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22 jun. 2012

DUELO EN LA MANIGUA

ACLARACIÓN: En correspondencia con el tratamiento literario-icónico de este trabajo hemos querido ilustrarlo con episodios afines ya publicados por la Editorial Pablo de la Torriente en el 2008, bajo el título de  "Historias Mambisas”. Para conformar ese libro fueron seleccionadas  las historietas “Rompecoco” por Tulio Raggi y Juan Padrón; “Voluntad Férrea” por Orestes Suárez; y “Emboscada Mambisa” por Francisco Blanco (padre e hijo). Además del retrato de su protagonista principal.

Hay pasajes de nuestra historia que por sus características se acercan más a la aventura que a la realidad, y de eso se trata en este suceso. Desde mi punto de vista “Duelo en la manigua”  puede escribirse como un argumento de cuento, de historieta, de guión cinematográfico, o de tele-play.
Si me lo permiten, mis amables vecinos, así se lo cuento:
MARCO HISTÓRICO: La acción  se desarrolla en el Departamento Oriental de Cuba a partir del alzamiento de Yara, en 1868, cuando la llama libertaria comienza a extenderse por gran parte del territorio.
PROTAGONISTA PRINCIPAL: José Guillermo Moncada, nacido en Santiago de Cuba el 25 de junio de 1841. Guillermón--como se le conoce generalmente--llegó a alcanzar los grados de Mayor General del Ejército Libertador, por su participación en las tres Guerras Independentistas del siglo XIX en Cuba.
Con dichos antecedentes comencemos la trama:
FEBRERO DE 1871: En un campamento mambí, rodeado de tupido bosque, el comandante Rustán, gravemente herido en la batalla anterior dicta una carta al Estado Mayor desde su hamaca: “… --Guillermón, el más valiente de mis capitanes, es bueno, bravo, y se puede contar con él…”
Más adelante, junto al designado, lee la copia frente a la formación:
--Y por todas esas razones lo nombro interinamente al mando del regimiento.
A tres meses exactos de asumir el cargo, en un lugar conocido por unos como Palenque y por otros Peladero, el nuevo jefe se dirige a sus subordinados:
---Mis valientes, es hora ya de darles un escarmiento a esos traidores de Santa Catalina del Guaso…”
Seguidamente se oyen los comentarios en las filas:
--No son cubanos, son asesinos a sueldo de la Metrópoli.
--Y su jefe, Miguel Pérez es un tránsfuga provocador que se las da de guapo.
Moncada agrega:
--Es cierto, hasta ahora han abusado de los lugareños, quemado plantaciones,  y matado a muchos guajiros indefensos, pero les ha llegado la hora. Vamos a prepararles una batida en los próximos días.
El lugar escogido por el bisoño oficial está bastante cerca de Mayarí Arriba, y en el ascenso por los empinados senderos de la Sierra, la vanguardia ve cierto cartel clavado a un árbol y alerta a su jefe, quien responde:
--Arránquelo y léalo en alta voz para que los que no sepan leer se enteren.
El indicado cumple la orden:
“…Guillermón Moncada, donde quiera que se encuentre: Mambí, no está lejos el día en que pueda sobre el campo de la lucha bañado con tu sangre, izar la bandera española sobre las trizas de la bandera cubana. Firmado: Miguel Pérez Céspedes…”
--Bien, --contesta Guillermón—vamos a responderle en el mismo árbol que él escogió. Escriba, asistente:
Al abandonar el lugar, sobre la áspera superficie del tronco un cartel señalaba:
“…Por dicha para mí, se aproxima la hora en que mediremos nuestras armas. No me jacto de nada, pero le prometo que mi brazo de negro, y mi corazón de cubano, tienen fe en la victoria. Y siento que un hermano extraviado me brinde la triste oportunidad de quitarle el filo a mi machete, mas, porque Cuba sea libre hasta el mismo mal es bien…”
La respuesta del recio combatiente no tardó en hacerse realidad cerca de Mayarí Arriba, cuando localizan a la partida enemiga en un claro del monte.
--Vamos a rodearlos para que no puedan salir del cerco. --Ordena el jefe mambí, y al poco rato, a su grito de:
 --¡Adelante mis valientes!-- Comenzaron los disparos.
La batalla fue sangrienta y duró alrededor de cinco horas. Hombres y bestias bañados en sudor y sangre, se confundían entre la pólvora y los machetazos.
Ante el empuje mambí cedían los traidores, y de pronto  un centinela advierte: -----¡Comandante, allá al fondo!... ¡Se nos va Miguel Pérez!
Como un resorte varios jinetes se lanzan tras el renegado, y al rato es rodeado por los mambises que, enfebrecidos por el combate y la cobardía del jefe enemigo, tratan de ajusticiarlo. En ese momento, a sus espaldas un grito apasionado los paraliza:
--¡ALTO! ¡QUE NADIE ME LO TOQUE!
Era el jefe Guillermón Moncada, que una vez ante el fugitivo y con voz más calmada le susurra:
--Vamos a ver si es usted tan bragado como decía.-Y ustedes, --dirigiéndose a sus hombres-,-- ¡Qué nadie se meta!
Con la misma, se hace un ruedo, y ambos rivales a camisa quitada se enfrentan en un duelo sin precedentes en la manigua cubana.
EL final lo cuenta una de aquellos testigos presenciales, el mensajero mambí enviado al Estado Mayor, cuando informa del hecho al General Máximo Gómez:
--El traidor Pérez era valiente, impetuoso en el combate; pero Guillermón, sereno, fue asestando golpes efectivos con su afilado machete hasta que lo dejó mortalmente herido. Aquí le envía las insignias y el arma del renegado, que había sembrado el terror en los campos guantanameros.
Ese mismo año se le impusieron a Mocada las estrellas de Teniente Coronel y las de Coronel en 1873. Combatió en Camagüey junto a Máximo Gómez, quien se expresó así de él:
Este Guillermón vale mucho, además de muy valiente, tiene dotes de mando y gran habilidad estratégica (…) si no lo matan, llegará muy lejos…”

Y así fue. Guillermón Moncada termina la campaña del 68 como Jefe de la Brigada de Mayarí. En la Protesta de Baraguá, formó filas con Maceo. Durante la Guerra Chiquita Calixto García lo ascendió a Mayor General, al final de la contienda escapó de Cuba pero fue capturado en alta mar, por lo que cumplió condena en cárceles españolas, y más tarde también en Cuba.
Como consecuencias de la insalubridad en prisión, adquirió la tuberculosis que padeció hasta sus últimos días, pero eso no fue obstáculo para que estuviera entre los primeros alzados del 24 de febrero de 1895.
Su última gran hazaña fue establecer su campamento en Mayarí para facilitarle el paso a Martí, Maceo, y Máximo Gómez desde Playitas en Guantánamo hasta el  firme de la Sierra.
A tres meses del Grito de Baire, en la noche del 5 de abril, en medio de la manigua redentora, y en una humilde hamaca guerrillera, falleció el General de las Tres Guerras.
Tanto el bullicioso estadio Guillermón Moncada, sede de las combativas avispas santiagueras de nuestra pelota; como el Cuartel Moncada –cuna del 26 de Julio—, y antes Cuartel Reina Mercedes, donde guardó prisión y adquirió la tisis que lo llevó a la tumba; son--entre otras muchas instituciones y obras revolucionarias-–testigos vivientes de su valentía, entrega, y patriotismo.
Por último damos crédito al colega Pedro Antonio García, de cuyo artículo “Guillermón Moncada: El mambí que levantó a Oriente”, publicado en la revista BOHEMIA el 26 de marzo del 2010, hemos realizado esta versión libre que esperamos haya sido de vuestro agrado.

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