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6 ene. 2013

CURIOSAS PINCELADAS DE GUANAJAY


Vínculos familiares con Pinar del Río me hicieron viajar frecuentemente a la parte más occidental del país. El ómnibus interprovincial solo paraba oficialmente en la ciudad de Guanajay para bajar o subir pasajeros cuando contábamos solo con la Carretera Central; al construirse la Vía Monumental, ni siquiera pasábamos frente al poblado.
La pulcra y simpática villa, a pesar de la tierra colorá—como se le calificaba por entonces--era sólo eso; parte del paisaje. Desentrañar sus misterios surgió para mí como una deuda pendiente, lo que se agudizó al leer cierta confesión que hiciera el Dr. Eusebio Leal, durante el 350º. Aniversario del Municipio:
”…Allí conocí la naturaleza, a la gente buena y noble de la villa del primer pueblo pinareño. En el humilde camposanto descansan mis abuelos y antepasados. En el Teatro Vicente Mora, en El Niágara, en las veredas del río y en la iglesia parroquial de San Hilarión, están las bases de mi propia historia…”
Precisamente una de las curiosidades se corresponde con su ubicación en la división político administrativa que ha sufrido la región. Guanajay, como dice Leal, primero fue parte de Pinar del Río, más tarde pasó a la provincia Habana y en la actualidad pertenece a Artemisa.
De ahí que la amistad con el colega Pablo Noa vecino de la localidad, y dinámico propagandista como responsable de Relaciones Públicas de la Editorial Pablo de la Torriente, permitieron adentrarme en sus secretos y sin más preámbulos aquí van estas  curiosas estampas capturadas al azar.
Se cuenta que cuando llegó Colón a Cuba ya existían allí asentamientos indígenas avalados por el reciente trabajo del Grupo Espeleo-Arqueológico Guamuhaya que confirmó la hipótesis de tres sitios precolombinos existentes cerca de Chacón y Ojo de Agua.
A propósito, de la abundancia del líquido elemento en el territorio le viene el nombre de Guanajay—apelativo con el cual lo identificaba la población autóctona. Sin embargo, a pesar de esas condiciones, con abundantes sistemas cavernarios, casimbas, dientes de perro, y hoyos, ninguno de sus ríos desemboca en el mar debido a  que se pierden en las cuevas para formar sumideros.
Su situación geográfica explica el por qué la obligada presencia del pueblo en cada uno de mis viajes a Pinar del Río: Para trasladarse a la parte más occidental del país hay que pasar  por Guanajay dada su ubicación en el sitio más estrecho de la Isla, donde el colonialismo español trazó la histórica trocha entre Mariel y Majana.
El propio Noa narra la presencia del Andarín Carvajal por estos predios y la necesidad que tenía de sufragarse el viaje a las Olimpiadas de Saint Louis en los EE.UU., dado que no se recibía financiamiento estatal como ahora. Por aquella época eran populares los “hombres sándwich” que anunciaban tiendas y comercios con carteles colgados al cuerpo. Era la forma acostumbrada por el modesto-atleta para recaudar fondos, mientras demostraba sus aptitudes como fondista en las calles de Cuba.
Pues bien, a cierto Guardia Rural de la localidad, se le ocurrió que eso era ilegal y le prohibió que corriera en esas condiciones so pena de ir a la cárcel. No le quedó más remedio al “Andarín” que devolver lo recaudado y de ahí surgió la popular frase “Chencha por chencha, Guanajay por tierra”, lo cual podía traducirse como “Toma lo tuyo y dame lo mío, estamos parejos”.
Otro acontecimiento deportivo de importancia--que sí se pudo realizar--fue la primera carrera de autos efectuada fuera del marco de la capital, pues se largó desde el puente de La Lisa hasta el Parque de Guanajay—33 kilómetros--y ganó la prueba el francés Dámaso Lainé utilizando solo 37 minutos, un récord para la época. Lamento no poder darles la fecha de la hazaña, porque yo no estaba allí y creo que ni siquiera había nacido.
Seguimos con curiosidades automovilísticas: María Constancia Caraza Valdés, conocida como la Macorina, nació en Guanajay (14-3-1892) y falleció en La Habana (16-5-1977). Llegó a poseer nueve autos y tuvo como chofer durante tres años a Fernando López de Mendoza, popular gallego del teatro vernáculo de la época.
En 1798 visitó Guanajay el duque Luis Felipe de Orleans, quien más tarde fuera coronado rey de Francia. Su anfitriona en esa ocasión fue Doña Leonor Espinoza de Contreras y Justiz, sin embargo nunca ostentó el título de condesa de Gibacoa, nobleza sí reconocida a su padre, su hermano y su propia hija.
Hablando de visitantes. Allá por 1848 las rebeliones indígenas en México provocaron el éxodo a Guanajay de muchos yucatecos, quienes fueron contratados para las plantaciones cañeras en condiciones semi-esclavas.
Para 1860 ya existía una dotación de 2000 yucatecos en el laboreo de la zafra. En sus horas libres se dedicaban al arte de la pesca y fue tal su pericia que pasaron a la historia local como Los Reyes del Charco, la leyenda se mantuvo con el tiempo pero bajo el título de El Charco de los Reyes.
Hemos dejado para el final la más increíble de todas sus leyendas, que se vincula nada menos que con el Descubridor del Nuevo Mundo y Adelantado de la Mar Océano.
En 1815 nace en México José María Gómez Colón y llega a Cuba a los 17 años de edad, comentándose su parentesco con el navegante genovés. Ocupó en Cuba varios cargos militares, además profesor de matemática y ciencias agrícolas. En 1850 fue jefe de regimiento en San Antonio de los Baños. Era Maestro Mayor de Filosofía, poseía la Cruz de Distinción y las dos cruces de la Orden de San Fernando, le fue otorgado el voto de gracia en el Congreso de Diputados, fue Benemérito de la Patria y en 1863 Caballero de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo, Comendador de la Orden Americana de Isabel la Católica. Ocupó altos cargos en España y a su regreso a Cuba fue designado teniente Gobernador de Guanajay. Por suerte la nave en que regresaba no naufragó porque con tantas medallas en el pecho imposible que pudiese flotar y salvarse nadando.

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