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20 ene. 2013

AMORES EN ACEITE DE OLIVA


La Feria Internacional del Libro (Habana 2013) Está como quien dice, a vuelta de página. En un trabajo anterior nos referimos al libro que realizamos para la Feria del 2005 a cuatro manos entre mi hijo, del mismo nombre, y yo, titulado “Bolívar en Martí”. (Ver portada en el anuncio del bajante a la derecha).
Ahora quisiéramos abordar otra propuesta de la misma Editorial Pablo de la Torriente, donde participamos no dos personas sino cuatro amantes de la historieta.
A la pareja padre-hijo anterior, habría que añadir a quien sugirió el tema del proyecto, el compañero Abel Prieto Jiménez--a la sazón Ministro de Cultura—quien soñó la idea de unir en cuadernos de historietas, la obra de nuestros narradores gráficos con artistas plásticos capaces de darle ese toque mágico de los consagrados a la popular y a veces menospreciada manifestación gráfica.
Estuve entre los historietistas convocados a participar y aquello me pareció fantástico, pero para que se materializara, en mi opinión había que conquistar con buenas razones a los pintores no habituados a este tipo de manifestación artística.
Por suerte conocía la vida y obra del pinareño Pedro Pablo Oliva,--el cuarto participante-- así como su admiración por el llamado Noveno Arte, según sesudos investigadores, quienes jamás han explicado cuál es el octavo pasajero detrás del Séptimo.
Aproveché uno de mis frecuentes viajes a la más occidental de nuestras provincias, para sugerirle esa posibilidad a Pedro Pablo, quien de inmediato mostró su agrado por un experimento capaz de elevar las ofertas gráficas del arte secuencial a niveles de mayor vuelo; pero a la vez, lo difícil que resultaría para él abandonar los temas que venía realizando con su obra personal. En mi modesta opinión, ése era el escollo que tendríamos que vencer en cada uno de los pintores convocados.
Mi respuesta fue tajante: --Olvídate de eso, mi proposición es mucho más sencilla. Confía en mi y facilítame copias de cada una de tus obras, o la mayoría de ellas debidamente digitalizadas, envíamelas a La Habana, que yo me encargo de armar el muñeco.

Más o menos la conversación giró en esos términos coloquiales que tanto nos gustan.
Ya de regreso a La Habana, recibimos lo solicitado a los pocos días. De inmediato mi hijo y yo, fuimos tejiendo la trama sin necesidad de recurrir a otras fórmulas argumentales. La propia obra de Oliva,  dividida en series como el circo, el malecón, sillones de mimbre, los apagones, la tacita de café, y la piedra en la cabeza, prefijaban el guión, pero sobre todo, el amor–así con mayúsculas siempre presente en todas sus obras, incluyendo una buena dosis de humorismo criollo y doble sentido.
Sin embargo la puesta en papel—una especie de rompecabezas sin pies ni cabeza-- resultó complicada, pero el intento era lo suficientemente atractivo. Una vez puestos para las cosas llegamos ilesos al final.
Pocos meses después el libro --breve pero satisfactorio--estuvo concluido y pudo ser presentado en la Feria correspondiente al mes de febrero de 2007.
Para sorpresa nuestra aquello resultó un éxito de taquilla o de venta--como prefieran considerarlo ustedes mis afables vecinos--si se tiene en cuenta que estábamos rompiendo esquemas temáticos, hábitos de lectura, infantilismo conceptual y otros lastres inherentes al género. Pero lo más sorprendente ocurrió meses después, al obtener Pedro Pablo Oliva el Premio Nacional de Artes Plásticas 2007 y la convocatoria para recibirlo oficialmente con una exposición monumental en el Palacio  de Bellas Artes entre el 7 de septiembre y el 31 de octubre de ese año.
¿Y saben ustedes cómo se tituló la misma? “Historia de Amor”. ¿Coincidencia, verdad?
Por eso durante aquel maravilloso acto inaugural, los cuatro que habíamos cocinado en Aceite de Oliva aquel amoroso libro nos fundimos en un abrazo fraternal.
Pero hay algo más que contar: En la primavera del 2011, invitado por mi hijo, viajé a Miami para conocer a mi primera nieta y coincidió que durante aquellos días, la prensa amarillista de la Florida arremetió contra dos de nuestros más queridos y prestigiosos artistas plásticos—como lo habían hecho años atrás con los maravillosos pavorreales de Mendive.
Uno de ellos era Pedro Pablo Oliva, el otro Agustín Bejerano: Fui testigo presencial de la campaña de desinformación orquestada contra ambos por la prensa floridana con repercusión en Cuba y el mundo. En los dos casos se tergiversaron  opiniones, se manipularon conceptos, se magnificaron los conflictos, con tal de dividir a nuestro pueblo una vez más. El tiempo con su paciente sabiduría se encargó de poner las cosas en su lugar.
La política no es mi fuerte, sobre todo en casos como éstos, donde surja la teoría del rumor y asome la oreja peluda de la intriga y la hipocresía; por eso no habíamos abordado el tema con anterioridad.
Ahora lo hago reiterando en todas sus partes lo que afirmamos en el colofón-epílogo de aquel libro calzado con la caricatura que le hiciera entonces al maestro Pedro Pablo Oliva.
Para los vecinos que no lo hayan podido leer, aquí se lo brindo:
“…En tiempos de batalla de ideas, universalización de la enseñanza y ser cultos para ser libres, el proyecto de llevar al cuaderno de historietas la obra de artistas de la plástica no era nada descabellado, y por eso, como fiel humorista gráfico, me sumé a la idea.
Pero, de ahí a formar yunta con el maestro Pedro Pablo Oliva constituía un privilegio y un reto. Tal vez dicha proposición venía de una vieja amistad, cultivada por más de veinte años, aunque para Gardel eso no representara nada.
Lo cierto es que, más o menos por esa época, un 1º. de enero visité por primera vez a Oliva en su humilde vivienda del Rancho, en Pinar del Río. La imagen de aquel encuentro no se borrará jamás de mi memoria.
Él personalmente, en camiseta y con un papalote en la mano, me abrió la puerta, excusándose por la tardanza pues tuvo que bajar de la azotea donde saludaba el nuevo año empinando su “chiringuita”. ¡Qué mejor prueba de la sencillez y humildad de ese guajiro natural, ya por entonces descollante en nuestra plástica.
Pero Pedro Pablo es una cajita de sorpresas, en esa misma entrevista me reprochó mi poca memoria, pues nos conocíamos de antes, desde sus comienzos cuando colaboraba en el periódico EL GUERRILLERO y pudimos compartir en los talleres  de Humorismo Gráfico que allí realizamos en los años setenta.
Con el tiempo, junto con su talentosa perseverancia, sus indiscutibles éxitos profesionales, su afianzamiento en las raíces autóctonas y su apoyo irrestricto a la promoción de nuevas hornadas de artistas locales, fue creciendo también mi admiración por alguien que ha podido reunir en un solo grano de maíz todas las glorias de este mundo.
Esa fue la razón por la cual, hace cuatro años me tomé el atrevimiento de realizarle  la caricatura personal que acompaña esta semblanza y es por eso también que ahora me atrevo a escribir el guión de esta versión libre basada en su obra con la técnica que el maestro WIll Eisner bautizara como arte secuencial y más conocida entre nosotros como simple historieta.
Por último, y como para confirmar lo dicho; mientras trabajábamos en este proyecto supimos del merecido otorgamiento a Pedro Pablo del Premio Nacional de Artes Plásticas 2006, por lo que nos sumamos con alegría a los que lo felicitan.
BLANQUITO…”
Ninguna ocasión mejor para homenajearlo que este 15 de enero de 2013, al arribar en su terruño vueltabajero a sus 64 años de edad y en plenitud de facultades.. Reciba pues este sincero abrazo digital con el cual Blanquito y familia se unen a los parabienes por el Año Nuevo que recién ha comenzado a gatear. ¡FELICIDADES HERMANO!

1 comentario:

  1. Hola Francisco,

    Enhorabuena por su trabajo en esta blog. He llegado a ella buscando referencias de historieta cubana.

    El planteamiento de este libro que menciona, Amores en Aceite de Oliva', me parece muy interesante. Me refiero a cómo construyeron una historia gráfica a partir de los cuadros de Pedro Pablo Oliva ¿Se encuentra a la venta en algún sitio online? ¿Y su recopilación 'En pocas palabras'?

    Saludos desde España.

    Jesús

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