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20 nov. 2011

EN POCAS PALABRAS

AUTOCRÍTICA PÓSTUMA
Con la caricatura que preside este número de mi blog personal, dedicada al centenario de ese gran cubano que fue y es José Antonio Portuondo, --que en Gloria esté--, deseo agregar una anécdota de mi vida vinculada a ese gran santiaguero, cubano y universal a la vez.
Mucho han publicado los medios en estos días sobre la vida y la obra del maestro Portuondo, nacido el 10 de noviembre de 1911, por tanto no repetiré los merecidos elogios, ni su inmensa trayectoria humanística, política, y cultural.
Lo consideré siempre alguien imprescindible desde los tiempos en que acudía con frecuencia al Instituto de Literatura y Lingüística en busca de algún dato, o de una orientación, lo que siguió siendo una costumbre para mí con la actual directora la Dra. Nuria Gregory.
Vayamos pues al incidente que motiva esta introspección:
No recuerdo la fecha exacta, …fecha…lo que sé es que fui invitado como director del semanario PALANTE al Primer Encuentro de la Crítica Literaria en Cuba, celebrado en una de las instalaciones …hotel…de la playa Santa María del Mar.
Las conclusiones del acto le estaban reservadas a él, y en su alocución Portuondo se refirió casi por completo a la primera crítica literaria publicada en Cuba, que resultó ser “La Caricatura Contemporánea” de Bernardo González Barros en 1916. El estudio en dos tomos abarca primero, la obra de los caricaturistas de Francia y Alemania, pasando en el segundo tomo a Italia, España, Portugal, Inglaterra, y otras naciones de América donde incluyó a Cuba.
Mientras la concurrencia ovacionaba aquellas palabras, algo inquietante dentro de mí quería salir a flote. En un aparte me dirigí respetuosamente a él y-- tras los saludos de rigor--, más o menos saque fuerzas para decirle algo que resumo en su esencia:
“…Maestro, ese ensayo del periodista González Barros, en su momento tuvo mucho impacto y se ha convertido en un libro de cabecera para mí desde que abracé la profesión. La obra ha trascendido por la profundidad de la investigación y como legado a nuestros tiempos y los que sigan. Pero… Pienso que le faltó un aspecto a analizar y es que el trabajo no cuenta con ilustraciones de esos artistas. Es decir: Una apoyatura gráfica para la comprensión del mensaje, y el análisis de nuevas generaciones, entre ellas, nosotros sus seguidores… Me envalentoné y seguí… Además en uno de sus capítulos se refiere críticamente a algunos de los historietistas norteamericanos de principios del siglo XX, cuando el género estaba aún en pañales; esa manifestación de la gráfica se ha convertido en algo reconocido ya como el Noveno Arte…”
Cuando terminé mi improvisado discurso, temblaba de miedo previendo la reacción del maestro. Su respuesta fue aun más sorprendente:
--Claro, joven: ¿Cuenta usted con esos ejemplos?
--Doctor, a recopilarlos he dedicado gran parte de mi tiempo libre.
Fue entonces cuando Portuondo me noqueó hasta el día de hoy:
__¿Y qué espera para publicarlo en una nueva edición corregida y ampliada?
Mi respuesta fue un pretexto como puede ser aquello que Agramonte definiera como: “La justificación es la prostitución del espíritu”, por tanto pasaré por alto toda la mea culpa que como lastre ha pesado hasta hoy en mi espíritu, siempre escudándome en el denominador común del tiempo.
No me arrepiento de ocupar el mío siguiendo mi vocación por interpretar humorísticamente la actualidad sociopolítica de mi país y del mundo, de escribir lo que estimo legítimo y necesario dentro de mis posibilidades, de ayudar al proceso de construir un mundo mejor en una sociedad cada día más insegura y violenta. En fin, podríamos estar excusándonos hasta el año próximo, pero no dejaría de ser un excusado más. Son tiempos de baños intercalados y wátercloth, o como dirían en España, simplemente Váter.
Lo cierto es que, el tiempo le ha dado la razón a él y si de algo me lamento es de no obedecer sus sabios consejos. Creo que es el mejor homenaje que comparto en su centenario y al arribar a mis 81 abriles este mes.
Aprovecho para anunciarles que en este mismo número abordo tal vez la génesis de lo que me sucedió en aquella oportunidad bajo el título de “El eterno esclavo”

UNA HISTORIETA SALUDABLE
La salud es belleza, amor, disfrute. Donde hay salud surge la alegría e irrumpe la risa. La educación física y el deporte tienden a lograr una mente sana en un cuerpo sano.
El estado de la salubridad pública en Cuba resultaba crítica y asimétrica, sobre todo en lo referido a la medicina rural, de ahí que uno de los programas del Moncada fuera revertir esa postura, lo que se logró a partir del Primero de enero de 1959, con la aplicación de la Medicina Socializada.
Cincuenta años más tarde, el 15 de noviembre de 1999, los sufridos pueblos de Nuestra América –como la llamó Martí—seguían padeciendo situación similar a la nuestra antes del alba de la Revolución. Ése día Fidel inaugura la Escuela Latinoamericana de Medicina, donde se formarían cientos, miles de profesionales enrolados en ese enorme ejército de batas blancas que regresaron y aún regresan a los lugares más necesitados e intrincados de sus países respectivos con las armas de la sanidad en la mochila y la felicidad en la mirilla.
Mientras las botas mercenarias de otros ejércitos invaden y matan alrededor del mundo, los voluntarios creados en la ELAM son portadores de vida.
Por esa razón en el 2008 quise homenajear el arribo a los diez años de la ELAM, y me di a la tarea de realizar una historieta titulada “Un ejército diferente”, donde el color fuera uno de sus protagonistas principales, pues al referirse a la tropa de batas blancas cada viñeta debía ser completamente coloreada, incluyendo los globos del texto; y lo único que quedarían blancos fueran los uniformes de esos combatientes que se enfrentaban a las enfermedades.
La demanda editorlal en aquel momento, y las condiciones poligráficas tampoco permitían la realización del proyecto; por esa razón, el trabajo quedó inédito. Ahora nos arriesgamos a ponerlo a vuestra consideración en calidad de estreno, también a riesgo de que los vecinos cubanos no puedan disfrutarlo dado el peso en kilobytes que cada imagen ocupe para bajarlas en internet. De toda forma, quien no se arriesga no triunfa.
Espero que el diagnóstico de este improvisado médico sea el idóneo, y el tratamiento dado en las tiras cómicas a mis pacientes vecinos resulte efectivo para poder darles el acta ambulatoria en perfecto estado de salud. Paso pues al salón de operaciones y cruzo los dedos al aplicarles la anestesia de mis dibujos.
UNA CRIOLLA REINA DE ESPAÑA
Parecería el título de una telenovela. ¿Verdad?
Pues no señor; el hecho fue real, y de él da cuenta Álvaro de la Iglesia en sus “Tradiciones Completas” cuya primera edición vio la luz en medio de una intensa polémica entre los defensores de la historia pura y los de la novela histórica; hecho acaecido exactamente hace cien años.
Yo me inclino por esta última variante, tal vez menos exacta y nutritiva pero agradablemente sazonada. Más recientemente escribió sobre el mismo tema el colega Ciro Bianchi, quien le pone colores a la historia en su habitual programa televisivo, pero también lo hace dominicalmente en blanco y negro para JUVENTUD REBELDE.
En honor a ambos, esta historia comenzará como siempre:
“Había una vez... Un régimen colonialista en Cuba que se abría paso al capitalismo bajo el látigo de la esclavitud y el saqueo de nuestras riquezas naturales. Mientras, de las propias entrañas de dicha colonia imperial crecía el sentido de identidad nacional entre criollos, cimarrones y pardos libres de ambos sexos, claro…”
Es en ese marco histórico que el 24 de noviembre de 1859 arriba al puerto de San Cristóbal de La Habana don Francisco Serrano Cuenca, Guevara y Domínguez, Conde de San Antonio, como se ve, noble de larga prosapia enviado a la “Fiel Isa de Cuba” como Capitan General por el sanguinario Leopoldo O´Donell, precisamente para alejar del Parlamento a un adversario conflictivo. El aludido recibió de su antecesor gobernador Don José de la Concha el tesoro de la colonia en bancarrota. O sea que en la práctica no había bancos donde sentarse, ni clavos con qué repararlos.
El nuevo gobernante, nada parecido a sus antecesores, se convirtió en el más benigno, tolerante, celoso, y honrado de todos los que habían pasado sin penas ni glorias por el Palacio de los Capitanes Generales, pero a su vez, aborrecido por una minoría parasitaria con ínfulas aristocráticas. Se podrán imaginar cuantos enemigos se buscó entre la fauna de voluntarios, burócratas y corruptos que medraban amparados bajo el pendón español.
Según algunos historiadores, le puso la tapa al pomo al producirse la muerte de José de la Luz y Caballero, y oficialmente celebrarse el entierro más solemne de todos los ocurridos acá hasta la mitad del siglo XIX.
Además, el General Serrano sumaba en su haber el matrimonio con una trinitaria de abolengo, la condesa de San Antonio, pero --criolla al fin--, sumaba a sus virtudes, la amistad con Gertrudis Gómez de Avellaneda, respetable dama quien había paseado las letras autóctonas por las mejores tertulias literarias hispánicas, y también casada con un militar español: El coronel Verdugo.
A un mes de su arribo a la capital, Don Francisco Serrano y su media naranja visitaron Trinidad, la tierra natal de Antoñica Domínguez Borrell, que así se llamaba la naranja del cuento.
Familias opulentas del fértil valle fueron anfitrionas de la pareja y su séquito, mientras la prensa capitalina permeada por el odio a todo lo que oliera a cubanía se dio gusto emborronando cuartillas para satanizar esas llamadas “fiestas criollas”.
Esto ocurría en la superficie del régimen, donde la flor y nata de una supuesta pero rancia aristocracia se retorcía de odio; mientras en el fondo de barracones y palenques, el azúcar amargo de la esclavitud también se sumaba a un país en ebullición.
De vuelta a La Habana, la condesa hizo todo el bien que pudo apoyada en su consorte, y durante su mandato el Palacio de Gobierno abrió sus puertas a los miserables que allí acudían con frecuencia en busca de auxilio, y si no hicieron más fue porque sus antecesores se llevaron hasta los clavos.
El mandato de Serrano se cumplió el 10 de diciembre de 1862, fecha en que regresó a España. Su postura durante la Revolución de Septiembre en la península lo llevó a ocupar el puesto más alto que tuvo un militar español en las Cortes: Regente del Reino con tratamiento de Alteza.
Aunque brevemente, la criollita Antoñica Domínguez Borrell ocupó el trono de Castilla y León. Muchos de aquellos nobles se postraron ante sus pies –tal vez algunos de los que después la difamaron--; pero de hipócritas y malagradecidos está lleno el mundo.
Para finalizar reproduzco una frase premonitoria del General Serrano que retumbó en el hemiciclo del Congreso español durante su breve monarquía: “…Si la suerte de los cubanos no se mejora, tendrán la razón para sublevarse…” Seis años después, el 10 de octubre de 1868, la campana de La Demajagua le dio la razón al grito de “!VIVA CUBA LIBRE!”

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