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17 nov. 2014

LA LÍNEA EN DOS IDIOMAS (10)


Al hojear la prensa en estos días no debe sorprendernos el diferendo surgido entre la Generalitat Catalana y el Gobierno de Mariano Rajoy debido a la consulta soberanista y alternativa solicitada por la primera y su impugnación por los Tribunales Constitucionales de España. Ese antagonismo tiene viejas raíces culturales, empezando por el idioma. Veamos:
En el estudio que venimos efectuando sobre los orígenes de la caricatura contemporánea a partir del libro homónimo de González Barros nos tropezamos con el primer capítulo del Segundo Tomo referido a España, donde el autor afirma que… “Goya es la personalidad más vigorosa y única de la cual los humoristas españoles pudiesen desentrañar el dogma de una tendencia genuinamente española. Él no solo retrata la sociedad aristocrática del ro-co-có, sino que sabe suscitar comentarios también del período revolucionario al concebir su colección de “Los desastres de la guerra” durante la ocupación Napoleónica y protesta del obscurantismo que vuelve cuando la reacción de 1814. Elogia los “Caprichos” con su agudo instinto satírico, intensificado más tarde con el retrato de la reina María Luisa...” Sin embargo el investigador aclara que: “…La España de hoy (1916) olvida la técnica de los aguafuertes de Goya porque Xaudaró, Picarol y Bagaria entre otros, abren un horizonte nuevo...”

Pero hay otro aspecto a considerar con el desarrollo de los nuevos tiempos y vemos como en las artes gráficas—sustento de este nuevo arte—surgen las publicaciones ilustradas en Europa. Según él, es ahí donde se destacan las diferencias entre lo que se difunde en Madrid y en Barcelona.
Según nuestra opinión, en ambos casos la profusión editorial del Imperio en esta época, no se corresponde con el nivel del humorismo alcanzado en los países europeos antes considerados. Tras esta observación, continuemos:
En la capital excepcionalmente surge el “Madrid Gráfico”—totalmente humorístico—mientras proliferan “Blanco y Negro”, “Mundo Gráfico”, “El Heraldo” y “Nuevo Mundo” entre numerosas publicaciones más literarias y noticiosas, donde también acuden esporádicamente caricaturistas y humoristas en general. Mientras, Barcelona se nutre mayormente de revistas especializadas en humor tanto para adultos: “L’Esquella de la Torratza”, “Papitú”, “Cut-Cut”, o “La Veu de Cataluña” como “Patufet”  y otras para niños.
Además de la diferencia idiomática y sus consecuencias regionalistas, en este caso hay que contar también con la influencia alemana en la línea impresionista. La teutónica prima en Barcelona, mientras la escuela francesa lo hace en Madrid.
En la obra de González Barros, se dan a conocer los principales protagonistas del humor gráfico al estilo francés en Madrid, donde destacan: Atiza, Vázquez y Robledano. Con mejor criterio ubica a Sancha, Moyano, Tovar y Fresno, por último coloca en sitio aparte a Ramírez, según el: Único heredero verídico de Goya.
Hemos dejado aparte a Cilla, el más prolífico de todos, por su condición de comodín en el “Madrid Cómico”, donde predominaban los temas costumbristas: El baturro, modistillas, toreros, chulos, serenos, paletos, viejas chismosas, calvos, nuevos ricos, el clero, literatos y juegos florales, etcétera, todos al mejor estilo del costumbrismo decimonónico francés. Sin embargo, de  la situación que venía sufriendo la corona en América y su último reducto en Cuba, no hemos encontrado ni una sola patata digerible en cientos de dibujos satíricos recopilados por el libro “España en sus humoristas” de María Dolores Rebes y Francisco García Pavón para TAURUS EDICIONES, en 1966.
Precisamente la visualización hecha a cientos de caricaturas en la referida obra, aparte de las consideraciones estéticas apuntadas por el investigador cubano, un aspecto fundamental pugna con la esencia misma de la caricatura desde el punto de vista moderno a partir del postulado francés acuñado como Sans parole, es decir, Sin palabras.
Un buen ejemplo son estas dos caricaturas de Cilla, las únicas halladas por nuestra lupa escrutadora, sobre la lucha independentista cubana por más de treinta años dejándonos una estela de dolor, sangre y muerte. Nótese que sin la apoyatura del pie de grabado, la ilustración nada nos dice: Sin más, aquí está la prueba:

En el primer ejemplo el pie dice: --No me fiaría de la amistad incondicional y desinteresada de los Estados Unidos. En la segunda caricatura es peor, al establecer la muletilla un diálogo entre la soldadesca española y el mismo personaje yanqui: --Aquí hemos cogido esta buena pieza, que ha hecho descarrilar trenes, ha incendiado pueblos, y ha macheteado a unos cuantos infelices. Mientras el Tío Sam responde:--Bueno, pues denle ustedes chocolate con picatostes, que es súbdito norteamericano. En ambas muestras, aparte del desprecio y la prepotencia, imperial se nota la ausencia de humor y la excesiva verborrea, común en la mayoría de las muestras encontradas en las publicaciones tanto de Madrid como de Cataluña. Además, en estas dos ofertas, el mensaje quedó reducido a un simple diferendo entre España y los Estados Unidos. Tal era la desidia e indiferencia con que nos trataban por entonces en la Metrópoli:
Ahora bien: Hemos dejado para el final algo de lo que se producía en las publicaciones catalanas, donde el humor, desde el punto de visita formal se acerca más al impresionismo en la línea, y sus contenidos son preferiblemente contestatarios, lo cual se agudizó con la debacle imperial a finales del siglo XIX.
Según el orden de antigüedad sus publicaciones especializadas en humor fueron ”La Campana de Gracia”, L´Esquella de la Torratza” y “Patufet”, todas de larga vida y la última con unas mil quinientas ediciones en 29 años.
Se destacaron en esta etapa barcelonesa, artistas de la talla de Picarol, Fresno, Bagaria, Cappiello, Babel, K-Hito, y Bon, todos, de una manera u otra, herederos de la línea impresionista alemana y los más jóvenes incorporados a un nuevo proyecto editorial que debuta con el siglo: “Papitú”
El “Papitú” de Apa surge el 25 de noviembre de 1908 en tiempos convulsos y de represión tras una etapa de garantías constitucionales en Barcelona y Gerona. La revista se distinguió por el estilo abierto, desenfadado y hasta pornográfico de sus entregas.
Paradigma de estos artistas satíricos fue (Apa) o (Joan Sacs) seudónimos de Feliú Elías Bracons, profesor, pintor y crítico de arte, quien supo reunir alrededor de este núcleo lo mejor y más representativo de la juventud contestataria catalana. Allí se utilizó de forma crítica el hedonismo picante, el sexo, la corrupción oficial y la sátira política, hasta ser acusada y sancionada de inmoralidad la publicación por la sociedad hipócrita imperante. La respuesta a la censura no pudo ser más original: La revista continuó saliendo, pero ahora bajo el título de “Pakitú”.
Por tanto, me distancio del profundo análisis formal con que el autor disecciona la obra de estos autores humorísticos españoles y sus temas a comienzos del siglo XX, para ponerlos en contexto pues desde el punto de vista estético, todo evoluciona incluyendo nuevos géneros por entonces en pañales, como la historieta, el cine—entonces silente--, los dibujos animados, y más acá aún, con sus versiones en colores y tercera dimensión.
La próxima entrega abordará cierta extensión de esta modalidad humorística durante el dominio colonial en Cuba, que sin dejar de ser española, tiene sus peculiaridades, lo cual propongo abordar bajo el título de  la línea criolla.

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