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2 abr. 2010

NACIDO PARA REIR A CARCAJADAS.

No me gusta hablar por boca de ganso, pero dicen las malas lenguas que cuando nació Carlos Ruz de la Tejera un 8 de abril de 1932, y dar su primer bostezo, la comadrona pensó que se la iba a tragar y salió huyendo, sin siquiera cortarle el cordón umbilical. Cuentan las propias deslenguadas que no paró hasta la capital.
Bromas aparte, lo cierto es que la fama de este popular actor del cine, la radio y la televisión nacional es tan grande como su propia cavidad bucal. Y vaya una cosa por otra: No hay en Cuba una sonrisa tan amplia como la suya.
Pero no fue el primero que adquirió reputación por el tamaño de sus carcajadas. Siendo yo niño, igual que él, me quedaba con la boca abierta ante las peripecias de otro cómico famoso, pero del cine norteamericano. Su nombre: Joe E. Brown, pero todos lo conocíamos por Bocaza, así sería aquella tronera Made in USA.

Para Carlos Ruiz de la Tejera lo suyo, más que una boca, es una hipérbole.
El que no haya reído con su monólogo “La Vela”, no sabe lo difícil que es apagar una ídem con una boca como la suya. Sin embargo, le ha sabido sacar partido con su kilométrica sonrisa, su amabilidad, sus chistes de buen gusto, y su talento más fino aún.
Lo conocí mucho antes de caerle atrás al Mameyo que con tanta gracia parodió en medio del período especial. Eran tiempos del Profesor Tallarini, con su capa caída, su alborotada melena y su risita de campeonato.
El que haya visitado su hogar en el Vedado, quedará maravillado ante la colección de caricaturas personales que cuelgan de sus paredes. Presumo pues, que la víctima vive orgullosa de tamaña popularidad. Es lógico que la mayoría de ellas lo muestren con el túnel abierto al público sin pagar peaje, pero tuve el privilegio de captarlo en cierta ocasión callado, sin decir esta boca es mía, y sin embargo es él, con esa envidiable sonrisa-hamaca colgándole de oreja a oreja. Aquí se los presento a mis curiosos vecinos dibujado sin levantar el lápiz.
Sean estas líneas un humilde homenaje a ese grande de las tablas que jamás las ha perdido ante la burla o el choteo ajeno, a sabiendas de que la gente lo hace porque lo quiere, lo admira, y aunque parezca lo contrario, lo respeta. ¡Felicidades en tus 78 abriles!

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