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21 nov. 2010

EL SÍNDROME DE LA COLETILLA.

Cuando preparábamos los materiales para esta edición, un titular del diario “Granma” el pasado 8 de noviembre me sorprendía, y de paso me obligaba a cambiar los planes. Decía así:

“Falleció el destacado periodista Baldomero Alvarez Ríos”.

La nota, por escueta, no podía suponer la trascendencia de la pérdida. Me remontaré a mediados del pasado siglo, cuando apenas bajaba letras como linotipista en el taller del diario “El Mundo” cuando ya Baldomero era una figura destacada al frente del Colegio Provincial de Periodistas, perseguido por el régimen de facto, y clave en la depuración hecha a quienes faltando a la ética, se “bañaron” durante la dictadura batistiana, mediante la obtención de “botellas”, versión criolla de las sinecuras oficiales: Una de las más solapadas prebendas del sector.

Corrían los primeros días del 1960. Aquellos corruptos eran los mismos mercenarios que fraguaban bolas contra la Revolución naciente en la prensa todavía en manos de la burguesía. La lucha ideológica nos unió. Obreros de los talleres gráficos, junto a los locutores nos sumamos a una campaña periodística inédita hasta entonces, y que fue dirigida por la mano maestra de Baldomero bajo el nombre de “La coletilla”. http://www.cubaperiodistas.cu/noticias/noviembre10/08/03.htm

¿En qué consistía dicha coletilla?

Veamos cómo la describe en ese mismo trabajo su compañero de luchas Ernesto Vera:

“Cada artículo en que se difamaba a la Revolución era publicado, pero al final del mismo salía una coletilla declarando que la anterior información era divulgada en nombre de la libertad de prensa existente en el país, y decisión del director del periódico, pero que los periodistas y gráficos de la publicación la consideraban falsa, por tanto no estaban de acuerdo con la misma. Este método fue puesto en práctica también en la radio, y Baldomero fue su principal impulsor…”

Si usted acude en estos momentos a cualquier hemeroteca donde se conserven publicaciones cubanas de la época, hallará algo muy curioso: Algunos espacios en blanco, que debían estar cubiertos por editoriales o comentarios de opinión, pues los directores prefirieron dejar esas lagunas antes de que se publicaran criterios ajenos a sus intereses de clase, o dirigidos a contrarrestar sus falacias, casi siempre en contra de los intereses de los más humildes. En plena Revolución el pueblo seguía siendo “ninguneado” por los poderosos.

El coletillazo resultó demoledor a pesar de la intervención de un nuevo y solapado agente encubierto del Tío Sam, la SIP (Sociedad Internacional de Prensa) y su representante: Un tortuoso personaje identificado como “La oreja peluda de la CIA”.

Los accionistas y directores de los medios tomaron la decisión de declararse víctimas, tras siglos como victimarios. La salida lógica era el “auto-exilio”… y… ¿Dónde si no?

Precisamente la intervención revolucionaria de “El Mundo”, al finalizar el primer trimestre de 1960 me llevó del linotipo a la mesa de dibujo El primer sorprendido fui yo, al substituir casi de sopetón al titular Antonio Prohías, quien había tomado partido por los ex-propietarios en su periplo hacia el “Sueño Americano”.

Un año antes había vuelto a encontrarme con Baldomero Álvarez Ríos, esta vez en la recién inaugurada Agencia de Noticias “Prensa Latina” fundada por el Che, donde él fungía como vice-director. Acudí en mi condición de dibujante, y gané allí mi primer salario como dibujante profesional de la prensa.

En aquellos días inolvidables, mi lápiz juguetón dejó constancia gráfica de algunos de los compañeros de entonces, entre ellos el propio Baldomero. Sea pues éste mi modesto homenaje póstumo a quien por sus indiscutibles méritos revolucionarios, profesionalidad, sencillez, honradez y enseñanzas, merece ser recordado por siempre.

El caso de la “coletilla” no se ha repetido jamás en nuestro continente. Más bien, todo lo contrario.

Cuando la piedra en el zapato del gigante de las Siete Leguas le molesta, por muy democrática que sea, debe ser eliminada, pero de forma podóloga: Que la víctima parezca victimario, y para ello nada mejor que el terrorismo mediático de la gran prensa, que ha sido utilizado no siempre con igual éxito contra sistemas legalmente constituidos: Recordemos sin salirnos de su “patio trasero” los casos cercanos en tiempo o espacio de República Dominicana, Chile, Nicaragua, Venezuela, Bolivia, Honduras, y últimamente Ecuador. Detrás de cada gorila siempre habrá “botelleros” a sueldo.

Los tiempos cambian; tal vez ya no hagan falta nuevas coletillas, sino saber utilizar los medios alternativos que surgen del propio desarrollo científico-técnico en un mundo cada vez más globalizado e interconectado. Deseos, conocimientos, y voluntad, deben unirse para vencer al Imperio y Baldomero nos señala el camino.

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