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6 dic. 2010

BODAS DE PLATA.

A veinticinco años de su fundación, (12-12-1985) la Editorial Pablo de la Torriente muestra resultados que ratifican la correcta iniciativa de crear un espacio a los periodistas cubanos para dar a conocer las obras que por su extensión o tratamiento no podían ofertar las publicaciones periódicas. De ahí la variedad de géneros artísticos y literarios que fueron beneficiados por el proyecto.

Me tocó muy de cerca este sueño, pues recién dejaba la dirección del semanario “Palante”, y el compañero Ernesto Vera, presidente histórico de la UPEC, me solicitó la incorporación al mismo; aquella ensoñación resultaba para mi un honor y al mismo tiempo un placer. Mi aporte iba dirigido a editar y fomentar nuevas publicaciones gráficas. Es entonces que a partir de 1986, comenzaron a publicarse cuadernos de caricaturas e historietas para todos los gustos, publicaciones que hasta ese momento se orientaban según las edades a sectores específicos de la población. Aquí ofrecemos la portada de una de ellas:

Desde el mismo comienzo, los estanquillos de prensa --sin distinción de credo, raza, sexo, o edad-- se llenaron de colorido y alegría, las tiradas agotadas en minutos, los niños presionaban a sus padres para adquirirlas, y los adultos esperando en cola para leerlas en segunda instancia. Algunos profesionales de la gráfica habían abandonado el sector por otras manifestaciones más rentables y al poco tiempo nos dimos cuenta de que había necesidad de formar cuadros. Muchos jóvenes autodidactas interesados en el dibujo humorístico y los “cómics” se acercaban como moscas al pastel, para darse gusto publicando sus obras.

Durante más de ocho años, en horario extra laboral mantuvimos el Taller Permanente de Historietas, tanto para guionistas como ilustradores, con lo que incorporábamos aficionados –algunos imberbes-- con aptitudes para realizar sus propias aventuras. Si desde el punto de vista editorial, aquello resultó un éxito, en lo formativo significó una motivación para desarrollar el necesario relevo con esa nueva cantera de diamantes sin pulir. Hay más, para nosotros, los veteranos, resultó un rejuvenecimiento al compartir ilusiones y resultados con jóvenes prometedores. Muchos de ellos pasaron después al dibujo animado donde brillaron y aún lo hacen por su capacidad y desarrollo. Sentimos en lo hondo la satisfacción de que aquellos esfuerzos no fueron en vano.

Tuvimos pues el privilegio de participar junto al compañero Manolo Pérez, en la edición de aquellas publicaciones periódicas como Comicos, El Muñe y Pablo. Pero además salieron de nuestros talleres colecciones monotemáticas de autores o personajes cubanos conocidos; cuadernos de pasatiempos y para colorear, en fin: Toda una gama de obras de gran demanda para niños de 8 a 80 años.

Desde el comienzo tuvimos el apoyo de instituciones y personalidades tanto cubanas como foráneas. Y tal es el caso de los editores italianos Dario Mogno, Franco Fossati, Nassim Vaturi, y Sergio Bonelli, que apostaron por nuestras proposiciones. Aquí vemos algunos de ellos compartiendo con nosotros durante una de las sesiones del Encuentro Latinoamericano de Historietistas organizados por la editorial de la UPEC. La crisis económica provocada por el llamado periodo especial a partir de los primeros años de la década del 90 provocó que muchos de aquellos proyectos quedaran engavetados como ocurrió con el libro “Pancho el Fronterizo” que presenté al concurso “La Palma Real” convocado por la propia editorial.

Según el prólogo, se trataba de una parodia del Lejano Oeste con sus cacerías de bisontes y pieles rojas, la fiebre del oro y la construcción del ferrocarril de costa a costa, como telón de fondo al despojo de más de la mitad del territorio mexicano. En ese escenario se mueve nuestro antihéroe, cuyo patronímico en español identifica su procedencia. “Pancho”, no sólo es fronterizo porque viva en esa tierra de nadie, sino porque el término también se utiliza para calificar a las personas cuyo coeficiente de inteligencia no rebasa los parámetros normales, lo que daba lugar a no pocas situaciones absurdas e hilarantes.

La saga –aún inédita--se proyectó para publicarla primero en italiano y con posterioridad en Cuba; lo que motivó el que en aquellos originales los “fumettis” --globos de los textos—apareciesen en blanco, mientras el guión iba aparte, para ser traducido en Milán, la sede de nuestros editores amigos.

Traigo a colación este caso por la actualidad que a más de veinte años ha adquirido esta situación con las nuevas leyes de inmigración que se pretenden establecer en el fronterizo Estado de Arizona, contra los dueños originarios de esos territorios al norte del Río Bravo y la posible imitación de otros “bravos” del Norte Revuelto y Brutal.

Aquí les presento una muestra de aquellas páginas de “Pancho el Fronterizo” y su fiel burrito “Platero”. También parodia y homenaje al gracioso pollino creado por Jacinto Benavente.

La crisis provocada por el periodo especial frustró aquellas iniciativas, y otras muchas de nuestra editorial, que a fuerza de voluntad y entusiasmo aún espera por tiempos mejores, aunque hay que reconocer lo que viene realizándose en aras de revertir esa situación.

Tal vez fuese aquel acontecimiento el que provocara mi prematura jubilación como periodista en activo, y el hecho de que continúe contra viento y marea este humilde blog personal para mantenerme en forma. Debo agradecer además a mis fieles vecinos sus palabras de aliento, sin las cuales no podría continuar. ¡Feliz Año Nuevo! ¡Nos vemos en el 2011!

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