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20 may. 2013

ADIGIO, SIEMPRE PRESENTE


Hace unos meses coincidimos en una exposición el maestro Adigio Benítez y yo. Como siempre, entre serios enfoques de la actualidad artística o cultural, surgían muchos jocosos comentarios alrededor de nuestra eterna juventud. Acababa yo de cumplir mis 82 años cuando de pronto, él me reta: --Yo voy el próximo año para los 90. ¡Allá te espero!
Hoy al amanecer de este nueve de mayo, recibí la triste noticia de su fallecimiento y con infinito pesar me dirigí a la funeraria de Calzada y K para nuestra inesperada cita, esta vez  de despedida.
Allí sentado en uno de los sillones de la capilla, tras el sentido pésame a su familia, vi desfilar amigos, colegas, admiradores y no pocos luchadores cubanos por las causas más justas de la humanidad, pero también  los fantasmas de mis recuerdos.
Para mí Adigio siempre fue un misterio: No sé cómo con apenas ocho años de diferencia, yo prácticamente aprendí a leer con sus primeras colaboraciones al suplemento del diario HOY, órgano del Partido Socialista Popular: Él se había adelantado mucho a su tiempo o yo había llegado demasiado tarde.
En varias ocasiones he confesado mi pecado original durante la infancia por la lectura de ese material que ofrecían fundamentalmente, las transnacionales del cómic yanqui en las entregas dominicales  de la prensa cubana. Era una época donde el hábito de leer libros no gozaba de popularidad en las familias de pocos ingresos y el periódico o la revista, con sus limitaciones, sustituía esa necesidad.
 En mi caso particular me sorprendían aquellas aventuras típicamente cubanas donde los superhéroes de papel no eran exóticos vaqueros del Far West  al estilo de Red Ryder, míticos exploradores del espacio como Buck Rogers o Flash Gordon, ni el detective Dick Tracy, eterno combatiente del crimen organizado en las calles de una ciudad típica estadounidense; mucho menos aquel hombre-mono-blanco llamado Tarzán que cayera de sorpresa en el continente-negro para saltar de rama en rama y de cuadro a cuadro cazando fieras o tribus de nativos negros y casi siempre caníbales.
Recuerdo que   en esos años de feliz ingenuidad,  el dominical HOY INFANTIL, abordó en sus páginas  la serie en colores de Horacio Rodríguez y textos de Marcelino (¿) que contaba las aventuras de dos pícaros niños cubanos ”Pelusa y Pimienta” el primero pelirrojo y el otro negro, entre otros personajes autóctonos que completaban las  ofertas de aquella publicación.
Pero entre ellos, el que me impactó para siempre—sin nada  de ficción y sí mucho de la lucha del hombre por su liberación--fue “Espartaco, Capitán de la Libertad”; una versión en secuencias gráficas de la rebelión que los esclavos del Imperio Romano llevaron a cabo contra sus opresores: Con textos de Honorio Muñoz y dibujos de Adigio Benítez.
La felicidad viene en pequeñas dosis y aquello solo duró hasta la clausura del diario durante la cacería de brujas del macartismo criollo en 1953,  
Éste es sólo un fogonazo de mis recuerdos cuando apenas salía de la primaria. El otro lo di a conocer en el testimonio que le dediqué al inolvidable Adigio en este mismo blog bajo el título de “El cuadro que burló la censura” y que amablemente acaba de reproducir el sitio CUBAPERIODISTAS de la UPEC.
Para mi resulta un inapreciable honor ese gesto. ¡Gracias mil!.

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