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20 may. 2013

LA PELOTA: FIEBRE PRIMAVERAL


Todo lo nuevo levanta comentarios y a veces hasta rechazo. El cambio realizado este año para dividir la Serie Nacional de Beisbol en dos temporadas, la primera con 16 equipos y la segunda con la mitad de ellos es una novedad. Al agregar que los seleccionados pudieron reforzarse con jugadores de las novenas eliminadas, daría mucha más emotividad a ésta parte del campeonato, más un municipio, Isla de la Juventud.
 A tal punto que faltando sólo una semana para el play-off final, sólo dos equipos--Elefantes-verdes y Gallos de lidia--aparecen sembrados y los seis restantes están fajados por dos plazas en una lucha salvaje entre Cocodrilos-piratas, Tigres-avileños, Leones-azules, y las inofensivas Naranjas, pero que vienen arrollando y son capaces de desplazar en el último minuto a tanto depredador selvático.
Por tanto, hagamos una pausa en la esquina caliente para refrescarnos la memoria con algunos recuerdos:
El beisbol siempre fue nuestro pasatiempo nacional y si tenemos en cuenta que el antagonismo entre  azules–criollos y rojos- peninsulares nos viene desde los tiempos de la colonia en todos los campos--llámese teatro o pelota--he ahí las raíces de esta pasión que se extendió a la República.
La Liga Profesional de Beisbol a lo sumo contó con cuatro equipos disputándose la corona. A saber: Habana, Almendrares, Cienfuegos y Marianao, aunque la mayor rivalidad estaba entre los dos primeros.
Con el triunfo de la Revolución comenzó una nueva etapa donde desapareció el deporte rentado y el beisbol tomó otras características con representación de todas las provincias; por entonces eran sólo seis.
Con el tiempo y un ganchito--el esfuerzo de todos--se desarrolló esta especialidad deportiva con no pocos triunfos en la arena internacional, pero a la vez el pujante esfuerzo por estrechar las diferencias entre la ciudad y el campo, llevó a cambios en la división político-administrativa de la nación, hasta que en el último censo dos nuevas provincias surgieron con sus respectivos equipos: Artemisa y Mayabeque; con ellas fueron 16 las provincias representadas en el campeonato.
Todo esto nos hace pensar que el próximo 22 de mayo, último día de la temporada regular, se decida por fin, cuales son los cuatro equipos finalistas para el play-off. Menos de una semana nos separa de la definición y no me atrevo a nombrar con certeza cuales serán esos cuatro jinetes del Apocalipsis.
Aprovecho esta oportunidad para recordar que por esa fecha estaremos recordando también a uno de los más grandes peloteros de nuestra historia: Martín Dihigo, matancero que nació en el ingenio Jesús María de Cidra, el 22 de mayo de 1905 y falleció el 19 de ese mismo mes a los 66 años de edad.
Desde siempre la fanaticada le colgaba cariñosos apodos a sus ídolos de las bolas y los strikes. Algunos más simpáticos que otros, pero todos destilando originalidad.
Veamos varios ejemplos: El Mulo Padrón, Látigo Gutiérrez, Cocoliso Torres, Natilla Jiménez, Patato Pascual, Mosquito Ordeñana, Pájaro Cabrera, Cocaína García, Bicho Pedroso, Chiquitín Cabrera, Tarzán Estalella y cientos de nombretes más.
Sin embargo, a Martín Dihigo se le trataba con cierto respeto. Le decían “El Inmortal”, y pienso que bien ganado se lo tenia durante los 25 años en que se desempeñó como atleta a partir de 1922.
Sólo como pitcher desde 1935 hasta 1944 varias veces logró el liderato en victorias, juegos completos lanzados, más de diez ganados por año, y jugador más útil de su club.
Pero también se le conocía como el “Hombre Team” pues se desempeñaba en todas las posiciones y en cada una era un consagrado, a tal punto que aparecía siempre como pitcher y cuarto bate, sobre todo del Habana pues con el madero al hombro no era tampoco segundo de nadie:
Varias veces líder en carreras empujadas, carreras anotadas, más hits conectados y campeón de bateo.
Como niño, tuve el privilegio de verlo en cierta ocasión hasta desempeñando la difícil posición de cátcher en aquellas inolvidables tardes dominicales de La Tropical.
Sin embargo, jamás jugó en las Grandes Ligas por su condición racial, aunque recibió múltiples honores tanto en Cuba como en el extranjero. Aparece en el Salón de la Fama del Beisbol Cubano en 1951, en el Salón de los Inmortales de México en 1964 y a petición de las Ligas Negras de los Estados Unidos, en el Hall de la Fama de Copperstown el 8 de agosto de 1977 (seis años después de su muerte).
Por último se le hizo un reconocimiento especial en el libro del Hall de la Fama “Face Book Sporting News” como el pelotero más completo del orbe.
El 18 de octubre de 1986, en el municipio cienfueguero de Cruces, donde falleció y descansan sus restos en el cementerio local, se inauguró la “Copa Martín Dihigo” en el estadio que a partir de entonces también lleva su nombre.
¡Honrar, honra!

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