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12 oct. 2013

EL VIAJE MAS LARGO

Estoy de fiesta: Hoy, primero de octubre, el más joven de mis nietos, Isaac Camilo, arriba a su primer añito. Pero no es la única celebración; miles, cientos de millones también festejan este día. China, una de las más antiguas civilizaciones de la humanidad, tras siglos de grandeza, feudalismo atraso, y pobreza--por orden cronológico--celebra sin embargo sólo 54 añitos de la República Popular China y en este breve tiempo, ha logrado un record Guiness de desarrollo al convertirse en la segunda economía del mundo en pleno ascenso, mientras las grandes potencias capitalistas se hunden cada vez mas en la crisis sistémica de su propia globalización.
Situados en el otro lado del mundo, nuestros vínculos con el gigante asiático son mucho más profundos pues la etnia asiática constituye un tercio de nuestro mestizaje cultural: blanco negro y amarillo, para no hablar de razas sino de colores.
“El viaje más largo” libro escrito por Leonardo Padura Fuentes en 1994 para la Editora Unión, nos llevó de la mano hacia aquellos primeros emigrantes de ojos rasgados y cito:
“…Esta historia comenzó con la décima luna, a los 47 años del emperador Tu Kong, es decir el 2 de enero de 1847, cuando más de 300 culíes chinos embarcaron en la fragata “Oquendo” en el puerto de Amoy. (…) Estos hombres oficialmente libres, eran contratados por la Junta de Fomento para que trabajaran en la isla—necesitada entonces de mano de obra para la industria azucarera, debido a las trabas que existían con la trata de negros—y traían firmado un documento que los obligaba a prestar sus servicios por ocho años con un jornal de cuatro pesos mensuales…”
Así comenzó esta historia de engaños y frustraciones en Cuba para varios centenares de emigrantes económicos con ojos rasgados que--como todo buen inmigrante--soñaban con hacer fortuna y regresar en breve al terruño, pero la dura realidad chocó con la paciencia, la laboriosidad y el empeño de su estirpe luchadora.
Es por ello que del campo, cumplidos sus compromisos, algunos más ahorrativos y afortunados se establecieron en las ciudades. Poco a poco el barrio chino de La Habana—conformado alrededor de la Calzada de Zanja—se convirtió en uno de los más poblados de todo el continente. Sus comercios modestos pero bien atendidos florecieron por doquier: Puestos de frutas y trenes de lavado con precios asequibles a todos los bolsillos, pronto se hicieron populares y se extendieron por toda el área suburbana de la capital. De estos trenes sin rieles trataremos en próximas ediciones.
La dificultad en el idioma y el carácter pacífico de aquel sector poblacional pronto lo hizo víctima del choteo criollo, a tal punto que llegó a formar parte del teatro vernáculo criollo. Frases tan absurdas como “Chino Manila”, “Cogió berro, en lugar de coger berrinche” y la manida “Búscate un chino que te ponga un cuarto” eran frecuentes en tiempos de incultura y concubinato. Pero la realidad pudo más que los prejuicios y hoy somos un solo pueblo revolucionario, solidario, alegre y mestizo que asimila lo último en tecnología de punta sin abandonar sus raíces.
Por último quiero abundar en otro aspecto: Tengo 82 años y sintiendo mermadas las fuerzas, recientemente me he incorporado al Círculo de Abuelos en el parque más cercano al hogar. En pocos meses he mejorado de mis achaques, pero en este contexto he aprendido algo sobre el Taichi de origen asiático que también me motiva.
Con la fundación de la República Popular China en octubre del 49, la ya conocida práctica del Whushu se convierte no solo en una actividad de la cultura física y el deporte apoyado oficialmente, sino en un componente insoslayable del pueblo para lograr armonía y paz interna.
No siempre fue así: La riqueza del gigante imperial asiático durante siglos fue ambicionada por fuerzas foráneas. Estructuras colosales—unas naturales como el inmenso Himalaya en el sur, o arquitectónicas como la Muralla China más al norte, resultaron infranqueables a la conquista y el despojo ajeno, pero también la voluntad y la disposición combativa del pueblo forjado en un sistema secreto de ejercicios válidos para la defensa conocido por Wushú, el cual ha venido evolucionando desde fecha tan remota como el siglo XI a.n.e. con pruebas de fuerza, lucha cuerpo a cuerpo, habilidades en el manejo del palo, el escudo, lanza, daga, hacha, sable, alabarda y otras armas rudimentarias, incluyendo el boxeo a mano limpia.
Hoy el Wushu lo mismo se practica en el continente asiático, que en el resto del mundo. Nuestro país no podía quedar al margen de ello y en 1994 se creó la Federación Cubana de Karate do y Artes Marciales.
A partir de entonces profesores cubanos graduados en el Instituto Superior de Cultura Física de Beijing, iniciaron en Cuba la práctica de ese deporte. En la actualidad pertenecemos oficialmente a la Federación Internacional de Wushu.
Y ustedes se preguntarán: ¿A qué viene todo esto?
Recordemos que el Wushu fue implantado por un monje budista aplicando artes marciales y técnicas curativas basadas en los principios filosóficos del Taoísmo y las teorías del Yin y el Yang, los Cinco Elementos, los Ocho Diagramas y los Nueve Palacios.
Es que la práctica de estos ejercicios comprende otras modalidades conocidas por Taichi-Chuan y Taichi-Quan dirigidas no solo al combate sino a trabajar con la energía interna y externa del individuo, bueno para todas las edades en busca del equilibrio entre cuerpo, alma y espíritu.
Es por tanto otro tipo de combate dirigido a nuestros enemigos internos, más peligrosos en tanto que permisibles, ya que sólo pueden ser vencidos por medio de la armonía y la paz interior para el disfrute de una mejor salud y calidad de vida.
Conocido el peligro, veremos si la voluntad me acompaña en este nuevo y largo viaje a la felicidad.

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