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5 nov. 2011

ABRE LA MURALLA, CIERRA LA MURALLA

En la edición anterior, bajo el título de “El Día de la Raza, Un cuento chino” reprodujimos fragmentos de un trabajo donde se afirmaba científicamente que en 1421, ya los chinos habían llegado al Nuevo Mundo antes que Colón; entre otras cosas, porque su civilización estaba más adelantada en muchos aspectos que la cultísima Europa al finalizar la Edad Media. La Muralla China es símbolo palpable de ese secular desarrollo. Nunca he viajado al espacio exterior, por lo tanto sería incapaz de discutirle a los astronautas que ésa sea la única obra humana visible desde la Luna. Su construcción comenzó bajo los auspicios del Emperador Qin durante a Dinastía del mismo nombre, para proteger el imperio de tribus nómadas, pero su construcción se dividió en cinco partes hasta el 2201 A.N.E; o sea una pila de años. Estos datos nos llevan a reflexionar sobre la evolución de las murallas como construcciones que los hombres han levantado para protegerse de otros hombres o dividirlos, según propia conveniencia. En la Antigua Roma, miles de esclavos construyeron calzadas a través de todo el mundo conocido hasta entonces, para trasladar sus legiones e invadir los entonces llamados pueblos “bárbaros” –fíjense como muchos siglos antes de conocerse el terrorismo mediático, ya el idioma ocupaba la primera línea de combate frente a sus enemigos--, nosotros preferimos nombrarlos simplemente “nativos”, quienes construían pequeños poblados amurallados conocidos por castros. En un viaje que hiciéramos a Asturias en el año 2005 tuvimos el privilegio de asistir al descubrimiento de uno de ellos cercano a la aldea de Cerejeiras, Concejo de Grandas de Salime, en las riberas del Navia; incluso compartimos en una de las tabernas del pueblo con el grupo arqueológico universitario que celebraba allí el hallazgo. Como regalo les dejé mis caricaturas entre culín y culín. Cinco años más tarde, con motivo de inaugurar una exposición de caricaturas sobre el Caballero de París en su tierra natal, también bañada por el Navia, tuvimos la oportunidad de visitar la casa del padre de Mongo, Fidel y Raúl, Don Ángel Castro, en Láncara, Galicia, tal vez ese apellido provenga de los primitivos asentamientos poblacionales del norte español. Fue entonces que aproveché la visita para dirigirme a la capital provincial de esa región autónoma gallega: Lugo, Ciudad Amurallada, cuyos colosales muros son orgullo de sus habitantes, admiración de los visitantes y constancia de este hablante. Sin ir muy lejos, nuestra preciosa capital de San Cristóbal de la Habana, en sus inicios también contó con sus cercados amurallados, concebidos para protegerse de los ataques corsarios y piratas. Los enemigos de España no pudieron posesionarse de la capital hasta la Toma de La Habana por los ingleses en 1762. Precisamente, devuelta a España un año después tras el Tratado de París, comenzaron las obras de tan criolla muralla, que al cumplir sus 300 años fue objeto de una joco-entrevista que le hiciéramos la escritora Évora Tamayo y yo para el semanario PALANTE en 1974. Por su extensión sólo ofrecemos dos de sus viñetas humorísticas. Todo este valladar verbal que hemos levantado hasta ahora no es más que una excusa para abrir la brecha a una barrera mental que se ha mantenido a capa y espada por otro tipo de imperio más moderno, sofisticado y peligroso. Reflejado ya el carácter defensivo de esos antiguos muros fortificados. Los actuales --sin perder su agresividad-- pueden ser hasta virtuales, como el Paralelo 17 levantado en Vietnam para dividir a su pueblo y el Paralelo 38 con el mismo fin en Corea. ¿Por qué se demonizó durante todo el período de la Guerra Fría esa barrera calificada por la democracia occidental como Telón de Hierro? En 1989 junto con la caída del Muro de Berlín, el campo socialista, y la URSS, desapareció también el espectro del comunismo, dando paso al pensamiento único del Fin de la Historia, según los tanques pensantes y las directrices emanadas del Neoimperio. Para la lógica yanqui neoliberal hay un terrorismo malo y otro bueno. Lo mismo ocurre con sus muros. Los otros eran diabólicos, los suyos son piadosos; y digo suyos porque hay más de uno. Veamos: Si no existen enemigos, éstos deben inventarse y entonces aparecieron nuevas tapias y fantasmas. Este terrorismo del siglo XXI surgió de las ruinas de las Torres Gemelas, para amenazar a sesenta o más oscuros rincones del mundo. Tal vez la construcción del enorme malecón levantado a orillas del Río Bravo se edificó para impedir el regreso a la Tierra Prometida de “los hebreos del siglo XX” es decir, los “extraterrestres mexicanos”, ilusionados actualmente por el Sueño Americano. ¿Y qué me dicen de los judíos de verdad? ¿No les resulta paradójico que los sobrevivientes del holocausto en los campos de concentración nazis, sean los beneficiarios de otro genocidio semejante en Gaza y Cisjordania? ¿Por qué la industria de la manipulación sigue estableciendo muros buenos y malos? ¿Sionistas buenos y Palestinos malos? Y lo que es peor, calificar de antisemitismo todo lo que vaya contra los israelitas, y no contra los árabes, también pertenecientes a esa etnia. Nos hemos extendido tratando de entender la lógica de un nuevo milenio en que el monolingüismo digital se impone, aunque los traductores a sueldo de la gran prensa sigan manipulándolo a su antojo. Es difícil de entender un lenguaje donde todo lo banal y superfluo se vista de oropel Max Factor Hollywood para ocultar las desvergüenzas de un sistema como el capitalismo salvaje. Es hora de desnudar a ese poderoso caballero verde que se oculta tras otro muro enmascarado y en proceso de descomposición en el mismo corazón de la Gran Manzana y que es mundialmente conocido como Wall Street, que me recuerda una vieja cinta yanqui titulada “Callejón sin salida”.
Un 99 por ciento de los estadounidenses indignados tienen acceso al mismo a través de la avenida Broadway. El resto, --es decir-- el otro uno por ciento, mucho más afortunado, lo hace por medio de sus millonarias acciones de la bolsa. Lo que ha provocado el actual movimiento “Ocupemos Wall Street” contra la exclusión social, el desempleo, y la codicia bancaria. La historia se repite: Un buen ejemplo de que en época de crisis siempre existen indignados, es la escena anterior de Wall Street, la capital financiera del mundo, al finalizar la Primera Guerra Mundial. El truco semántico ha sido traducido tan astutamente que nadie habla del “muro del callejón” sino de Wall Street. ¡ÚLTIMA HORA…! A pesar de las balas de goma, bombas lacrimógenas, chorros de agua, gases pimienta, y toletes prehistóricos, los “indignados” plantados frente a los “dignos” de la Bolsa de Nueva York, nacen, crecen y se reproducen por toda la Unión. Ya hay protestas en más de cien ciudades y la “indignación” pica y se extiende.

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