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11 abr. 2013

SEÑALES DISTINTAS Y DIFERENTES


Es famosa la señal de la V de la victoria popularizada por el Primer Ministro británico, Sir Winston Churchill, con dos dedos de su mano derecha, los mismos con los que sostenía sus habanos, durante la Segunda Guerra Mundial
Ese gesto, nada izquierdista, ha devenido ícono de la gesticulación en numerosos terrenos de la actividad humana, como pueden utilizarlo los vencedores al final de cualquier competencia deportiva o militares en el conteo de las bajas enemigas tras a batalla en cualquiera de sus guerras coloniales.
No pocos héroes de papel en los comics o de celuloide en el cine, han materializado sus hazañas a partir de cierto agravio, justificando así la venganza personal o contra pueblos enteros, que no comulguen con sus intereses. Es la teoría de los vencedores con la victoriosa V de vaca, contra los que no pudieron o no quisieron.
He aquí algunos de esos ejemplos: Los pieles rojas, supervivientes de las incursiones carapálidas en las praderas vírgenes del oeste, fueron perseguidos y confinados en reservaciones, antecedentes de los ghettos judíos en la Europa nazifascista, del apartheid sudafricano, o del actual limbo jurídico existente en la cárcel impuesta a supuestos terroristas en la ilegal Base de Guantánamo. (De ser posible, actualizar esta información con la huelga de hambre sostenida desde el pasado febrero por docenas de encarcelados allí, cuya cifra parece aumentar).
Estas son solo algunas señales de venganzas típicas en el largo vía crucis de los pueblos, que pudiéramos anotar también bajo el signo de la V de la Victoria.
¿Y por qué no? Hasta cinco héroes antiterroristas cubanos inocentes del delito de espionaje que se les imputa en cárceles del Imperio, incluyendo penalidades tan injustas y absurdas, como en el caso de Gerardo Hernández Nordelo: Ningún ser humano, ni siquiera el más sacrificado de todos—Jesucristo--pudiera cumplir dos cadenas perpetuas, más 15 años adicionales.
Ese arquetipo de amor al prójimo, surgido hace dos milenios será, en definitiva, quien nos libere de todo mal bajo el signo de la crUZ no de la V de la victoria
Toda esta reflexión surge a partir de que el pasado martes 26 de marzo tras la puesta del Sol, se cumplieran exactamente 1980 años de la crucifixión del Señor.
Según versiones del profeta Juan, en la Biblia (Corintos, 1:7) “…Un hombre murió por los demás…” Esta oración en pasado, se convirtió en bandera de luchas futuras, de ahí que millones profesaran esa doctrina y cristianos confesos en la actualidad como Chávez o Frei Betto--para poner sólo dos ejemplos--siguieran su prédica en la lucha contra todo mal y por un mundo mejor.
Esto solo ocurrirá cuando la rencorosa V de la Victoria sea transformada en un signo más justo, lo que seguro no vendrá caído del cielo como los panes y los peces.
Augurios del profeta Juan. También procedentes de la Biblia (Corintios. 1:7) “…Un hombre murió por todos…” son también conocidos. La oración parece no haber sido interpretada en toda su dimensión, por el carácter pretérito en que fue expresada, pues Jesús muere diariamente en la cruz, mientras exista el egoísmo, la discriminación, las guerras de rapiña, y una sociedad de consumo donde las leyes inviolables del mercado se impongan.  Recordemos el momento en que Jesús de Nazareth expulsó a los mercaderes del templo; éste es un paradigmático ejemplo de la colosal dimensión del problema existencial.
Todo quedará impune en tanto exista una injusticia por redimir y eso sólo se logra siguiendo su ejemplo en la lucha constante del bien contra el mal.
El apóstol Pedro con su sentencia bíblica en (5:14) “La sangre de Jesús nos limpia de todo pecado…” Tampoco debe tomarse al pie de la letra. Sería imposible contabilizar cuanto de ella ha derramado la humanidad en este secular genocidio, sin que dejemos de pecar y nos acerquemos cada día más al Apocalipsis-Now, anunciado en el Armagedón.
Lo que sí hay que dar por seguro es que, tras la imagen idílica de la sociedad de bienestar, de la democracia entrecomillada y los derechos humanos con exclusión social, se escudan las pecaminosas ambiciones del poder imperial y sus lacayos, la avaricia y el egoísmo, la envidia y la discriminación de quienes jamás compartirán sus riquezas con el prójimo, y mucho menos con la prójima en esta eterna violencia de género.
Estos señores de cuello blanco y negras entrañas, jamás cederán sus privilegios por las buenas, ni pondrán la otra mejilla, sencillamente porque… “…Son unos cara de lata…”

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