Pero si lo asociamos a su fundador, Samuel Feijoó, el multifacético folclorista, quien la dotó de su irrepetible personalidad, la cosa cambia: Poeta, ensayista, investigador, dibujante, y promotor artístico, nos legó serios aportes a la cultura cubana, pero también capaz de subirse a la tribuna para dictar una enjundiosa conferencia sobre humorismo escatológico: Ése era Feijoó y ésa la huella que dejó a lo largo de su impronta en “Signos”.
Imposible abarcar la voluminosa y heterogénea bibliografía de ese Caminante Montés autor de personajes como Wampampiro Timbereta o Juan Quinquín en Pueblo Mocho, y lo mismo ocurre con su hija predilecta, la revista “Signos”.
Nos limitaremos a esbozar un solo tema publicado en el Año V, No. 1 (septiembre-diciembre de 1973), pues esa edición brindaba piropos, pregones, dicharachos, adivinanzas y juegos de azar prohibidos como la charada y la bolita o la legalizada Lotería, primero por la Corona desde 1812, y posteriormente por la República Mediatizada.

Al abordar la adicción del pueblo por el juego, dice: “Hacerse rico de un solo golpe ha sido, y es… ilusión de desesperados y… de pobre gente de pobre mente.”
En cuanto al carácter humanitario y beneficio público de sus propósitos debemos agregar que muchas fortunas privadas y de políticos corruptos fueron las verdaderas beneficiadas. Un buen ejemplo es esta caricatura de Arroyito publicada en la misma edición de “Signos”.

El vicio era de tal magnitud

Para terminar, con ejemplificación gráfica, ese mismo número de “Signos” nos ofrece el “Premio gordo” de la promoción religiosa de la época, especialmente dirigida a los creyentes.

No queremos terminar sin contar una anécdota personal: Sabiendo de mi amistad con Feijoó, el entonces director del semanario PALANTE, Joaquín G. Santana, me encomendó la tarea de contactarlo para sustituir nada menos que al Indio Naborí, quien por otros compromisos no podía continuar atendiendo la sección “Dímelo Cantando” en la publicación.
Lo invité a un almuerzo en casa durante una de sus visitas a la capital, y mi esposa se esmeró con una suculenta comida criolla. Para sorpresa nuestra, el invitado rechazó aquel fetecún protéico, pero devoró completa la fuente de tostones (plátanos a puñetazos fritos). Eso les dará una idea de la compleja personalidad del personaje a quien dedicaremos algún otro merecido trabajo. Lo cierto es que a partir del 23 de marzo de 1967, la nueva sección “Saber Guajiro” a cargo de Samuel Feijoó, reemplazó el espacio dedicado a la décima y cuentos campesinos en PALANTE.
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