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7 jun. 2012

¿CRÓNICA DE UNA EPIDEMIA O EPIDEMIA CRÓNICA?

Si algo caracteriza al cubano es su expresividad musical, su carácter extrovertido, su temperamental explosividad, su exageración innata. De ahí que algunos investigadores sociales, tras un examen minucioso hayan exclamado: --Ustedes, o no llegan, o se pasan.
Les otorgo el beneficio de la duda, pero el fenómeno es real y llega hasta el punto de la planificación física urbana. Veamos según el diccionario la definición de la palabra esquina: Se trata de una arista, un chaflán, un recodo, un cantón, en fin: Una confluencia de dos calles en un punto dado.
Pues bien: ¿Cómo se explica una esquina caliente en la cola del pollo que ya viene congelado; en una oficina adecuadamente climatizada; o cada cinco metros en cualquier acera o parque de cualquier ciudad del país, donde concurran más de tres personas?
La lógica indica que se trata de una pandemia originada por el virus del deporte nacional, o sea La Pelota.
Cada país o región del mundo tiene el suyo, como el alpinismo en los Alpes suizos, el criquet en la India, o el golf en las canchas residenciales de Wall Street.
Pero lo de Cuba es una enfermedad crónica, que lo mismo ataca a chicos que a grandes, mujeres u hombres. Sería la única razón por la cual Flora, la octogenaria de mi cuadra, rechace la “Passione” telenovela brasileña por un juego entre Industriales y Matanzas o Ciego de Ávila.
Tras el fenómeno acústico de las vuvucelas surafricanas en el último Mundial de Fútbol, la industria del escándalo nacional dejó atrás el entusiasmo del coro gigante dirigido por Armandito el Tintorero, o la conga santiaguera; y surgió la trompetica escandalosa --importada o por cuenta propia—pero sobre todo irresistible e incansable. Puede durar los nueve capítulos de un partido normal sin descanso entre los turnos al bate, o extenderse a extra innings.
Tremendo castigo para la Trompa de Eustaquio de árbitros, y peloteros, y vecinos. Los televidentes tenemos la ventaja de ver el juego en la pantalla y apagar el audio. Claro, nos perdemos también los comentarios, pero ¿quién sabe más que yo de beisbol en Cuba?
Antes de esta serie del 2012, para apreciar un tigre o un león rugiendo de verdad teníamos que trasladarnos al Zoológico. Cuando íbamos al Museo de Ciencias Naturales teníamos que conformarnos con verlos mudos y patisecos.
Hoy, con la iniciativa popular y el desarrollo de la artesanía “Art-Attack” hemos convertido nuestros estadios de beisbol en originales carnavales de muñecones saurios y felinos en todos los tamaños y realizados en cualquier soporte, para beneplácito de la fanaticada. Recordemos que los cocodrilos matanceros regresaron a la Ciénaga de Zapata con la cabeza bien en alto, y los leones cayeron con las melenas puestas.
¡Bienvenida sea esta febril alegría del pueblo!
Por nuestra parte, se acabó lo que se daba en este play-off costumbrista. Los espero con nuevas viñetas para vernos por dentro en próximos desafíos.

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