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9 nov. 2014

SUEÑOS MÁGICOS EN LA ESQUINA DE TOYO


La XXXVII Semana de la Cultura de 10 de Octubre comenzó el día 28 del mismo mes con un acto solemne en la Casa-Museo Camilo Cienfuegos, de Lawton. Con ello se conmemoraba la desaparición física del Señor de la Vanguardia hace 55 años y culminó el lunes 3 de noviembre con un reconocimiento a los 90 años de la inolvidable actriz Fela Jar--personalidad cultural del municipio y de Cuba— en su propia cuadra, así como la Gala de Clausura en la Parroquia del Buen Pastor de Jesús del Monte.
La jornada abarcó otras muchas actividades entre las cuales destaco la celebración de los 40 años de vida artística del prestidigitador Gardini. Esta feliz iniciativa tuvo lugar en el “Teatro Apolo”, recinto condenado al ostracismo desde hace años junto a su vecino de la Esquina de Toyo, el “Cine Moderno”—primer edificio art-deco construido en Cuba (1927).—Por si lo dudan, aquí va la constancia fotográfica que nos recuerda aquel programa “Detrás de la fachada”.
Sin embargo, el templo-dramatúrgico del Dios griego hijo de Zeus y Afrodita, sigue con vida gracias al proyecto “Sueños Mágicos” que dirige contra viento y marea el ya nombrado mago.
Nos comprometemos a retomar el tema próximamente, por el encanto que tienen las cosas del circo y sus protagonistas.
Si les digo que el próximo 28 de noviembre yo cumplo 84 años de edad, es fácil de comprobar pues la fecha consta en mi carnet de identidad—actualizado-- en mi currículo-vitae artístico, y en los archivos de la UPEC y de la UNEAC como miembro de ambas instituciones desde su fundación. Sin embargo, el cordón umbilical me lo cortaron en un asilo de ancianos y eso no me lo va a creer nadie.
Pues bien, según me cuentan, porque yo estaba por entonces muy chiquito, mi madre María Luisa tuvo un parto difícil para la comadrona que la atendía y como vivíamos en la calle Marqués de la Torre, al fondo de la Clínica Casuso, fue trasladada hasta la instalación hospitalaria para dar a luz. El local ha sido convertido en el Hogar de Ancianos “24 de febrero” situado precisamente en Calzada de 10 de Octubre No. 429 frente al ya mencionado Teatro Apolo.
Y ya que recordamos tiempos pasados, acudo a la memoria del inolvidable Eduardo Robreño, quien publicó en Letras Cubanas, 1978, el libro “Cualquier tiempo pasado fue…” donde nos contó sabrosas anécdotas de aquellos días. Al referirse a las intersecciones más populares de nuestra capital, el autor le dedica un capítulo a la Esquina de Toyo, famosa desde la época de los adoquines al converger en la misma las calzadas de Jesús del Monte y la de Luyanó.
En sus narraciones deja constancia de curiosos hechos ocurridos antaño en la capital de todos los cubanos, pero por su vigencia prefiero recordar la importancia que para mi niñez y adolescencia tuvo la mencionada esquina:
Por entonces con sólo un níquel–cinco centavos—se podía viajar en los tranvías eléctricos que paraban allí. Sus rutas: Vedado-Jesús del Monte y Vedado-Avenida Menocal, Jesús del Monte-Calle Habana y Jesús del Monte-Avenida del Puerto, o Lawton-Malecón, Lawton-Parque Central, y Lawton-Avenida del Puerto. Agregar el (L-1) que iba desde Luyanó hasta el Malecón, y doblaba por la calzada del mismo nombre, o los Santos Suárez-Muelle de Luz, y Santos-Suárez-Parque Central que lo hacían por la misma esquina del “Apolo”; con la ventaja de que en cada uno de ellos, a solicitud del pasajero se le extendía una transferencia gratis para cualquiera de la veintena de rutas tranviarias que se movían por toda La Habana de entonces sin contaminar el ambiente con los gases de combustión interna.
Competían dichos tranvías con más de diez rutas que bajo la nomenclatura “Cooperativa de Ómnibus Aliados”, eran víctimas del “choteo” popular al ser rebautizadas como guaguas de palo, tal vez más rápidas y menos ruidosas, pero mucho más contaminantes y calurosas, sobre todo a las doce del día en el verano.
En ambos vehículos los pasajeros subían solos pero bajaban acompañados de ciertos viajeros indeseables conocidos por chinches, que también asistían a los teatros de la época, donde picaban pero no aplaudían.
Se habrán dado cuenta que me refiero a una Ciudad de La Habana anterior al Túnel de la Habana, o a la nominación de Marianao como “Ciudad que Progresa” circunstancia que nos obligó a estirarnos de este a oeste como un chicle—popular golosina en aquella época-- y transformar aquellos ómnibus expresos de antaño en “camellos” y sus mutantes “articulados” actualmente victimarios del Dios Cronos, del hacinamiento y las distancias.
Pero regresemos a la Esquina de Toyo y sus proximidades: Diez de Octubre con el tiempo se ha convertido en el municipio más poblado del país y sus estructuras han envejecido necesitando como todos los ancianos, que “Roberto le pase la mano”.
El barrio Santos Suárez donde vivo, y específicamente el Consejo Popular Tamarindo, es uno de los más afectados por algunas irregularidades como la recogida de desechos sólidos: Me niego a llamarlos basura, pues han demostrado ser una de las actividades más rentables--por no acusarlas de lucrativas--en todas las grandes ciudades del mundo.
Otro referente del barrio es el antiguo parque Santos Suárez, hoy “Victoria de Playa Girón” donde de niño mataperreábamos, es decir compartíamos juegos y sueños etarios con inolvidables compañeros como René Reyné o Manolo Cofiño y ahora en un entusiasta Círculo de Abuelos. En sus inmediaciones se levantan imprescindibles instituciones educacionales como las Escuelas Primarias “Raúl Gómez García” “Sergio González López” y “Raúl Ferrer Pérez”, o la Escuela Secundaria Básica Urbana “César Escalante Dellundé” y hasta un Joven Club de Computación. Todas ellas rinden homenaje a lo mejor de sus hijos que hoy son testigos mudos de la indiferencia, el abandono, la indisciplina social y otros vicios. Lamentamos no haber podido conservar el pasado, sin embargo con tantos centros de enseñanza el futuro está asegurado.
Encomendémonos pues a ese oráculo mitológico que fue el dios Apolo en la Antigua Grecia para que nos ilumine hoy con su sabiduría y permita como lo ha hecho el mago, sus activistas e instituciones afines, mantener este teatro que reivindica su nombre y ofrecernos esos Sueños Mágicos tan cerca de la Esquina de Toyo.
Ahora con vuestro permiso me doy otro saltico al Teatro Apolo para entrevistar al homenajeado, lo que ofreceré en la próxima entrega.
 (Para más información vaya al trabajo titulado “Luyanó de mis entretelas”)

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