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1 sept. 2010

REIVINDICACIÓN DEL SOLDADO DESCONOCIDO.

Más que todos los premios, reconocimientos y homenajes que me hayan sido otorgados hasta el día de hoy, como artista gráfico, es motivo de orgullo llevar colgada en el pecho la medalla virtual del Soldado Desconocido en el pequeño ejército loco de la Editorial Pablo de la Torriente. Y es que desde joven la personalidad de ese periodista integral que fue Pablo, --así a secas, tal y como pasó a la historia-- resultó ejemplo y acicate en mi vocación.

Imposible resumir en unas líneas la vida y la obra tan intensa de este personaje inolvidable. Me limitaré a dar un solo ejemplo: Su doble condición de militante revolucionario cubano y sagaz periodista le permitió no pocas veces ser juez y parte de las acciones que se sucedían en aquella época convulsa que le tocó vivir. Él era capaz de realizar un acto de sabotaje contra la tiranía machadista, y al día siguiente reportarlo en tercera persona, con tal veracidad que ningún otro periodista podía igualarlo.

Con esta semblanza del personaje, pasemos a la Editorial que tomó su nombre:

Fundamentalmente creada el 12 de diciembre de 1985 –en su 84º. Aniversario-- para dar cabida a las obras de nuestros periodistas. Uno de los proyectos de la misma era fomentar también publicaciones para jóvenes y niños, utilizando los géneros más populares; entre ellos el humorismo gráfico y la historieta. En consecuencia surgieron revistas como “Cómicos”, “El Muñe”, y “Pablo” esta última con preponderancia para héroes de carne y hueso, no de papel.

En todas ellas participé activamente como editor junto al colega Manolo Pérez: La colección “Pablo” recreó algunas de las hazañas personales del joven Torriente, o relatos cortos que, escritos por él se convirtieron en clásicos del género. Aquí mostramos una de las portadas de “Pablo” realizada por Orestes Suárez, y a continuación una de las páginas interiores en blanco y negro.

Si Virgilio Martínez fue “el duro de la historieta”, Orestes resultó el más adelantado de sus alumnos. Su pluma no sólo se recreó en otros héroes nuestros como Maceo, Martí, o Máximo Gómez, sino que también dio vida a personajes de ficción como Inés, Aldo y Beto, Camila, etc.

Ambos tuvimos además el honor de asistir en representación de Cuba al Primer Salón Internacional de Historias em Quadriños de Río de Janeiro, en noviembre de 1991.

En la combinación gráfica, a la izquierda el logotipo de la Primera Bienal de Historias en Quadriños, Río de Janeiro, obra realizada por el afamado artista local Ziraldo Alves Pinto. A la derecha, bajo el estandarte que cuelga en la entrada del salón de exposiciones, posan: Al centro con camisa a cuadros, Orestes Suárez, a la derecha con camiseta roja, menda, y a la izquierda el caricaturista costarricense Oscar Sierra (Oki). El transeúnte carioca, --jaba en mano--, que por poco echa a perder la instantánea, juro que no lo conozco.

Además, Orestes es el único artista del patio que desde hace varios años colabora periódicamente desde Cuba con la Editora Italiana Sergio Bonelli, ilustrando las hazañas de diversos personajes de dicha colección.

La obra de este artista gráfico es tan extensa y cautivante que prometemos autorizadas opiniones de quienes han investigado su obra con profundidad. Sean estas semblanzas un pálido reflejo de nuestra admiración y respeto por el colega que en el transcurso de este año cumplió 60 años de edad, aportando de por vida en cada viñeta, el dramatismo y la fuerza de su trazo inconfundible.

Pero volvamos a nuestro héroe:

En la entrevista que la colega Miriam Rodríguez Betancourt le hiciera a su única hermana en vida, Ruth de la Torriente, para “juventud Rebelde” el pasado 22 de agosto, ella describe así a Pablo:

“Alguien muy alegre, lleno de optimismo. Siempre dispuesto a la aventura, como debía estar un joven en todo momento. Alguien que hacía maldades, disfrutaba el deporte. No era bailador, ni fiestero, pero le sacaba la risa hasta a lo más difícil. La música y el cine le fascinaban. Uno al que le encantaban los animales y el campo. Y los conocía profundamente”. “

A la pregunta. ¿Cuál es su escrito preferido de él? Ella responde:

“Las aventuras del soldado desconocido cubano”.

De Pablo de la Torriente Brau, habría mucho más que contar, pero sobre todo mucho que leer y aprender de lo bueno que hizo o escribió durante toda su breve pero meteórica existencia. En cuanto a su veta humorística, coincido con Ruth y me limitaré a extraer algunas frases de su antológica “Aventuras del Soldado Desconocido Cubano”.

Sabido es que en carta a Raúl Roa, su amigo revolucionario y futuro prologuista de la obra, Pablo le escribe desde Nueva York el 4 de agosto de 1936, dándole a entender que la novela estaba casi terminada pero, apremiado por la fiebre revolucionaria, tenía la intención de irse a Europa para defender la República Española de la amenaza fascista.

Quiso el destino que muriera combatiendo en las trincheras de Mahadahonda, en las cercanías de Madrid, el 18 de diciembre de 1936, cuatro días después de cumplir sus 35 años de edad.

Pablo de la Torriente había dejado inconclusa la historia de HIliodomiro del Sol, el Soldado Desconocido de Arlington.

Ya el tono burlesco del personaje nos da una idea del contenido. En él Pablo vuelca toda la ironía que le permite su condición de combatiente revolucionario, comunista de corazón y humorista de buena cepa. A continuación me he atrevido a sintetizar algunos aspectos de la humorada:

“A pesar de aquella famosa caricatura, de quien sabe que ignorante, que pintaba al Kaiser y su Estado Mayor buscando a Cuba en un mapa, al recibir la noticia de que ésta le había declarado la guerra a Alemania, lo cierto es que podía afirmarse que la Guerra Europea la ganamos nosotros”…

Sobre la imposición de una cláusula chantajista que se aplicó a la naciente República amenazada por la intervención militar permanente del naciente imperio ironizó de esta manera:

“….Existía en la Constitución de la República un apéndice denominado Enmienda Platt, a virtud del cual, nosotros para declarar la guerra a cualquier otra nación, teníamos que contar con la venia de Estados Unidos…” “…Los periódicos nos sorprendieron con la noticia de que los Estados Unidos le habían declarado la guerra a Alemania. Sin duda se había cometido una violación “ética” del tratado entre las dos potencias, cubana y americana…”

Hace jocosas comparaciones en lo siguiente:

“…Mientras el presidente Wilson se pasea hoy entre las grandes figuras de la historia, el general Menocal sólo se pasea por el Vedado, cuando no se cree obligado a hacerlo por Miami Beach…” “…Con igual razón nosotros podemos alegar esa paternidad por control remoto, como se dice ahora…” “…Lo prueba la caricatura ya mencionada de una manera irrebatible…”

En otro momento salta al análisis más generalizado de que:

“…Ni Francia, ni Inglaterra, ni Rusia, ni Italia, ni el Japón pudieron vencer a los poderes centrales durante cuatro años. Entramos nosotros, y a los pocos meses todo había acabado…”

Continúa explicando en qué residía el éxito de nuestras armas:

“…Al sacrificar el precio de nuestro azúcar hicimos factible el envío de ésta en grandes cantidades a Europa, con lo cual, como fácilmente se colige, fue posible que se le sirviera el café a todos los soldados en las trincheras…” “…Los soldados de esta zona permanecían desvelados largas horas, al paso que los alemanes eran vencidos por el sueño, y enseguida derrotados por los ataques nocturnos…” “…Y todo ello, a causa de nuestro azúcar, por donde se ve, nuestro gran aporte, no ya al triunfo de la guerra, sino a salvar la civilización…”

Y redondea la idea enfatizando que de haber ocurrido lo contrario:

“…Se hubiera dado el caso de haberse tenido que cancelar la guerra por sueño…”

En el prologuete, el autor responde a sus detractores:
“…Hay quien se encuentra un billete de cien pesos y todo el mundo se lo cree…
Cuando un novelista necesita que se acabe un libro, hace que determinado personaje mate al protagonista, y todo el mundo está conforme, y nadie protesta…Cuando en las película del Oeste, un cowboy dispara cien tiros con un revólver de seis cápsulas, todo el mundo se emociona y admite la creación del revólver-ametralladora, no sólo sin protestar, sino encantado… Cuando compra cualquiera un billete de lotería y durante veinte años no se saca un centavo, nadie protesta y todo el mundo sigue jugando…” “…¿Y se me va a negar ahora a mi el derecho de haber tropezado con el Soldado Desconocido, y el que éste me haya dado su confianza? ¡Vamos hombre! No hay que hacer caso a tales suposiciones y dejar el asunto a un lado…”

Tras la descripción que Pablo de la Torriente hiciera a Hiliodomiro del Sol, el soldado desconocido de Arlington, así nos imaginamos al protagonista del cuento. Estos son sólo algunos brochazos de la argumentación que Pablo de la Torriente esgrime para la introducción de su hilarante novela. Si el prólogo es así, ¿qué puede esperarse de las Aventuras del Soldado Desconocido Cubano?

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