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2 mar. 2012

RADIOGRAFÍA DE UN LOCO

Acabo de asistir a la exposición de René de la Nuez en la sede de la Unión de Periodistas de Cuba con el título de ¡¿Loco yo?! en saludo a los 55 años del debut de su personaje el Loquito en el semanario humorístico ZIG- ZAG, el 2 de febrero de 1957.

Acostumbro a reseñar notas cuasi-biográficas en este blog de los colegas que durante años hemos compartido el difícil arte del dibujo humorístico. En este caso, por su cercanía y afinidad de pensamiento, he preferido poner las opiniones en boca de otras personas, y del propio Loquito, como cariñosamente le seguimos llamando.

Al tratarse de un personaje no solamente loco sino mudo, iré colocando algunas de sus viñetas a lo largo del texto para ir entrando en calor. Comienzo pues con breves palabras del escritor español Vázquez Montalbán:

“…Cualquier cubano está convencido de que el mundo es Cuba. A partir de esa complicidad con uno de los pueblos más interesantes y ejemplares de la tierra, el dibujante, el artista De la Nuez ha realizado un ejercicio de descripción total del comportamiento de una ciudadanía, (…) sin perder el fondo épico-lírico que las revoluciones consiguen cuando crean y que van perdiendo cuando sólo conservan. Por su edad pertenece a la generación del entusiasmo que Kant consideraba imprescindible para hacer posibles y creíbles las revoluciones…”

Y es que Nuez es todo eso, y mucho más. Pequeño de tamaño pero inmenso en su trayectoria, heredó de la llamada Villa del Humor toda la experiencia de Eduardo Abela, quien había creado aproximadamente veinte años antes, durante la dictadura de Machado, un personaje con las mismas características: El Bobo.

Sobre la generación del entusiasmo, y su propia formación René de la Nuez nos dice: “… No pasé ninguna escuela, porque la caricatura no se estudia en escuelas, hay escuelas de artes plásticas, pero no de caricaturistas, yo soy como muchos otros, un autodidacta, que me movía y aprendía mucho de la discusión, y de la gente que me rodeaba, lo que podíamos llamar “un caricaturista de oído…”

Igualito que yo, pero con más talento y mejor suerte gregaria, así que me considero hijo suyo en ese aspecto, a pesar de tener más años de edad.

Como no se puede ser juez y parte, aquí van algunos criterios entresacados de entrevistas que le han realizado a lo largo de su exitosa carrera. No me da pena confesar que subrayo todos y cada uno de esos pensamientos como propios:

Enrique Núñez Rodríguez agrega sobre sus inicios: “…En febrero de 1957 vimos aparecer en la redacción del semanario ZIG-ZAG a un adolescente que portaba sus dibujos. Venía desde San Antonio de los Baños a ofrecer sus colaboraciones: Traía la propuesta de un personaje para incorporarse a la lucha contra la dictadura de Batista. Se trataba de El Loquito que al estilo del también ariguanabense Abela, utilizaba símbolos para burlar la censura del régimen…”

El propio caricaturista más tarde aclara:“… El Loquito fue, si se quiere, hijo de una circunstancia, (…) Se me ocurrió el loco, porque en la calle se decía: …hay que estar loco para hacer una revolución contra el ejército… Hay que estar loco para meterse con Batista…”

Sobre la complicidad de que nos habla el famoso novelista español, Nuez abunda: “…Empecé a utilizar claves que enseguida la gente empezó a comprender. También había un ansia del público en ver las claves y aproveché eso. La imagen de la sierra –de carpintero--- aludiendo a la Sierra Maestra burló la censura (…) aquello me enseño a dibujar en un espacio muy reducido porque era apenas una viñeta, y tenía que resolver un dibujo que además, transmitiera una idea.

Adelaida de Juan, profesora universitaria que ha investigado a fondo el humorismo gráfico decía: “…El Bobo de Abela y el Loquito de Nuez entraron en la historia del dibujo humorístico cubano. Ambos personajes murieron con las circunstancias sociales que les dieron origen: El Bobo se retira fracasado y su autor se dedicó a a su inicial amor, la pintura. Pero, la causa del Loquito triunfa y Nuez continúa creando otros personajes y comentando circunstancias nacionales con agudo sentido del humor…”

Otra diferencia según su autor: (…) El Bobo de Abela era a base de círculos. Me dije, tengo que hacerlo distinto, y probé a utilizar triángulos. Si te fijas bien te das cuenta que el Loco está hecho de triángulos, y es totalmente distinto a el Bobo, que es más redondo…”

De esos otros protagonistas de papel que refería De Juan, su autor nos comenta humorísticamente: “…Me mataron a un personaje y me quemaron a otro: A Don Cizaño lo quemaron porque hicieron la ley contra la vagancia y lo enterraron con toda la prensa reaccionaria. En la Universidad hicieron un acto y en un féretro iba Don Cizaño y lo enterraron. Después hice a Mogollón, que era un personaje dirigido contra la holgazanería y cuando se hizo la Ley contra la Vagancia me quemaron a Mogollón también. Por suerte ya había hecho El Barbudo…”

Sobre este último personaje nos aclara: “…He tenido muchas satisfacciones. En 1964 en la Plaza de la Revolución, frente a la fachada de la Biblioteca Nacional se puso una caricatura mía de un Barbudo con una alzadora de caña que estaba cogiendo a un burócrata y lo estaba levantando en peso del buró. Eso demuestra qué importancia tenía la caricatura. Ahí había obras de Raúl Martínez, de René Portocarrero y también una caricatura…”

Nunca este autor perdió el fondo épico-lírico de nuestra Revolución como expresó Montalbán; y Nuez lo expresa así: “…Se ha dicho que el humorismo es una cosa muy seria, esto se ha convertido en una frase hecha pero es cierto, porque tratar de hacer humor sólo para reír es degenerarlo. El hombre es el único animal que ríe, pero no se ríe por reírse, no por razones fisiológicas sino por conceptos éticos y morales y el papel fundamental del humor es ser crítico con el hombre. Se habla del hombre en abstracto y este hombre está dividido en clases dentro de la sociedad y hay que ver cómo se ríe cada clase, en fin cada clase tiene su humorismo, de lo que se ríe un burgués no se ríe un obrero…”

Sobre el comportamiento de la ciudadanía en relación con su obra, reflexiona:

“…Hacer el chiste por el chiste no tiene sentido en estos momentos…” Se refería al año 60 ---tras el triunfo de la Revolución---en una entrevista que le hizo Fayad Jamis, para la REVISTA DE ARTES PLÁSTICAS, hoy responde así: “…Creo que aún eso está vigente…”

“No estoy de acuerdo en la división del humor en colores. No existe el humor blanco, ni el negro, solo el buen humor, (…) si no hay un buen dibujo apoyando una buena idea, ni el blanco ni el negro tienen valor, (…) es una división falsa, una división comercial que muchos historiadores y críticos no aprueban, González Barros en su libro sobre la caricatura no la acepta:

“…Hay muchos tipos de humor gráfico, pero todos dependen del dibujo. Nosotros necesitamos un buen dibujo porque esa es la herramienta fundamental para transmitir lo que queremos. Si no hay un dibujo claro no hay una buena transmisión de las ideas. (…) Lo ideal sería el dibujo mudo, que es lo máximo a lo que se puede aspirar por el nivel de síntesis, ahí estás usando tu lenguaje puro que es el dibujo, es decir, no te auxilias de nada…”

Ciro Bianchi destacado periodista y acucioso investigador costumbrista lo retrata en esta imagen: “…René de la Nuez es una especie de monstruo de la naturaleza (...) Los resultados de varias encuestas internacionales lo incluyen entre los cien mejores caricaturistas del mundo…”

Podríamos estar horas mencionando sus obras, que van desde lo más activamente político hasta el costumbrismo que nos identifica como ente cultural en el mundo. De sus numerosos premios nacionales e internacionales, de su bibliografía con más de quince libros publicados que van desde “Cuba. Allí fumé”, hasta “En un ligar de la tinta”., destacándose el que ganara Mención en el Concurso Casa de las Américas “Garabatos”. Es profesor de Mérito de la Cátedra de Humor de la Universidad de Alcalá de Henares en España, y presidente de Honor de la Cátedra de Humor del Instituto Internacional “José Martí” de la Escuela Internacional de Periodismo en La Habana. Premio Nacional de Humorismo “Aquelarre”; Premio Nacional “José Martí” de la UPEC; y Premio Nacional de Artes Plásticas del Ministerio de Cultura entre otras distinciones.

En lo personal afirma: “…El dibujo es un refugio, un lugar donde no puedo dejar de estar…”

Recuerdo haberlo visto en el Noticiero de Televisión realizar caricaturas en vivo con motivos de actualidad política o costumbrismo. Hoy se ha perdido esta modalidad que podría refrescar muchos de nuestros mensajes que por repetitivos resultan adormecedores.

En este trabajo nos hemos apoyado en opiniones de intelectuales que han ejercido la crítica especializada en Cuba con verdadera maestría, y notamos que en la actualidad adolecemos de esa retroalimentación, lo cual no ayuda a mejorar cierto acomodamiento, de mostrar más garra y menos retórica explicativa en los textos del actual humorismo gráfico cubano.

En las palabras de agradecimiento que Nuez nos regalara aquella tarde, entre bromas y jaranas, dejó caer algunas de sus verdades como que: “…La historia de Cuba puede narrarse en caricaturas…”, y buenos ejemplos de ello están vivos en su propia obra…

Y sigo con él: “El acomodamiento a descansar en el fatalismo del espacio limitado, o de las frecuencias de nuestras publicaciones, periódicas, tampoco ayudan a sacudir el marasmo de la respuesta rápida y oportuna con nuestros dardos…”

Creo que existe talento joven y experiencia trasmisible de los veteranos como Nuez para revertir esa situación. Y lo más significativo, contando en la actualidad con páginas web que permiten abordar los temas digital y directamente desde la computadora, sin tener que acudir a la redacción del periódico o al estudio de la televisión.

Nuez abunda: “…Incluso, sin la limitación de un solo artista, como en mi época sino con la emulación fraternal de tantos valores jóvenes que saben y pueden utilizar dichos medios. El problema estriba en hacer una buena selección del material con que se cuenta en ese momento del cierre…”

¿Desidia o temor a equivocarnos?

“…A veces nos quejamos de que no hay suficiente espacio para colocar la caricatura política, y sin embargo existen verdaderos baches informativos que debidamente ilustrados ganarían mucho en frescura e impacto, si es verdad eso de que: Una imagen vale más que mil palabras…”

Tal vez por el hábito de habernos desenvuelto en periódicos diarios donde la caricatura editorial, al siguiente es ya un refrito. Sólo así, en la inmediatez del taller se logra la excelencia. El buen caricaturista no puede esperar a que le baje la musa, a lo mejor cuando esto ocurre, ya la publicación está circulando en la calle.

Y él coincide:”…Por eso también la caricatura política debe ser preferiblemente diaria. Los acontecimientos se precipitan con una vertiginosidad cada día mayor, según se desarrollan los medios informativos en tiempo real…”

Para terminar, seguro que ustedes mis asiduos vecinos, se darán cuenta que este trabajo comenzó como la radiografía de un loco y termina en una entrevista muy cuerda.

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