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31 oct. 2013

MI “SOCIO” PROHÍAS

Recientemente, al transitar por la acera frente a al Universidad de la Habana, oigo esta conversación entre dos jóvenes estudiantes que bajaban por la escalinata: ¿Asere, cuánto sacaste en la última prueba? 
La palabra asere tomó tal protagonismo que no grabé cuál fue la respuesta. Resulta que, aunque no estemos acostumbrados; nuestro idioma no es lengua muerta, cambia dialécticamente.
Recordemos los tiempos de Generales y Doctores y del ceremonioso Don Tomás con el cual se trataba a Estada Palma cuando asumió la presidencia de la República; pero también Don Pancho era el bodeguero de la esquina, y hasta a media cuadra del periódico EL MUNDO estaba el restaurante-bar “Don Braulio”. 
El Don --y la doña claro--tuvo sus herederos: El señor, la señora y hasta la señorita, todos ellos discutibles, los cuales más tarde lograron protagonismo. Pero se fueron extinguiendo por su uso y abuso antes de 1959. Con el triunfo de la Revolución debutó el “compañerismo”.
Ejemplo:--Buenas compañero.  --¿Qué tal compañerita? 
Sin embargo, poco después, extraviada la dirección a donde me dirigía, le pregunté a un transeúnte:
--Compañero, ¿me puede decir donde queda la calle Maloja? 
La respuesta no se hizo esperar: 
--No se equivoque; compañeros son los bueyes.—
¿Ése era un insulto, una venganza o un elogio? Tal vez el desplante merecía esta respuesta: --Disculpa, asere.-- Pero no me iba a rebajar a su nivel, así que seguí de largo.
De ahí que el título de esta cronicuela no sea gratuito: Por aquella época el socio era la constante. Basta recordar una de las obras de teatro más conocidas y populares del dramaturgo Eugenio Hernández era “Mi socio Manolo”. 
Es pues una expresión coloquial y de salutación, como los son o fueron respectivamente el don, el señor o el compañero y sus respectivas medias naranjas.
Pues bien, cuando ingresé en el periódico EL MUNDO como linotipista a principio de la década de los años 50 del pasado siglo, ya Antonio Prohías llevaba años ejerciendo la plaza de caricaturista oficial en el diario y disfrutaba de una bien ganada reputación en la prensa de la época.
Yo sólo tenía alguna experiencia en el retrato a creyón, y al poco tiempo me solicitaron colaborar en la página deportiva del periódico; además realicé algunas caricaturas e ilustraciones para el magazine dominical. Fue entonces que empecé a compartir con otros colegas del humorismo gráfico cubano quienes ubicándome en el diario, a menudo me preguntaban en la calle por mi socio Prohías….Y se quedó lo de “socio”.
Con el debido respeto que me merecía quien era ya una autoridad del humorismo gráfico cubano, en el diario trajinar lo mismo comentábamos el último “Sube el telón, baja el telón” de RADIO CADENA SUARITOS, que discrepábamos sobre la pelota, el acontecimiento político del día, o el humorismo en general, donde siempre reconoció que su natal Cienfuegos fue cuna de grandes caricaturistas personales, como Her-Car o Juan David, pero según él mismo reconocía, no dominaba esa especialidad, autodefiniéndose más bien como un sencillo pinta-monos. ¡PERO QUÉ CLASE DE MONOS!
Era habitual entre nosotros esos términos jocosos. Así como referirnos en términos poco académicos a esa gama de colores que el vulgo atribuía a los distintos tipos de humorismo, desde la gama del blanco al negro pasando por el gris, el rosa-pálido y el verde-picante. Era en la categoría del humor negro, donde Prohías se había convertido en un verdadero maestro.
Por entonces, los profesionales de la caricatura, además de estar emplantillados en algún medio de prensa, podían ejercer en otros como free-lancer. La fertilidad de Prohías le permitía mantener además del compromiso diario para con EL MUNDO, una página semanal en BOHEMIA titulada “El Hombre Siniestro” y desde antes una tira cómica “La oveja negra” en la sección de historietas cubanas en la edición dominical de INFORMACIÓN. Característico en las tres propuestas era su humor macabro, que yo respetaba pero no compartía.
Los cambios revolucionarios afloraron a partir de 1959, y a comienzos de 1960, la situación de la prensa burguesa se hacía insostenible. El anticomunismo de Prohías salió a flote y a la habitual crueldad de sus personajes unió el intencionado “Tovarich”, un cruel bolchevique con el que pretendía estigmatizar al pueblo soviético. Dicha tira anticomunista comenzó a publicarse simultáneamente en el vespertino PRENSA LIBRE.
Se caía de la mata que con la intervención revolucionaria del diario EL MUNDO, las líneas editoriales de uno y otro periódico resultaban incompatibles. Así que el ultimo día de febrero de 1960 me llaman a la dirección del diario para sustituir a Prohías como caricaturista editorialista, mientras a él--que seguía emplantillado--se le asignaban las ilustraciones del Magazine Dominical.
Algunos vecinos de este blog me han comentado la caricatura realizada ese día por él.
Y eso tiene su explicación: Habíamos trabajado varios años en el mismo diario, independientemente de su postura oficialista en tiempos de Batista o su pro-imperialismo, él también sabía de nuestras luchas proletarias en el sector, entre ellas–--la huelga de abril del 58 o la respuesta laboral conocida como “la coletilla” en el 59--y entendía que nadie era más apropiado que yo para sustituirlo en aquellas circunstancias.
En mi modesta opinión, --independientemente de que no me inspiraba mucha gracia el carácter inhumano de sus personajes humorísticos, --cuya agudeza consistía a veces en cortarle el rabo a un perro, o dar un caramelo envenenado a una niñita,-- su obra más lograda desde el punto de vista sarcástico era sin lugar a dudas, el siniestro personaje que aparecía en cada edición de BOHEMIA, y él también lo reconocía así; a tal punto que un buen día se apareció allí con un nuevo protagonista: “La Mujer Siniestra” la cual compartió protagonismo con su co-protagonista masculino.
Cuando Prohías se va de Cuba y llega a los Estados Unidos, crea un hijo bastardo al que tituló “El niño siniestro”. Para ZIG-ZAG, publicación humorística que también había partido al exilio.
Aquí va una copia de ese engendro. y que pude adquirir en mi visita a Miami en marzo del 2011. Era una especie de Drácula en miniatura y se publicó por la década del 70 en el semanario ZIG-ZAG,--un libelo de agónico exilio voluntario en la Florida--, sin embargo el nuevo héroe de papel tampoco tuvo el mismo éxito de sus padres en Cuba. Murió sietemesino.
Tras varios intentos infructuosos en colocar sus personajes en aquellas circunstancias, .surgió lo que seria su obra maestra para la famosa revista MAD.
Bajo el sugerente título de Espía contra Espía, Prohías confrontaba a dos protagonistas en un eterno antagonismo criminal duplicando para ello su lúgubre personaje de antaño en BOHEMIA: Desde el punto de vista formal, ambos muñecos tenían la misma apariencia: Sombreros de ala ancha, nariz aguileña, y capotes, pero en vez de color gris, ahora los espías, uno vestía de blanco y el otro de negro.
Había nacido “Spy vs. Spy” en los Estados Unidos, y nada menos que en medio de la Guerra Fría. Cada uno de dichos protagonistas individualizaba las aviesas intenciones de un conflicto entre potencias nucleares, o sea apocalípticas, al que agregó al principio no pocos resabios de su postura contra la Revolución Cubana, y más tarde con un enfoque mucho más  universal.Situado históricamente en ese contexto, el éxito de los nuevos personajes fue absoluto y a su muerte a los 77 años en febrero de 1998, Antonio Prohías ya era reconocido como uno de los autores de comics más famosos en la historia de los Estados Unidos. Aunque como decíamos por entonces los caricaturistas cubanos cuando surgía un personaje con esas características: --Tiene vida limitad. 
Además, debo agregar que desde mi regreso de Estados Unidos, este trabajo quedo encasquillado y pendiente de hallar infructuosamente la ilustración correspondiente a “La mujer siniestra” de BOHEMIA extraviada en una mudada anterior.
Como lo cortés no quita lo valiente, con esta semblanza quiero reciprocar el amable gesto que tuvo Prohías conmigo en aquella, mi primera incursión como caricaturista político de EL MUNDO:
Quisiera que la crueldad intrínseca de aquellos personajes suyos que tanto hacían reír, no empañen la tranquilidad de su última morada, y permitan descansar en paz a mi “socio” Prohías.
Pero el mundo es un pañuelo: Recientemente mi octogenario esqueleto daba signos de envejecimiento y tuve la necesidad de acudir al cardiólogo en el Hospital Hermanos Ameijeiras para un chequeo de rutina. ¿Y saben ustedes quién me consultó? Nada menos que el especialista Dr.José Antonio Prohías Martínez, nativo de Cienfuegos y sobrino del recordado caricaturista.
Hoy es para mí un honor y un deber, el agradecimiento por las atenciones recibidas del destacado galeno y de paso,--como quien no quiere las cosas--también a quien fuera “Mi socio Prohías”.

1 comentario:

  1. No entiendo. Dice que "un personaje con esas características Tiene vida limitada" luego de admitir que "era reconocido como uno de los autores de comics más famosos en la historia de los Estados Unidos". Era su socio o su enemigo? Esa es la idea que tiene usted de reciprocar un favor? Ese sistema le ha conservado muchos amigos?

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