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2 sept. 2010

PERSONAJES DE LA CALLE Y DE MI BARRIO.

Para que los países puedan ser verdaderamente libres en lo político, deben ser verdaderamente libres en lo económico”.
Con estas palabras el Comandante en Jefe respondía a las agresiones que durante aquel verano caliente de 1960 había tomado el gobierno norteamericano contra la joven revolución cubana , aún antes de triunfar en 1959. Y esto ocurría nada menos que durante su intervención en el XV período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en el corazón mismo del Imperio aquel 26 de septiembre de 1960.
El líder del 26 de Julio se hab
ía comportado durante su breve estancia en los Estados Unidos como un verdadero gigante entre los rascacielos de la ciudad neoyorquina.
En su breve estancia respondió a los agravios de un trato descortés, con la amenaza de montar su campamento guerrillero en el propio Parque Central, pero la hospitalidad de manos negras, tan
negras como las de Obama- lo acogieron en el “ghetto” de Harlem y su emblemático Hotel Teresa, que me recordó a cierta Santa Madre de Calcuta, así como la repercusión mundial que tuvieron estos acontecimientos.
Dos días más tarde regresa a la patria y aquí fue recibido de diferente manera por tirios y gusanos, --perdón, tirios y troyanos—, los unos, la gran mayoría, para aplaudirlo a rabiar ante la terraza norte del Palacio Presidencial, los otros llenos de rabia explotando su impotencia con bombas en toda la ciudad.
Yo estaba allí. La respuesta del pueblo fue el grito unánime de: ¡PAREDÓN! La de Fidel mucho más pensada y efectiva de crear un sistema de vigilancia colectiva cuadra por cuadra, manzana por ma
nzana. ¡Así, en medio de la indignación patria y el entusiasmo popular nacieron los Comités de Defensa de la Revolución!
Cincuenta años han pasado. Millones de cubanos continúan engrosando sus filas, y han hecho propias las tareas que no se han limitado a la vigilancia, sino que son múltiples, y sobre todo necesarias. Muchas de ellas convertidas en verdaderas hazañas.
La gráfica, hija de nuestra idiosincrasia como manifestación cultural no podía quedar relegada. El propio logotipo de la institución --aquí representado y surgido al calor de la guardia cederista, expresaba su propia esencia bajo el lema de “Con la guardia en alto”. El diseño, --parco en líneas expresivas--, con el machete en alto y el escudo protector, no puede ser más sencillo y simbólico.
No hubo, hay o habrá manifestación multitudinaria,--es decir cederista--, que no
inspire la imaginación ciudadana en jocosos carteles, pancartas y otras manifestaciones artesanales, para fustigar en medio del jolgorio y la alegría a nuestros enemigos de adentro y de afuera. Profesionalmente hablando, tampoco existe campaña cederista en que los dibujantes humorísticos, tanto en la prensa impresa, la radio, o la televisión no hayan reflejado con sus populares personajes el múltiple accionar de los CDR a lo largo de todo el archipiélago.
Entre algunos de ellos no debemos olvidar a aquella abnegada “viejita del Comité” siempre presta a la ayuda solidaria, a dar el primer paso ante cualquier tarea, la primera en la limpieza de la cuadra, en la movilización, el activismo, y la vigilancia.

Sólo le faltaba un nombre y materializarla. Fue bautizada Fefa y de darle vida, le correspondió al joven dibujante de los Estudios de Animación del I
CRT , Félix Rodríguez Toca. A partir de entonces la pequeña pantalla recreo cada una de sus hazañas en forma amena. Tuvo su autor la satisfacción de verla reflejada en todo tipo de soporte, y para cualquier tarea cederista. Aquí la vemos en una portada de PALANTE.
Pasaron los años y llegaron los tiempos difíciles del periodo especial.
Otro personaje de carne y hueso, el “Fabricio” interpretado por el actor Oscar Bringas para el espacio “Sabadazo” de la televisión cubana, encendió la chispa de los CDR, y muy particularmente a su Coordinador Nacional, Juan Contino, para
que aquel personaje ingenuo, entretenido, y bobalicón, se convirtiera en blanco de todas las miradas críticas. De la tarea se encargó Jorge Pérez Pagés, editor de cine y video, quien en 1996, popularizó ese grito de advertencia “¡YEYO COMPADRE!”
No hubo una situación de olvido, error, o negligencia de Yeyo que no tuviera su contrapartida en las pantallas con la sorpresiva llamada que erizaría a cualquiera. La campaña dio sus resultados, pero la repetición de la imagen a la larga daba tanta lástima que el personaje negativo iba convirtiéndose en gracioso.
Me imagino a ese mortal que bautizado por su familia como Eladio, lo empezaron a chiquear amorosamente como Yayo, y de buenas a primera, todo el mundo lo coge para el trajín, y sin comerlo ni beberlo, le endosan todos los males de la tierra, mientras él prefiere que la tierra se lo trague.
Y es que los llamados personajes negativos, responden a un objetivo definido —eso lo saben todos los caricaturistas—. Con el tiempo se hacen obsoletos, como ocurrió con algunos utilizados durante la Zafra de los Diez Millones. Por esa razón los artistas del medio podemos asegurar que: “Tienen vida limitada”.
En el momento más crítico del período especial, el propio Juan Contino Aslán, apoyado por el entonces Presidente de la UNEAC, Abel Prieto Jiménez, nos dieron la gran sorpresa.
Me propusieron la creación de una revista de historietas que abordara los temas más
acuciantes del barrio y de ahí surgió por más de dos años unas ediciones de “Mi Barrio”, hermano menor de su órgano oficial “La Calle”. Recuerdo como si fuera hoy, aquel primer número experimental que llevó a su portada, un grupo de personajillos --todo ojos—que se esparcieron por todo el perímetro bajo la mirada paternal de su autor, el maestro Virgilio Martínez, con lo que se aportaban nuevos prototipos a la divulgación propagandística de la organización de masas más grande del país.
Eran “Los Tutis”, que aún vemos en muchos de los carteles y murales de la ciudad.
¿Y quien mejor para ello que el autor de “Pucho”, “Supertiñosa”, “Cucho” y otros tantos personajes que hicieron la delicia de generaciones de cubanos?
Prometo en próximas ediciones dedicarle un espacio a ese inolvidable colega que comenzó su carrera firmando Laura, después con su nombre propio Virgilio, y terminó en “Granma” con la V de la Victoria.
Sean estas mis modestas felicitaciones a los vecinos cederistas de mi cuadra, de mi barrio, de la capital y del resto del país; que hago extensivas a todos los que asiduamente me buscan, me inspiran y me leen: Por tanto también son vecinos de mi corazón.

1 comentario:

  1. Anónimo6/9/10 13:32

    Hola Blanquito. Aquí me tienes, haciendo un comentario sobre tu escrito ¡¡Qué atrevimiento!! Me han gustado esos personajes de la calle de "Tu" barrio... Pero me gusta más el hecho de que estés activo de nuevo y sin perder los ánimos. ¡Qué vergüenza para mí el deprimirme! Besos desde Lugo. Te queremos.
    Charo.

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