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3 may. 2013

DEL SALON DE MAYO AL MAYO FRANCÉS


En una reciente mudada, aparecieron como por encanto en el baúl de los recuerdos, viejas revistas ilustradas como LIFE, EL CORREO DE LA UNESCO, y PARÍS-MATCH, que por una razón u otra habíamos guardado tan celosamente--para algunos malpensados--BOHEMIA también.
Me sorprendieron de inmediato algunas imágenes en colores de la publicación francesa, donde se reflejaban los sucesos protagonizados por jóvenes estudiantes que habían arrastrado a la clase obrera para manifestarse y protestar contra los desmanes de la administración gala en contra de los movimientos sociales. Rebeldía que  conmocionó al mundo en la primavera de 1968 bajo el titulo del Mayo Francés.
En estos días de movimientos estudiantiles por una educación gratuita y de calidad contra la privatización de la enseñanza en todo el mundo y en la culta Europa en particular, así como la situación del proletariado con los recortes salariales, las hipotecas, las privatizaciones y los despidos en masa, me pareció oportuno ofrecer a mis amables vecinos--sobre todo a los más jóvenes--algunas de aquellas imágenes de la Ciudad Luz, con el propósito de alumbrarles el camino en la actualidad. Disfrútenlas, mientras continuamos con nuestra historia:
Me vino entonces a la mente otro acontecimiento en el que sí fuimos testigos de excepción.
Tras el triunfo revolucionario de 1959, se desató en el mundo un movimiento espontaneo de solidaridad con nuestro país.
No fue casual, pero sí coincidente, que en el verano de 1967 celebráramos en Cuba por todo lo alto el llamado Salón de Mayo, donde descollara la figura inmensa de nuestro Wifredo Lam al frente de lo mejor de las artes plásticas en el mundo, y particularmente de Francia, quienes pudieron comprobar en el Pabellón Cuba, toda la fuerza de nuestra rebeldía con “La llave del golfo”, como calificaría su obra el inolvidable Chago, pero también de nuestra contagiosa alegría al participar en el apoteósico carnaval santiaguero ese 26 de julio.
El destino nos unió de nuevo a uno de aquellos distinguidos artistas visitantes nativo de Canadá, al ser invitado un grupo de nosotros a la Expo de Montreal dos meses después y reencontrarnos con el pintor Rancillac en dicha ciudad francófona canadiense, lo que comentamos en el trabajo  titulado “Premio polémico y sorpresivo” 
Allí notamos enseguida el ambiente de rechazo a cierta hegemonía idiomática y cultural inglesa, pero más aún el fuerte movimiento contestatario de los jóvenes “hippies” contra la sociedad excluyente de los países norteamericanos, lo cual pudimos comprobar dos años más tarde con las revueltas ocurridas en París contra el gobierno del General De Gaulle.