (pronto comenzaré a escribir un libro de memorias cubanas en las que aparecerá por supuesto PALANTE y toda su tribu, Cuba no es mi segunda patria sino mi patria paralela.

Ahora la siento más porque me falta Anisia, mi referencia cubana cotidiana. Mientras quiero que sepas que eres uno de mis mejores recuerdos en esa Isla tan amada.

Gracias por todo.

Un fuerte abrazo.

Pepe Neira Vilas