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18 mar. 2012

EL ICEBERG DE LAS MALVINAS

Pido la palabra para incorporarme al debate sobre el llamado diferendo entre Argentina y Gran Bretaña por las Islas Malvinas. Este archipiélago del subcontinente americano ha sido para mí como aquel iceberg del que hablara Hemingway de su estilo literario; mientras más lo miro en el mapa menos lo veo, pues el verdadero problema está oculto bajo las aguas heladas del Atlántico Meridional. La Gran Prensa pinta la confrontación como un fenómeno geográfico cuando en realidad es geopolítico, y más viejo que Matusalén.

La primera escaramuza entre el Reino Unido y Argentina—aún bajo la bota de los conquistadores españoles-- data de los tiempos en que los ingleses, legal o corsariamente, le disputaba sus territorios ultramarinos a la Corona de los Reyes Católicos. La Toma de la Habana por los ingleses hace 340 años, y la de Buenos Aires el 2 de julio de 1806 por la expedición de Lord Beresford, son buenos ejemplos de ello, y en ambos casos la respuesta de sus pobladores contrastó con la cobardía de los respectivos regidores peninsulares.

Fue éste el primer intento, pero no el único: Un año después, los hijos de … la Pérfida Albión repitieron la hazaña, y esta vez el tiro les salió por la culata matando dos pájaros de un tiro; pues perdieron no sólo a Buenos Aires, sino también a Montevideo.

El siglo XIX marcó la epopeya de las luchas independentistas en el subcontinente americano, y José de San Martín al frente de sus 5000 granaderos resultó ser uno de sus arquitectos en el Virreinato de La Plata. En mayo de 1821 emprendió la gran marcha atravesando los Andes para extender la rebelión a Chile y Perú.

Mientras el Imperio español se desinflaba, y los criollos se afanaban por hacerlo lo antes posible, el ambicioso John Bull devoraba tierras a diestra y siniestra en la medida en que la Reina de los Mares extendía sus tentáculos por los cinco continentes y sus islas adyacentes.

A saber: En el Mediterráneo sumándose a Chipre, Gibraltar y Malta; en Asia con India, Adén, Barhein, Borneo, Brunei, Hong Kong, la Federación Malaya, Maldivas, Mauricio, Seychelles, y Singapur; África le aportó la Unión Surafricana, Achanti, Basutolandia, Bechuanalandia, Camerún Británico, Costa del Oro, Gambia, Kenia, Nigeria, Nyasa, Rodesia del Norte, Rodesia del Sur, Santa Elena, Sierra Leona, Somalia Británica, Suazilandia, Sudán Anglo-egipcio, Tanganica, Togo, Tristán de Cuhna, Zanzibar y Uganda. Oceanía no se quedó atrás: Fidji, Nuevas Hébridas, Gilbert y Ellice, Pitcairn, Salomón, y Tonga. Mientras que en América se apoderó de las Bahamas, Barbados, Belice o Honduras Británica, Bermudas, Guayana Británica, Jamaica, Trinidad y Tobago, Islas de Barlovento o Antillas Menores, así como las de Sotavento. En el sur del continente americano poseen las Islas Malvinas en contra de las justas demandas del Gobierno y la cancillería bonaerense que reclaman la devolución por la vía diplomática junto con otras posesiones también en sus aguas jurisdiccionales como las Islas de Georgia del Sur, y Sándwich del Sur. Si esto no es colonialismo y del grande, que venga el propio Cristóbal Colón a descolonizarme.

Por tal razón resulta risible que hace solo un mes, ante esta justa demanda del país austral apoyada por sus iguales del Mercosur, el primer ministro del “democrático” Reino Unido, David Cameron haya declarado sin ruborizarse que “…lo de Argentina es más que colonialismo… Pues los kelper --legítimos habitantes de las Islas Falklands-- quieren seguir siendo británicos…” ¿Se habrá olvidado este buen Lord o Sir británico que, aprovechándose del desgaste por las luchas independentistas en 1833 los ingleses expulsaron de las Islas Malvinas a sus primitivos habitantes argentinos, y que si de colonialismo se trata, aún en este Tercer Milenio Gran Bretaña sigue ostentando la Medalla de Oro Olímpica?

Si infame es esta postura, la hipocresía de su eterno aliado USA es peor, pues en 1832, --un año antes de la invasión a las Malvinas-- ya había dictado en idioma inglés la famosa Doctrina Monroe por medio de la cual, los Estados Unidos de Norteamérica declaraban tajantemente: “…América para los americanos…” Como una advertencia a las potencias europeas de entonces que se olvidaran de cualquier aventura en “su patio trasero”. Sin embargo, un año después ante el despojo de las Malvinas se hicieron de la vista gorda con lo que nos hicieron un flaco favor..

La misma actitud tomó de nuevo el Tío Sam hace exactamente treinta años, durante la Guerra de las Malvinas, (2 de abril de 1982) cuando violó sus compromisos de Buen Vecino, al olvidarse que existía el rimbombante (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca) TIAR, y tomar partido por su “socio” europeo contra los sufridos firmantes del pacto.

En esa ocasión fue otra inglesa que bien bailaba, Margaret Thatcher, quien con idéntica socarronería se refirió a la Guerra de las Malvinas de ese año en esta forma: “… es la lucha de la democracia inglesa contra la dictadura argentina…” Su tradicional flema británica se había convertido en una cínica amnesia, pues el golpe de estado del gorila Videla y sus compinches de la Junta Militar fue producto de la Operación Cóndor, un engendro de la CIA norteamericana apoyada por sus fieles compinches ingleses, y ya se venía masacrando al pueblo argentino desde el 24 de marzo de 1976. Si no, pregúntenle a las Madres de la Plaza de Mayo. Por suerte los gauchos han tomado conciencia tras el grito de !NUNCA MÁS!

Vuelvo pues a mis interrogantes del comienzo: ¿Qué hay detrás de todo este embrollo de las Malvinas? ¿Es o no algo parecido a un iceberg?

Tal vez la propia prensa nos de la clave: Como buenos cotorrones, todos los grandes medios dicen lo mismo, incluso minimizan el asunto publicando mapitas similares enmarcados solo en el cono sur americano, con el minúsculo archipiélago de las Malvinas adjunto. Como si no existiera nada más allá de esos cuadranticos: Son los pulgarcitos del Siglo XXI; y me viene a la mente de nuevo la imagen que explicara Hemingway. ¿Qué tratan de ocultar? ¿Qué misterio hay más allá de lo que nos muestran? Fui al mapamundi y allí encontré la respuesta, es decir: El tesoro escondido.

Si Cuba fue siempre ambicionada como a llave del Golfo, las islas Malvinas son la llave de la Antártida, con sus hielos infinitos, sus enormes extensiones de agua potable, sus riquezas subterráneas e inagotables minerales . Todo un fabuloso continente virgen esperando por los nuevos colonizadores del Tercer Milenio; y claro, Argentina debe quedar fuera de la torta: Las transnacionales y el poder corporativo sólo hablan inglés. O mejor dicho: English Spoken.

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