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27 sept. 2012

EL MAYORAL Y LA CHAMBELONA

En el estercolero de la politiquería seudorrepublicana en Cuba, campeaban por sus respetos generales y doctores de toda pelambre. Uno de ellos el Mayor General Mario García Menocal –nuestro tercer presidente—fue tan impopular, que tuvo varios apodos peyorativos: (El Káiser) sabe Dios porqué teutónicos ancestros; pero más apropiado aún el de (Mayoral del Chaparra): con su coletilla de aquel popular estribillo que decía: “Ahí viene el mayoral sonando el cuero…” ya que, vinculado con los interventores yanquis, logró administrar los bienes de la Cuban American Co. a latigazo limpio.
Más tarde, al asumir la Presidencia el 20 de mayo de 1913, entre otras “hazañas” se dedicó a privilegiar dichos “socios”, permitiendo la introducción de más de 150 mil braceros haitianos y jamaicanos indocumentados para el laboreo en las plantaciones de caña y en condiciones semi esclavas. Peor aún; cuando  terminada la zafra, las Companys pudieran devolverlos, expulsarlos, o extraditarlos, como gustéis, a sus países de origen durante el tiempo muerto.
Para ello reforzó la temida guardia rural y otras medidas de coerción.
La corrupción, el enriquecimiento ilícito y las “botellas” que heredó de sus precursores intervencionistas fueron sus premisas. La Primera Guerra Mundial hizo que se dispararan los precios del azúcar, y comenzaron las llamadas “vacas gordas” pero solo algunos pocos “lecheros” pudieron disfrutar de su lactancia.
No crean que todo le marchó color de rosa: El “menocalato” sufrió la oposición de los indignados de entonces. Huelgas de telegrafistas, ferrocarrileros, albañiles, tranviarios y otros sectores, incluso una revuelta de sus opositores del Partido Liberal, que también resultó un sainete del vernáculo que el pueblo coreó al son de “La Chambelona”. Es decir el humorismo en todas sus manifestaciones tuvo también protagonismo a pesar de los pesares.
Un ejemplo que ha trascendido es cierta caricatura publicada por LA POLÍTICA CÓMICA de 1915 titulada “La Casita criolla”, su autor –no muy católico que digamos-- Cristóbal de la Torriente, así la describe cartelito por cartelito:
Todo esto lo recordamos porque precisamente el 7 de septiembre de 1941, Menocal se convirtió en “Lo que el viento se llevó”, pues la parca impía cargó con él para siempre.
Con el triunfo de enero de 1959, el pueblo se creció junto con sus barbas para esgrimir la escoba redentora de Chibás y barrer para siempre la herencia que nos dejó este Kaiser criollo y sus adláteres, quien a título de mayoral de las empresas yanquis, despilfarró las Vacas Gordas dejándonos las Ubres más Flacas que nunca. Sino, que lo diga yo, que nací durante el “machadato” de harina con boniato.
OJO – Sigue en la próxima página:

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