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7 jun. 2012

EL DIA DE LOS PADRES

El próximo día 17 de junio se celebrará el Día de los Padres en Cuba, y eso me trae a la mente que hace exactamente un año, ese domingo coincidió con mi regreso a la patria. En aquella ocasión fui invitado por primera vez a  los Estados Unidos para celebrar el primer cumpleaños de mi primera nietecita  Miranda.
Soy un octogenario cubano, a mucha honra. Muchos de mis familiares y amigos han quedado en el camino. Mi libreta de teléfonos  cada día está más triste, flaca, y vacía.
Todo esto viene a relucir porque desde que llegué aquel domingo festivo del 2011, a pesar de las nuevas tecnologías y el bombardeo sistemático de los medios informativos; familiares, vecinos, y hasta colegas de la prensa, me preguntan. --¿Cómo es eso por allá?
Trataré de ser lo más concreto posible:
En primer lugar Miami no es La Habana, y mucho menos Cuba. Por su  gracia y jacarandosidad, más parecido tenemos con Cayo Hueso.
Allá: Si no tienes carro climatizado estas frito: Primero, por las distancias; segundo, la premura en todo; y sobre todo, el calor incluso en primavera ardiente como la que me tocó a mi.
Como soy jubilado, es decir veterano de a pie, me quedo con lo mío. Es que la Florida tiene la misma temperatura nuestra; pero yo puedo salir de la Esquina de Tejas y llegar caminando al refrescante Malecón habanero bajo la sombra de los portales de Monte hasta el parque de la Fraternidad, y de ahí bajar por todo el Prado. También pudiera hacerlo desde los Cuatro Caminos, por Belascoain hasta el Parque Maceo.
Del  Malecón no abundaremos porque  en el mes de mayo hablamos de él en este blog, y la foto que mostramos ahora de la Plaza Vieja en la Habana Vieja, es sin embargo nueva, y muestra lo dicho.  Si se fijan bien notarán  que se le puede dar tantas vueltas a dicho emplazamiento sin coger sol; sólo caminando por la sombra de sus soportales.
Si algo le debemos a nuestro Eusebio Leal es el disfrute de “Andar la Habana”. Creo que nuestra capital es el único lugar del mundo donde al alienado turista se le hace camino el andar.
Veo a Miami como una postal de esas en colores: Todo lindo, todo limpio, todo ordenado, al estilo de los museos o a una sala de operaciones, con olor a desinfectante: Los edificios modernos; la Avenida Collins y su muestrario de arquitectura art-deco, las amplias autopistas con más de 8 sendas. Los Speedways, los Causeways, y los Expressways, te dejan ¡Way! Allá no way portales, ni frondosos árboles protectores. Y si  quieres cruzar uno de esos caudalosos ríos de asfalto hirviente, ni te atrevas. Busca el semáforo más cercano tres millas adelante, o quedarás en el way.
Pero, no todo es malo. Vi cosas increíbles: Por ejemplo, nuestras tiendas de lujo en el pasado eran tan exclusivistas que no empleaban mujeres y mucho menos subiditas de tono. ¿Y los bancos? ¿Recuerdan aquella primera portada de PALANTE?
Actualmente en los supermercados, Molls, shoppings, y similares visitados por mi, la mayoría de los dependientes son mujeres y hombres “de color” o “latinos”, los  había también  en servicios públicos como correos, guarderías y bibliotecas, entre otras muchas instituciones estatales. Como si la discriminación de antaño en EEUU.se hubiese socializado. No puedo afirmar lo mismo de los bancos, bufetes, y las grandes corporaciones, porque en todo ese tiempo no entré en ninguno.
Yo me pregunto ¿A qué se debe esto? ¿Son más bajos los salarios? ¿Estarán obligados a redondear sus ingresos con los “tips”? ¿Será acaso ese 99% de empleados públicos a quienes primero les llegan los recortes y los despidos en las crisis como las actuales? Porque dajémonos de cuentos, en EE.UU. todo se mide con dinero.
A propósito, en  las grandes tiendas por departamentos y otras menos agraciadas existen por miles letreros llamativos que dicen SALE, SALE y ninguno ENTRA, ENTRA. Gracias a mi traductor personal descubrí que la clave del éxito está precisamente en ese ÉXIT; sólo por allí pude salir.
En la calle, nadie te para o te advierte nada y no hace falta: Por doquier avisos de todos tamaños y colores son suficientemente explícitos en inglés, cuyo incumplimiento se traduce en multas y penalidades que dan pena..
Apenas vi policías de tránsito, además innecesarios; para eso están las cámaras sincronizadas a los semáforos, sin contabilizadores de segundos que te adviertan como los “chinos” nuestros. Por lo tanto, a las vías rápidas, la alta velocidad y los cambios de luces instantáneos, se suma una tecnología de punta, con la que el chofer no puede discutir, porque no se le amonesta.
Al día siguiente por internet te llega una linda instantánea por valor de 100 USD, donde ves como las gomas delanteras de tu auto pisan ingenuamente la raya cómplice del fisco, mientras un guiño lumínico señala que te llevaste la amarilla. ¡Imagínate cuánto si fuera la roja!
Allá todo está limpio, reluciente y climatizado, desde el automóvil y las oficinas hasta las viviendas. No hacen falta campañas contra el tabaquismo.
Tampoco esas que dicen: “Un incendio puede evitarse”; pues en auto cerrado no entran moscas, ni humo tampoco; en las oficinas menos, y en tu propia casa, --si estás tenso--, debes salir a fumar al patio o al parqueo, pues al menor humito suena la alarma y se desencadena la parafernalia de los bomberos, --con sus equipos, sus sirenas, y sus costos--, que también te los pasan por la piedra, perdón, por correo.
Hay otras muchas vivencias de ese corte, captadas aquí y acullá. En cada una asoma la oreja peluda de la coerción económica.
Del 911 y el FBI nada les cuento porque, de continuo desayunamos, almorzamos, y comemos en Cuba  con ellos. No hay un dichoso serial, o teleplay foráneo que los dejen en paz.
El teatro, el cine, los museos, los zoológicos, todo cuesta --¡y cómo!-- de ahí que nuestra diversión cotidiana fuese la televisión, con una programación las 24 horas, en decenas de canales –algunos en Español y otros intraducibles--donde priman la publicidad y las ventas de quemazón, como aquellas antiguas del “Machetazo” en Cuba.
Los más viejos conocemos ese gancho de…-Rebajado a $999.99-- en vez de mil verdes. Para los que no sepan ingles, les traduzco: Son 24,000 pesos M/n.
En cuanto a las películas, usted debe prepararse a verlas descuartizadas, o sea por capítulos--como las telenovelas—porque cada 15 minutos son interrumpidas para venderle un carro que no necesita, o un descuento de cualquier producto que tampoco le hace falta. Si no dispone por lo menos de cinco horas, ni lo intente, o le tendrán que contar el final al día siguiente.
Vi algunos espacios humorísticos aceptables, pero la curiosidad del criollo es tanta, que son conocidísimos en Cuba; pero quiero detenerme en otros de gran impacto para la teleaudiencia de origen latino. Como es el programa “Caso Cerrado” en español, diseñado acorde con el gusto estereotipado de los patrocinadores, o sea “típicamente latinoamericano”.
Cuenta con la Dra. Pola, una abogada-conductora que sabe de leyes, con un carisma especial pues… ¡Hasta canta entre comercial y comercial! Por tanto, no pude sustraerme al impulso de hacerle una caricatura personal viéndola en la pequeña pantalla. ¡ALLÁ VA ESO!
Soy lego en la materia, pero siento que los casos que se presentan, o que pude ver en esos días,  tienden a exacerbar nuestros defectos, o sea la chusmería, la guapería, las palabrotas. Incluso se les permite a los litigantes ofenderse mutuamente, o irse a las manos en medio del juicio. En fin: ¡El reality-show vigueta con la guapería del solar llevado a los tribunales el sopapo en vivo y en directo!
En cuanto a los dibujos animados. Tal vez sea una apreciación muy personal, pero los personajes de Disney de antaño, tan humorísticos y alegres, se han vuelto sosos, retóricos, y faltos de gracia. El Mickey y el Donald de mi infancia, tan dinámicos y sorprendentes, parecen hoy estirados profesores dando clases de latín antiguo o de trigonometría. Me quedo pues con Elpidio Valdés, Fernanda, Chuncha, o el Capitán Plín; pero sobre todo, con esos maravillosos dibujos animados musicales del ICAIC, en las voces de Teresita Fernández, Lubia María Hevia, y otras tantas voces especializadas en la canción infantil. ¡VIVAN PUES EL CUBANIMA Y LA COLMENITA! 
Todas las comparaciones son malas, pero quisiera terminar con mi impresión de lo que acaba de transcurrir en Cuba y lo que presencié allí hace aproximadamente un año:
La final  del Play-Off entre Ciego e Industriales fue algo tan emocionante y espectacular que deberá pasar como récord  a la Historia del deporte del beisbol cubano.
Allá fui invitado a un partido nocturno entre los  Florida Marlins  y los Washington Nationals. Como constancia de ello les muestro el boletín de entrada al estadio viejo, el Sun Life Stadium de Miami. El nuevo acaban de estrenarlo este año. Pero nos cobraron como nuevo, pues el parqueo resultó muy caro, la entrada a las gradas del centerfield por el estilo, y el juego bastante monótono. Claro, el público no toca ensordecedoras cornetas ni congas bullangueras en las gradas, para eso están los altoparlantes que solo molestan entre innings. Después, silencio absoluto. (Parece que también hay multas). Lo cual agradecen peloteros, umpires y mi Trompa de Eustaquio en particular.
Del partido no recuerdo nada importante, sólo la voz de mi hijo cuando dijo: -- El cuarto bate Sánchez, ése de primera, es un cubano, pero de aquí.
Todavía a un año de aquella expresión, sigo pensando qué me quiso decir.
Lo del baloncesto era distinto; se discutía la final de la NBA y resultaba dificilísimo con$$$eguir entradas. Nos conformamos con ver los partidos por televisión ya que los famosos Bulls (Toros) de Dallas enfrentaban a los Heats (Candela) de Miami. Había un trío de ensueño por los locales: Leblon, Wade y Bosh. Tampoco pasé por alto esta oportunidad, y aquí les dejo mi impresión musical de ese trío:
El ambiente previo a la gran final era también candente: Cientos de afiches, autos circulando con banderolas desplegadas, y otras excéteras publicitarias en cada rincón de la ciudad te abrumaban. Las tiendas repletas de camisetas deportivas, pero el precio aumentaba según el número en la espalda del basquetbolista correspondiente. Las del famoso trío costaban tres por tres, veces más que el resto. Y en la calle las conté por cientos entre los y las jóvenes, --por cierto, me dio más busto verlas a ellas, que a ellos.
Pero sucedió algo insólito, los Heats se enfriaron de tal manera que perdieron el partido final. A la mañana siguiente…¡La cagástrofe!
Como si hubiese explotado una bomba de neutrones dejando la ciudad intacta pero la gente atomizada. Las tiendas amanecieron con rebajas astronómicas en los mostradores de las camisetas deportivas. No había clientes, y me imagino que ni regaladas los floridanos las aceptarían.
A los pocos días desaparecieron por completo, y me perdí  la oportunidad de pacotillar una ganga para mi nieto del lado de acá del charco. Esa fue la última impresión que me llevé antes de regresar, y como ven, --tanto en las buenas como en las malas-- allí todo depende del dinero. Dicen que este año la historia se repite, pero en vez de tres héroes del basket sólo quedaron dos bajo el aro, como si la crisis financiera y los despidos hayan invadido   el tabloncillo.
¿Hasta los presidentes? En noviembre habrá elecciones. Veremos si también les toca a ellos.

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