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6 ene. 2013

¡QUIERO SER ORIGINAL!


La originalidad es un tema que abarca cualquier actividad humana en la época moderna. ¿Quién no desea serlo?  Empecemos por la moda: Criticamos la actual forma de vestir  y nos olvidamos que fuimos esclavos de ella durante años.
Yo mismo fui víctima de los bombachos de niño a media pierna, o los juveniles pantalones estrechos y de pistolitas; más adelante fui aplastado por los pata de elefante, para caer hoy en las garras de Francis Drake o Barbanegra y enfundarnos en unas bermudas más acordes al calentamiento global y la conducción automovilística que a los propios galeones piratas.
Todavía más humanas resultan las situaciones surgidas de alguna que otra afectación involuntaria y para ejemplificar les comento que un día fui a ver a mi amigo, el Dr. Marcelino Feal, médico-cirujano del Hospital Calixto García en nuestra capital, quien complementa su profesión sanitaria recetando bromato de chistes y risas a discreción como escritor humorístico en diversos medios.
De seguro lo recordarán como autor de aquel popular espacio televisivo titulado “Tito el taxista” protagonizado por el inolvidable Idalberto Delgado, que tuvo vida limitada no sólo por el fallecimiento del querido compañero, sino porque hoy tendría que llamarse “Tito el botero”.
Almendrón aparte, en aquella ocasión por poco no puedo encontrar a mi médico de cabecera; mejor  digo, al médico amigo del buen humor; porque ese día en el Calixto hubo una reunión no convocada para todos los calvos de La Habana. La cosa fue que en la prensa publicaron que en ese prestigioso centro se estaba llevando a cabo y con mucho éxito un tratamiento para resolver la calvicie. El embullo fue tal que “los poco pelos” llenaron las calles de acceso al hospital y yo casi no podía avanzar hasta el pabellón de Cirugía. Además, el reflejo del astro rey en las iluminadas cabezas de los visitantes inesperados, me hacía aun más difícil la visión y la marcha. Por suerte yo no necesitaba resolver ninguna calvicie y la mejor prueba es que hoy, muchos años después, aun peino mis humildes canas pero a mucha honra.
Eso sí, contando el número de calvos que aun veo por todo el país, me imagino que el tratamiento no fue todo lo beneficioso que muchos hubiesen deseado.
Aquel acontecimiento sirvió de inspiración a la caricatura inédita, aquí presente y debido a razones ajenas a nuestra voluntad quedó olvidada en el baúl de los recuerdos:
A continuación presento otra interpretación satírica de esa situación. O sea, lo que ocurre en la actualidad con el “original” look de los rapados y su correspondiente promiscuidad.
Con ello he tratado de ejemplificar lo cambiante que son las modas, las costumbres y hasta la ciencia y la técnica en un lapso tan breve como aquellos  volátiles “…Veinte años ... “ que sentenciara Gardel.
Hoy, las gafas oscuras, las bermudas, y hasta la repudiada pelona que nos perseguía antaño con la guadaña a cuestas, son prototipos preferidos por la juventud. Lo ratifico cuando de paso por una de las tantas esquinas calientes que hierven en cada parque de nuestro país, escuché más o menos algo que no tiene nada que ver con la pelota pero si con los barberos. Y cito:
“…En lo que va de campeonato, tal vez los Industriales no hayan empezado bien, pero Vargas ha impuesto esa moda entre sus peloteros. ¿Se han fijado que cada vez que, al comienzo de cada juego, se quitan la gorra azul ante el Himno Nacional, como todos están pelados al cero?...”
Lo expresado hasta aquí confirma que “Vale la Pena” lo expresado sobre la evolución de la moda entre bigotudos, peludos o barbudos de hace unos años frente a los actuales “calviños”.
De nuevo surge la interrogante: ¿Hasta qué punto se puede ser original?
MI padre, asturiano de cuna, aldeano de oficio y aplatanado cubano, se llamaba Pascasio y a pesar de no ser creyente me inscribió con el santoral al dorso en la partida de nacimiento. Así que tuve que cargar para siempre con mi Francisco Pascasio.
No sé porqué rara aberración desde niño fui víctima en la escuela del choteo infantil con motivo de mi segundo nombre de pila, habiendo una pila de ellos más Homobonos y Ermengildas que yo.
Hubo casos sorprendentemente curiosos—por no decir originales-- como éste: En cierta ocasión una persona acudió al ICAIC, en el vestíbulo del Departamento de Dibujos Animados, solicitó ver al colega Juan Padrón y  al presentar su tarjeta de identificación, la recepcionista se desmollejó de la risa, pues se llamaba nada menos que Elpidio Valdés.
En un terreno tan resbaloso como éste de la originalidad quisiera abordar otra moda aún más cuestionable en la actualidad que es de origen lexical y puede llevarnos a la contaminación del idioma. Si la lengua no está muerta debe dar señales de vida y por tanto bienvenidos sean los nuevos vocablos que la enriquezcan.
Aceptables fueron los Manolines y Pascasios de antaño; los Jimmys y Evelyns con la influencia yanqui del pasado siglo XX también resultaron bienvenidos; incluso los Boris, Vladimires y Tatianas durante la posterior presencia soviética en nuestra sociedad.
Sin embargo, lo que resultó chocante para mi, y traumatizante para las sufridas maestras de primaria o secundaria fue la perniciosa originalidad de las Yuyas y los Yuyos en el pase de lista durante el período especial.
Recuerdo no pocas Yumlkas y Yunieres, incluso tan surrealistas como la sufrida Yusnielda, medio familiar mía, quien víctima del choteo constante de sus compañeras de aula debido a la sustitución de la  ene por eme y la ele por erre; cuando llegó a la mayoría de edad decidió cambiarse el nombre ante notario público.
Algunas de aquellas profesoras también tuvieron lo suyo y se vieron obligadas a jubilarse antes de tiempo víctimas de los efectos postraumáticos del diario pase de lista. Como pueden ver, el uso y abuso de las palabras—o de ciertas letras-- pueden llevar al abismo.
La última tendencia que noto especialmente en el sector de la publicidad farandulera, es –según mi modesta opinión—más perniciosa que original, aunque parezca lo contrario.
Fui el primero en aplaudir frases diseñadas con cierta originalidad como aquella  ¡QVA VA! que independientemente de su cacofonía nos llama al combate, a la lucha y al avance de nuestro pueblo. Lo lamentable es que de inmediato surjan sus imitadores; los supuestos innovadores, los facilistas de nuevo cuño con  propuestas promocionales parecidas a estas:
“…PP Qñengue va a KKrajíKara en busca de QK…”.A pesar de ello, o más bien vanagloriándose del despropósito, vemos con preocupación cómo grupos artísticos se bautizan cada día con más jeroglíficos.
A lo mejor es que con el paso de los años uno va perdiendo la dentadura y el buen gusto; o las nuevas tecnologías con sus efectos especiales nos transformen el idioma en un berenjenal con tecnología de punta, aunque dicha punta no se la veamos por ningún lado.
Lo cierto es que cualquier rebuscamiento de lo original a la larga deja de serlo y aburre: Monería al fin, como el del cuento, “mono se quede”
Increíble que magníficos músicos tengan que escudarse tras la mascarada de un título “original”, pero con cuatro copias al papel carbón. Si esta moda continúa, habrá que formar traductores en carreras lingúisticas de la universidad capaces de descifrar códigos cada vez más complejos y menos comprensibles en sus presentaciones.
Queridos vecinos, para no cansarlos, les propongo este sencillo acertijo con el cual pretendo poner punto final a esta nada original provocación:
“…C que con esT Lmental KrTl usTd pueD busKrC alg11111 Nmigos Pro mRC la Pna S inTnto…”

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