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23 jun. 2012

LA PROFUNDIDAD DE POZO

Hace apenas unos días  exactamente el pasado 10 de mayo  falleció en nuestra capital, el periodista Alberto Pozo, acucioso investigador y especializado en el periodismo de opinión, nada menos que en el delicado, complejo, y cambiante espectro de nuestra economía.
Con todo el respeto que me siempre me mereció, pero también con el mismo cariño que nos prodigábamos, me tomé la libertad de titular esta semblanza “La profundidad de Pozo”. No me arrepiento del símil. Así lo recuerdo, y no de otra manera  desearía hacerlo, pues abordaba los temas con tal calado y mesura que aún están  vivos en mi memoria.
Pero dejemos que alguien más autorizado que yo: Su actual heredero en las páginas dedicadas a temas  económicos y financieros de la revista BOHEMIA, Ariel Terrero, nos lo describa en su reciente trabajo del 15 del pasado junio titulado “Cuentas Claras”.
“…Desde los años 60 defendió en esta revista, a la que entregó buena parte de su vida profesional, temas muy vigentes hoy, como el ahorro, la sustitución de importaciones, la calidad, y la cultura comercial. 
Con creatividad en los recursos periodísticos, y una humildad tan grande como su sabiduría, Pozo desplegó esa labor  al frente de Bohemia Económica y en la columna personal Criterios. También enjuició aristas del comercio, la gastronomía y los productos Hecho en Cuba en un popular espacio televisivo de la Revista de la Mañana, entre otros medios. (…) Una falla observada por Pozo hace 30 años --BOHEMIA, 30 de agosto de 1982—debilita todavía hoy cualquier intento de reordenar el comercio; la ausencia de un sistema de información orientado al consumidor, que lo guíe en un mercado ahora cambiante,  cada vez más complejo, y que aporte a las cadenas de tiendas elementos para conocer las necesidades reales de sus clientes. (…) Méritos le sobraban a este sereno polemista para recibir en 1999 la máxima distinción de los periodistas cubanos, el Premio José Martí por la obra de la vida…”
Mucho más podría agregarse a estas opiniones, pero preferiría regresar al presente:
En los últimos años, jubilado igual que yo del sector, pero no retirado de nuestra pasión periodística, coincidimos en un lindo proyecto auspiciado por la Unión de Periodistas de Cuba: El grupo asesor que aporta sus experiencias y conocimientos a las nuevas hornadas de comunicadores en los medios.
Tenemos un órgano de divulgación, el boletín LA ESPONJA, --juro que, aunque parezca humorístico, yo no tuve nada que ver con el bautizo--. Y a partir de hace unos tres  años aproximadamente, me encargaron las ilustraciones de una serie de viñetas históricas relacionadas con las nacionalidades que intervinieron en la formación del pueblo cubano, su autor era nada menos que Alberto Pozo.
Para mi el encargo de la UPEC constituía  un  honor y un privilegio. Compartir la sección con un coetáneo—así nos reconocíamos en el grupo—de tal envergadura.
Fueron entre doce y veinte caricaturas. (Las viñetas costumbristas en colores que acompañan este trabajo, son precisamente algunas de las ilustraciones que realizamos para esas últimas incursiones del investigador Albero Pozo en nuestras raíces históricas. Espero que sean de vuestro agrado.)
Lamentablemente en lo que va de este año 2012, su estado de salud interrumpió las entregas, por lo cual no me brindó la oportunidad de continuar colaborando con su apreciada saga, y de igual forma me informan de otros proyectos editoriales suyos.
Por todas estas razones, y muchos otros merecimientos obtenidos en su extensa y destacada carrera profesional, pero sobre todo por su humanismo, modestia y lealtad, el colega Alberto Pozo merece el respeto y la consideración de todo nuestro pueblo.

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