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26 may. 2012

DETRAS DE LA ANTORCHA (III PARTE)

Esta tercera entrega de nuestro recorrido tras las zancadas de aquel primer troglodita que salió de la cueva antorcha en mano en busca de su sustento, para descubrir que la lucha por la vida también podía considerarse un deporte, nos llevó al segundo capítulo incursionando por la Antigua Grecia y sus Olímpicos Juegos.
Fue una prehistórica marcha a través del tiempo --que por entonces era ficticio, no real— y por tanto habrá que perdonarme todas estas elucubraciones.
Otra que se atribuye su paternidad es Turquía, pues las estatuillas más antiguas de los atletas que participaban en los llamados Juegos Helénicos fueron halladas en Anatolia, de donde los tercos—perdón, los turcos—afirman que fueron importadas por los griegos.
Aquellos Primeros Juegos del año 776 a.C. sirvieron de base para establecer un nuevo calendario, por lo tanto la batalla de Maratón, que dio nombre a una de sus pruebas más importantes, no pudo acontecer antes del conflicto del mismo nombre, en el año (490 a.C.), o sea 284 años después de la inauguración.
Este dato me conduce a otra intriga: Dichas pruebas duraban una semana y en sus inicios consistían en una carrera simple o estadio (192 m), más tarde se incluyó la carrera doble o diaulos (384 m), y la de fondo que comprendía a 20 estadios (3,850 m); por tanto la nombrada prueba de la Maratón (42 kilómetros y pico), no tiene nada que ver con aquella primitiva de fondo.
Incluso, si nos acercamos a la figura de su inspirador, el heroico Filípides era, según la leyenda, no sólo un magnífico atleta, primero en correr 42 kilómetros sin descanso; un tremendo corresponsal de guerra capaz de divulgar la noticia del combate en dos agotadoras jornadas laborales; y por último, un valeroso soldado, que dio la vida al cumplir una importante misión bélica.
Hemos hecho una breve incursión en esos Juegos Panhelénicos para  llegar a la conclusión de que, en ellos hubo también mucho de Mitología griega; pues se les reconocía un origen religioso, de ahí que fueran prohibidas en tiempos de Roma con el auge del cristianismo.. No sabemos si por simple fanatismo o  como consecuencia del triunfo obtenido por el luchador armenio Varasdate en la Olimpiada del 385 (a.C.), cuando el emperador Teodosio prohibió los Juegos indefinidamente. Era la primera vez que un bárbaro vencía en las 21 oportunidades anteriores. Y transcurrió más de un milenio hasta que surgieran de nuevo.
Como terminamos con la narración de la  histórica batalla celebrada en la llanura de Maratón, que le dio origen a la disciplina del mismo nombre, proponemos retomarla mediante un salto en el tiempo y llegar a dichos eventos actuales, gracias a los esfuerzos del Barón de Coubertain, entusiasta noble francés, a quien le debemos que en 1896 se celebraran los Primeros Juegos de la Era Moderna en la propia Atenas.
Muchos han sido los cambios establecidos en cada disciplina a partir de entonces, pero esos son elementos a considerar más tarde. Concentrémonos ahora en las pruebas de fondo o Maratón, las cuales se corrieron a partir del nuevo siglo que asomaba ya por el horizonte.
II Olimpiada de París (1900). - Nuestra primera anécdota surge en los Segundos Juegos: A pesar de “La belle epoque” París no contaba por entonces con las instalaciones idóneas para celebrarlas, y tuvo que acudir a la ayuda del Racing Club de Francia, el cual prestó las suyas del bosque de Boloña. Resultado de ello, la mayoría de los participantes en la Maratón se extraviaron, y algunos ni siquiera pudieron terminar la prueba. Resultó ganador el francés Michel Theáto, quien conocía al dedillo el bosque de Boloña, pues era, nada menos que el jardinero del Racing. La foto que obtuvimos de esta carrera demuestra que por entonces, no existía tampoco el agua embotellada; de ahí que veamos como el corredor galo recibía un refrescante manguerazo al llegar a la meta.
III Olimpíada de St. Louis. (1904)
El protagonista de esta Maratón fue nada menos que el cubano Félix Carvajal, más conocido en nuestro país como (El Andarín), y tras su hazaña en esta prueba celebrada en los Estados Unidos pasó a la historia como Félix IV, o sea (Félix el cuarto). No les repetiremos la narración para no  aburrirlos, pues está ampliamente contada en la oferta titulada así mismo 
Lamentablemente no contamos con el foto-finish que nos muestre aquel trágico final; en su lugar hemos repetido la caricatura que realizamos al efecto.
En esa misma carrera surgió otra gran sorpresa: El norteamericano Fred Loy, resultó ser el primero en arribar a la meta más fresco que una lechuga. Fue recibido con besos, abrazos, flores, aplausos, y fotos; sólo faltó la banda de música del Ejército de Salvación.
En una de aquellas instantáneas se dice que, junto al corredor aparece la hija del presidente Roosevelt –el del “big stick” no Franklin Delano--, quien quiso retratarse junto al “héroe norteamericano”; --las comillas no están puestas por gusto--, la heroicidad del  astuto vencedor, consistía en haber hecho gran parte del trayecto en un confortable Ford tres patás de la época. Lamentablemente no contamos tampoco con dicha fotografía, pero el cuento no es de extrañar, tratándose de quienes se trata.

Aunque fue descalificado al descubrirse el fraude; el verdadero ganador –cuyo nombre se ha perdido también en la ignominia—llegó sin penas ni glorias, pues gran parte del público se había retirado, y el resto, o no lo sabía o se sintió totalmente estafado.
IV Olimpiada de Londres (1908)
Otro desenlace interesante puede verse en esta secuencia tomada por un camarógrafo indiscreto, quien logra captar el desfallecimiento del italiano Dorando Petri, a pocos pasos de la meta tras los 42 y pico kilómetros recorridos, así como el instante en que algunos espectadores y amigos, compadeciéndose por su estado físico, casi lo cargan en peso para que pudiera romper la cinta de llegada. El atleta fue inmediatamente descalificado, sin embargo… !Agárrense de sus asientos!... La reina de Inglaterra Alejandra, apenada por lo sucedido al fondista, le entregó una copa de oro especialmente confeccionada para él. Fue la única vez--que yo sepa—en que una descalificación olímpica haya sido premiada con una copa de oro.
XI Olimpíada de Helsinki (1952)
Tuvieron que pasar cincuenta años y dos guerras mundiales para que un nuevo  acontecimiento sensacional coloreara la competencia de los 42 kilómetros y pico.  Hasta entonces las naciones al este de Europa no habían descollado en el deporte olímpico. La URSS y los países socialistas habían salido fortalecidos de la contienda bélica contra los nazis, y aquello comenzaba a dar sus frutos. Veamos la sorpresa de estos Oncenos Juegos.
La estrella resultó ser esta vez, Emil Zatopek, más conocido como (La Locomotora Checa), quien batió records en, 500, 1000 y Maratón, a lo que sumó  la medalla de oro por outsanding perfomance, (rara modalidad desconocida para un lego como yo). La alegría llegó por partida doble porque su esposa --la Zapoteka--, obtuvo la de oro en jabalina, con lo cual dejaba bien claro que: Por mucho que su marido corriera con intención de  escapársele, ella podía ensartarlo de un solo disparo.
Para concluir este maratónico recorrido por la extenuante prueba atlética, aclaro que no por gusto hemos insistido varias veces en calificarla como de 42 kilómetros y pico.  Según datos obtenidos en nuestras pesquisas, todo parece indicar que en realidad la distancia es de 24 kilómetros más 267 metros; precisamente esos doscientos sesenta y siete, han sido casi siempre, los que han decidido la victoria o el fracaso de sus competidores.


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