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15 jul. 2010

DEL MARABÚ A LA YAGUASA.

EL MARABÚ.
A lo largo de su historia Cuba ha sido invadida por enemigos irreconciliables.
No, no se preocupen… Esta vez no nos referiremos a los casi cuatrocientos años de dominación española, ni a la breve toma de La Habana por los ingleses en el siglo XVIII, ni mucho menos a las más de cinco décadas de agresiones y bloqueo yanqui.
Estos no han sido los únicos que han violado nuestra soberanía sin permiso. Otros seres foráneos también nos han hecho mucho daño y pretendemos explicarlo basándonos en datos tomados de la prensa y por propia experiencia.
De esos intrusos impulsados por el viento, transportados por las aves hospederas, a bordo de las corrientes fluviales, o auspiciados por el hombre, éste último resulta el vector más deleznable pues lo hace por ignorancia, o para enriquecerse que es peor. Veamos el por qué…
Los conquistadores comenzaron a repartirse las nativas y las tierras, --ambas vírgenes—de la fiel Isla de Cuba. Lo de las semidesnudas taínas, lo dejaremos para ocasión más propicia

Cuanto a la geofagia es otra cosa: Las rústicas encomiendas circulares fueron pioneras de las privatizaciones. Este método primitivo de bienes raíces traía por consecuencia limbos o espacios vacíos llamados realengos, porque pertenecían a la corona de Castilla y León.
En tiempos de la colonia se acostumbraba a delimitar los linderos con cercas de rocas o seborucos, hasta que la sentencia martiana, “Más valen trincheras de ideas que de piedras” se hizo realidad en el conflicto armado del 68 y del 95.
Aunque necesaria, la guerra arruinó por igual a propietarios criollos y peninsulares; razón por la cual la intervención norteamericana cogió los mangos bajitos, adquiriendo inmensos territorios gratis o a precios de liquidación.
Las vallas de pedruscos resultaban obsoletas ante la magnitud de los latifundios de la United Fruit, y pragmáticos como siempre, los yanquis nos impusieron otra invasión.
En vez de marines, esa vez nos llenaron de marabú. Planta conocida por aroma francesa y originaria del África, su nombre científico Dichrostachy nutans resultaba más fácil de pronunciar que erradicarla definitivamente.

Veamos esta caricatura, donde me basé en un cómic norteamericano, para referirme al absurdo de haberla trasplantado a Cuba con sus negativos efectos. La parodia del troglodita popularizado por dicha historieta fue publicada en PALANTE coincidentemente con la fecha patria norteamericana: El 4 de julio de 1968.
La sátira fue inspirada en una alocución del General de Ejército Raúl Castro Ruz, hace ya unas cuatro décadas, y fíjense si es rebelde esta espinosa enredadera, que todavía hoy el marabú sigue siendo una migraña permanente para la agricultura cubana.
Actualmente se siguen sufriendo sus consecuencias de esta especie de Drácula biológico que le chupa a la tierra el jugo vital. Pero se están tomando medidas cada vez más eficaces para combatirlo, sobre todo con la incorporación de pequeños arrendatarios (finqueros), que vienen afincándose en un interesante experimento con los Grupos de Agricultura Urbana y Suburbana.
La experiencia augura éxitos en el empeño, y algunos de estos finqueros tienen fe en substitutos biológicos como la Cardona “matacallos” o “cerca viva” con la cual se pueden ahorrar kilómetros de cercas de púas y otros materiales en falta, o de importación, --y de paso--, cerrarle el paso a las vacas y otras bestias invasoras.
1) LA YAGUASA
Entre las aves autóctonas del país se encuentran el pato huyuyo, el agostero, el espinoso y la yaguasa. Esta última se caracteriza por cuello y patas más largas que el resto y su dieta consiste en el criollo arroz con palmiche. Pero hay un pariente migratorio y pantagruélico de esta última, que resulta indeseable pues acaba con las plantaciones de arroz: el yaguasín mexicano.
La diferencia entre este depredador azteca y el marabú, es que nos cayó del cielo, y no fue importado, sino que vino por motu proprio, tan migratorio como los pobres que van en busca de trabajo a Europa desde la empobrecida África, o los cientos que cruzan a diario el Río Bravo.
Por aquella misma época en que nos referíamos al marabú, tuve también la experiencia de tropezarme con ese pato foráneo que me resultó revelador:
Cuando usted iba a la bodega o el supermercado, el arroz se lo servían en un cartucho. Otros cartuchos diferentes son los peores enemigos del yaguasín. Y yo los descubrí gracias a los miembros del Club de Cazadores, pertenecientes al Plan Yaguasa, con los que compartí escopetas y aventuras en los arrozales de la granja “Peralejo” al sur de Sancti Spíritus.
Sobre su efectividad, los cazadores entrevistados durante esos días nos dicen:
“Pero no piensen que este es un parque cualquiera: Con una carga reforzada y perdigones endurecidos puede convertirse en un plaguicida competente, porque ese pato es como Jalisco, que cuando pierde arrebata”.

“Si a esto agregamos su voracidad: Una dieta diaria de 2,60 onzas per cápita, sin contar lo que dejan en el plato, es decir en el surco. Podemos darnos cuenta de su perjuicio a nuestras plantaciones”.
“Los bautizamos (pájaros de hierro), porque no sueltan una pluma ni aunque los acribillemos a cartuchazos”. “Más que fuerte, el bicho es astuto. Es más difícil cobrar una pieza que matarla”… Cuando olfatea el peligro se desvía y nos deja con la carabina al hombro”…”Es tan jíbaro que mortalmente herido, y amarrado en la percha, se zafa del lazo y desaparece dentro del arrozal”.

Hasta aquí mi testimonio gráfico sobre el yaguasín mexicano en su propia salsa picante, durante esa aventura de dos días que tuve con el agua a la cintura y la escopeta al hombro.
¡Increíble pero cierto!

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