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20 ene. 2013

A ZUMBADO LE ZUMBA




Hay frases en Cuba que llegaron para quedarse, una de ellas es: “La última carta de la baraja”; otra “El secreto del jaibol está en la liga”. Ambas serán, utilizadas como bastón de apoyo a esta descarguita.
El verbo zumbar no es precisamente–la última carta de la baraja--del diccionario; otros cuatro lo siguen hasta el final por ese orden: Zunchar, zurcir, zurrar y zurrir. Zumbar significa cuchichear, ronronear, tararear y matraquear entre otra docena de acepciones. Pero el verbo en pasado puede ser mucho más que eso, por ejemplo ZUMBADO—así, en mayúsculas—es el primer apellido del colega Héctor, popularmente conocido por Zumbi, o el Zumba, del cual no se puede ni se podrá hablar en pasado. En tal caso, él sería --la última carta de la baraja-- si se tratara de carta oro o carta blanca.
Lo cierto es que, nacido en La Habana en 1932 de padres emigrantes, heredó genes nómadas y en su adolescencia se convirtió también al trotamundismo.
Aburrido de tantos multioficios trashumantes, quiso el destino que en su regreso a Cuba se tropezara con Juan Ángel Cardi, otro que bien bailaba en la carretera. La publicidad los unió en la firma Fergo-Arregui, para demostrar lo enunciado al comienzo, con aquello de que el secreto del jaibol está en la liga.
En este caso se trataba de un mejunje especial mezcla de ingenio  gracia, herejía y desmitificación etílica con gotas de marrasquino para darle color; por suerte para todos nosotros, seres sanos y normales quienes podíamos disfrutar sobriamente de sus dolencias: Ambos eran incurables curdópatas y padecían de humorragia congénita.

Conforme la providencia los unió primero, compromisos laborales los condujeron por caminos diversos. De ello Zumbado escribiría en cierta ocasión “El Cardiway”.
A cada rato se reencontraban casi siempre alrededor del círculo vicioso que dejaba la huella etílica del vaso sobre el mostrador. Pero regresemos al presente de Zumbado mientras recordamos el pasado del verbo zumbar.
En la próxima Feria del Libro se presentará el libro “Un zoom a Zumbado” una simpática antología a cargo de Antonio Berazaín (Bera) que recomendamos de todo corazón y cuya portada reproducimos  para que vean que hijo de gato caza ratón, pues la ilustración es de su vejigo, el harmónico Adrián Berazaín Azcuy.
De ahí que el Bera se anota el primer punto cuando, siguiendo las pautas del maestro escribiera un gracioso “prílogo” a esta edición. La sustancial recopilación es además un homenaje a quien le subió la parada al Quijote cuando sentenció: “…En un lugar de la Cancha…” al inventor del vector “Asere Aegypty”, o quien bautizara al peor de los cataclismos como “cagástrofe”, amén de buscarse numerosos problemas mientras el “sinflictivo” dormita a pierna suelta, entre otras “riflexiones” que hacían las delicias dominicales a los lectores de JUVENTUD REBELDE..
Mi intención es recomendar a las nuevas generaciones que se lean el libro, porque a mi tampoco me gusta que me cuenten la película. Y a los “viejos” que no se pierdan la oportunidad de refrescar la memoria. En cuanto al encargado de reciclar todo este coctel, puedo agregar que es digno del maestro Zumbado y para dar fe de ello, los invito a leer la anécdota que nos regala el Bera a continuación:
Quisiera terminar con una anécdota personal. En marzo de 1996 asistí a una actividad en la UPEC en la que sería agasajado Zumbado, concretamente con el Premio Marcos Behmaras, merecido por la obra de la vida. Entonces, me decidí a hacerle un modesto homenaje. Nada mejor que redactar algo para ser leído en esa ocasión. (…) Como la inspiración no llegaba y ya era inminente el día en cuestión, consulté algunas revistas y periódicos.(…) Al fin encontré un trabajo en el que se hablaba del conocido músico Adalberto Álvarez y que decía así:
“…En estos días todos comentan el trabajo realizado por el destacado sonero cubano Adalberto Álvarez, por lo que conviene hacer un recuento de su obra.(...) Desde joven se interesó por el son, y en la escuela, en los actos, llamó la atención por su interpretación de “EL son de la loma”, y otros sones clásicos. (…) Formó parte de agrupaciones importantes, entre ellas, “Son 14”. Recordemos de esa época creaciones como “Sonero soy”, “El son de la madrugada” y otras.(…) Posteriormente fundó la banda Adalberto y su Son, llevando al son cubano a planos estelares, para ganarse con justeza el sobrenombre de “El Caballero del Son” (…) Por eso estamos seguros, que mientras exista gente como Adalberto, se hace válida la frase de que en Cuba, señores. ¡El son no ha muerto!...”
A continuación en el libro Berazaín repite el texto que hemos subrayado en negritas, efectuando los cambios oportunos y con ello lograr la efectividad del mensaje. Para no extendernos mucho, solo hemos marcado las palabras  que merecían sustitución: Adalberto por Zumbado y Son por ron. Léanlo de nuevo reemplazando mentalmente lo subrayado y verán el resultado de éste ejercicio interactivo.
Las felicitaciones, por favor para el Zumbi y el Bera.

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