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26 nov. 2014

LOS DOS MODESTOS



El fin de año se nos acerca a paso de conga y pensábamos acogernos a unas bien ganadas vacaciones--festividades navideñas incluidas--pero una cosa piensa el borracho y otra el bodeguero: Dejo en vuestras manos mi ubicación en el bar.
Noviembre se nos había presentado cargadito cargadito: En primer lugar continuar la serie que veníamos publicando sobre el libro “La Caricatura Contemporánea” de Bernardo González Barros y la actualización de dicho concepto a cien años de su publicación. La línea, hilo conductor de dicha saga como expresión gráfica fundamental de esta especialidad artística, caminaba sin tropiezos, pero al llegar a la coyuntura entre lo que se hacía en Europa y en América a fines del siglo XIX—específicamente en Cuba—se nos enredó la pita. Vean: --¿Existió en realidad una línea autóctona en nuestros países? ¿Dónde y cuándo comienza realmente la línea criolla? ¿Cuál es el verdadero origen del cómic como línea secuencial? ¿Fue ésta una línea incomprendida por parte de ciertos intelectuales en el pasado siglo XX?
Estas y otras interrogantes se nos atravesaban en medio de acontecimientos más perentorios que requerían nuestra atención. En primer lugar, yo—el burro siempre delante—al cumplir mis 84 abriles este 28 de noviembre, hubiese querido confesarme con ustedes, pero son tantos mis pecados que no caben en este blog y decidí aplazarlo hasta nuevo aviso.
El 70o. Aniversario de Wichy Nogueras se había convertido en un misterioso escamoteo típico de su obra, imposible de encasillar entre la novela policíaca, la poesía, el humorismo, la investigación, el guión cinematográfico o el dibujo animado, entre otros géneros indescifrables. Todo condensado en “El último caso del inspector”. Pero eso ya es historia.
Otro buen tema quedaba pendiente, y era la celebración del 20º. Aniversario del Centro Promotor del Humor, junto a la proclamación de Virulo como Premio Nacional de Humorismo en este año, iniciativa que aplaudimos a rabiar durante la Gala–Homenaje celebrada el 13 de noviembre en la sala Avellaneda del Teatro Nacional. Lo cual también es pasado.
Lo único original o sorpresivo en este trabajo se limita al título “Los dos Modestos” y ahora más calmado lo retomo:
Invitado a la gala de premiación en dicho teatro y cómodamente sentado en la cuarta fila antes de comenzar el espectáculo, vimos como se iba llenando el lunetario y al detenernos en la primara fila donde se hallaba la familia de Virulo, reconocimos una cabecita blanca que se distinguía de las demás.
La curiosidad me hizo levantar del asiento y me dirigí hacia ella. Al saludarlo con la mano extendida le pregunté al canoso personaje: --¿Es usted el padre de Virulo? recibiendo el asentimiento por respuesta. De inmediato respondí:--Yo soy Blanquito—el de PALANTE— con lo cual se iluminó el rostro del aludido y quiso levantarse de su asiento, pero me le adelanté para fundirnos en un fuerte abrazo de 168 años—84 per cápita--. Dramático preludio de una función inolvidable para ambos, pero también para el homenajeado que se unió al encuentro de dos para formar un trío. La cosa se complicó con un cuarteto, al intervenir Elsie, mi hija-acompañante cámara en mano para dejar constancia del fuerte apretón. He aquí el resultado:
En escasos minutos antes de que se levantara el telón, pasaron entre nosotros como en cámara rápida escenas con más de 55 años de antigüedad, cuando Modesto García, padre del inmenso Virulo, estuvo entre los primeros que formaron parte de los Estudios de Animación del ICAIC junto con grandes creadores que hoy son también recuerdos inolvidables como Jesús de Armas, Tulio Raggi, Paco Prats, Muñoz Bachs, Hernan H. y otros que se nos pierden en los archivos de nuestra Cinemateca mental.
Entre los variados temas dignos de guardar también en dicho departamento, hubo uno que impactó a Modesto, cuando le informé que entre mis recuerdos incunables guardaba un ejemplar del libro “Los indocubanos” obra editada a todo lujo en cartoné por la Editora Gente Nueva en 1982, basada en el documental del mismo nombre realizado veinte años antes con guión de Onelio Jorge Cardoso e ilustraciones de Modesto García.
Se le iluminó el rostro: Por su memoria pasaron los 103 dibujos a plumilla con que consta la obra y la personalidad de su coautor, el inmenso Jorge Onelio Cardoso, quien este año arribó a su centenario, junto con otro grande de la literatura cubana, el Sensible Zarapico Samuel Feijoó.
Como los conocí personalmente y admiré sus virtudes había una en el Cuentero Mayor que lo caracterizaba entre tanta falsa ostentación de algunos estirados intelectuales: Su innata modestia con la que desarmaba a los presuntuosos.
De ahí el título de este sincero homenaje “Los dos Modestos”—de nombre y de corazón—con dos copias de los dibujos, la portada en dos colores y otra ilustración interior, realizadas por Modesto García; así como el prologo que lleva la firma de su guionista Onelio Jorge Cardoso el cual copiamos textualmente como otra muestra más que lo pinta de cuerpo entero:
“…Este hermoso libro que tienes lector en tus manos es, como verás, una colección de dibujos a plumilla realizados por el dibujante y pintor cubano Modesto García. Nosotros hemos escrito sus pies de grabados, labor que resulta de menor cuantía referente a los valores estéticos que en conjunto conllevan sus dibujos.(…) Aunque no somos especialistas, ni siquiera mayores conocedores en el campo de la plástica, consideramos que es un paciente y acabado trabajo que bien merece le sea reconocida su técnica, así como su visión artística lograda.(…) El tema de los dibujos, naturalmente, se refiere a escenas de la vida cotidiana ocurridas en nuestra isla de Cuba a raíz de su descubrimiento por los españoles hasta los días en que la conquista exterminó totalmente a sus pobladores. (...) Modesto García ha realizado sus imágenes, creándolas lo más fielmente posible, desde las escasas fuentes que cronistas y conquistadores españoles aportaron de los hombres y las tierras descubiertas. (…) Considerándolo pues un trabajo didáctico, nos complace su publicación y admiramos el hermoso esfuerzo de su realizador…”
¿Es correcto o no lo propuesto en el título “Los dos modestos”? Ustedes mis fieles vecinos tienen la palabra.


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