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27 jul. 2010

EL CARNAVAL VA POR DENTRO.

Tira cómica dedicada al carnaval que en días próximos alegrará nuestra Ciudad de La Habana, capital de todos los cubanos.
En cuanto al título: Así acostumbro a responder el elogio de algún vecino que sorprendido por la agilidad física y mental de mis humoradas me dice:
--¡Blanquito…Te ves fenomenal!
A lo cual yo respondo: Todo fenómeno tiene su cara por dentro (esencia) y su careta exterior (apariencia). En un mundo virtual como el presente, se podrá soñar con el futuro, pero imposible vivir en el pasado. No soy la excepción de la regla, sino un fenómeno más. Acepto el elogio, pero no me río porque debajo del antifaz afloraría la prótesis de mi supuesta alegría.
El Carnaval, ese alegre pasacalles se extenderá este año a lo largo del Malecón habanero, desde la última semana de julio hasta comienzos de agosto. En la actual edición afloran algunas limitaciones económicas como la suspensión de los paseos de carrozas, y de cualquier otro tipo de actividad que ocasione derroche energético.
Claro que eso le resta fastuosidad y brillo al turista con ojo pasivo, pero hay que substituir importaciones, y ello se compensa con nuestra contagiosa alegría en el colorido de trajes, adornos, bailes, y música. Es decir, se repite la misma fórmula Acción vs Contemplación. En lo personal me sigue gustando el fútbol, pero lo disfrutaba mucho más dándole patadas al balón en el terrenito de la esquina, que ver el Mundial de Sudáfrica desde la butaca del televisor.
Precisamente en varias ocasiones antes del funesto periodo especial, como no tenía condiciones físico-coreográficas para desfilar con las comparsas; me conformaba con participar algunas veces como jurado y otras en calidad de competidor en el Concurso de Carteles organizado por la Comisión del Carnaval en la Ciudad de La Habana. Precisamente conservo estas dos propuestas de 1991, que no ganaron premio, pero servirán para pavonearme ante mis incrédulos vecinos. En la Cuba actual, sometida desde entonces a un doble bloqueo, se suman algunas medidas restrictivas que ayudan a paliar la precaria situación de los insumos y acercar el producto al mercado, a las que se une la descentralización anunciada, producto de la nueva división político-administrativa del país.
Peor es el disfraz “Ande yo caliente y ríase la gente”, presentado por ese Don Dinero del Primer Mundo, --rico, desarrollado, y derrochador-- que descarga el peso de la crisis en las espaldas del pueblo, --ya trabajador, ya jubilado-- con despidos masivos, recortes presupuestarios y eliminación de subsidios. La situación no es nada nueva para el capitalismo civilizadamente salvaje. En este grabado satírico de H. Daumier hace más dos siglos, ya se presagiaba algo similar.
Pero estamos en vacaciones de verano y “…Al mal tiempo buena careta”. Así que los invito a dar un paseo de Carnaval por algunos sucesos que matizaron la historia de estas festividades en nuestro país desde sus inicios: En el libro (recopilación de la investigadora Raida Mara Suárez Portal) “La Habana, Ciudad Viva” de la Oficina del Historiador, hay un pasaje donde el viajero francés Marmier refiere sus impresiones sobre La Habana a comienzos del siglo XIX. En el documento califica al cubano como un pueblo mestizo, no sólo por su piel, sino sobre todo por su cultura. El visitante comenta y compara el exquisito refinamiento del teatro Tacón y su concurrencia, con la fiesta de los esclavos…
“El añorado Día de Reyes, cuando podían reunirse por naciones para hacer sus bailes bajo los balcones de las casas principales, o entrar al propio palacio de Gobierno para desarrollar sus artes en el patio y recoger después del saludo algunas monedas, tal vez para la compra de la libertad de un miembro del grupo…”
Pero veamos esta otra estampa decimonónica:
“¡ULTIMA HORA! ¡LA LUCHA! ¡ULTIMA HORA! ¡PARTIDA DE ALZADOS EN BAIRE Y EN IBARRA!”
“El público que presenciaba a lo largo del Paseo del Prado hasta bien adentrado el Campo de Marte, aquel primer paseo de carnaval, no daba importancia a la noticia voceada por los chiquillos que agitaban en sus manos aquel “extra” del periódico de la calle Amistad…”
Así comienzan sus “Recuerdos carnavalescos” El prestigioso investigador Eduardo Robreño, en el libro “Cualquier tiempo pasado fue…”, donde nos cuenta la curiosa anécdota del primer paseo del carnaval habanero, en la noche del 24 de febrero de 1895. Coincidiendo con el Grito de Baire dando inicio a la tercera y definitiva Guerra de Independencia.
Pero la indiferencia de aquella noche habanera no duró mucho. Según el propio Robreño:
“Desde aquel mismo día (estuvo el agua para chocolate) ya que el Gobernador de la Isla, teniente general Emilio Calleja Isasi, dictó un bando por el que se aplicaba de nuevo en todo el territorio insular la Ley de Orden Público de 23 de abril de 1870…”
El entusiasmo carnavalesco renació siete años después, con el establecimiento el 20 de mayo de 1902 de una Independencia a medias, sometida a la Enmienda Platt, --apéndice constitucional Made in USA--, pero Repúbliquita al fin.
En esta ocasión el autor nos cuenta otra curiosidad:
“En esos paseos hizo su aparición –por vez primera en Cuba—un automóvil, o lo que fuere, propiedad de la familia Zaldo, que recorrió triunfante el itinerario… La vestimenta de los automovilistas de la época constituyó un verdadero disfraz…”
Según otro historiador –Graciel Oviedo Haza— ubica dichas festividades mucho antes:
“Los carnavales de La Habana tienen más de 187 años-- si tomamos como referencia el año 1823, --fecha en que el Gobernador Dionisio Vives autorizó a los cabildos a recorrer las calles de La Habana, reconocido antecedente de las actuales comparsas...”
Las guerras independentistas entre 1869 y 1895, obligaron a la Corona suspender los carnavales en toda la Isla, de ahí el incidente al reiniciarse los Paseos aquel 24 de febrero en la capital.
Argeliers Leon, el destacado musicólogo también interviene en el asunto. Veamos un fragmento de su obra: “La Fiesta del Carnaval” donde, entre otras cosas, se refiere a la rivalidad existente entre las comparsas habaneras de la época. “Ya en el presente siglo XX, está vivo el recuerdo de la reyerta que sostuvieron los de la comparsa “El Gavilán” con los de “El Alacrán” en el año 1912, en ocasión en que esta última obtuvo el primer premio... Parece que fue en el Parque Trillo donde los de los gavilanes le arrebataron la figura del alacrán… Se llevaron este símbolo hasta el Parque Maceo, y le colgaron un cartel que decía: “Si en el barrio de Jesús María hay hombres, tienen que venir a liberar este alacrán que los de Ebión Efó tenemos en prisión”…Y claro está: Esperaron por la respuesta…Los de la potencia Ekerewá que dominaban “El Alacrán” respondieron al reto, fueron al combate y lograron el rescate del animal al precio de varias muertes y heridas por ambos bandos, ocasión en que el Gobierno volvió a prohibir la salida de las comparsas por espacio de varios años…” (Aclaración: Hoy la comparsa del Alacrán es el símbolo del municipio del Cerro donde vivo¸ no del barrio deSan Isidro).
Hasta bien entrada la mitad del pasado siglo, Eladio Secades, escritor costumbrista, mantuvo la sección “Estampas de la época” en el diario “Alerta”. Con posterioridad esas crónicas fueron recopiladas en libros de gran demanda. En uno de esos trabajos abordó el tema de “Los capuchones” popular modalidad para salir disfrazado a las carnestolendas habaneras. He aquí algunas de sus “greguerías”:
“La careta es una mentira completa. El antifaz es una mentira a medias. Inventada naturalmente por una mujer que quiso esconderse del amante. Sin dejar de enseñarle los dientes a los demás…”
”El capuchón tuvo su origen en la complicidad de una aventura de amor. Taparse todo el cuerpo. Para poder llevar el alma en trusa…”
“Era también la oportunidad para que la mujer que siempre engañaba al marido de día, una vez al año pudiera hacerlo de noche…”
“Pobres carnavales de ahora, en que vemos al amanecer una máscara extraviada , y no sabemos si es un capuchón que trasnocha, o un sacerdote que madruga…”

Así queremos despedirnos de nuestros vecinos, haciendo referencia a la tira cómica con la que el gordo y el flaco, vestidos de capuchón les dieron la bienvenida a este paseo de carnaval.
Como puede apreciarse, el periodista Secades, con la visión “machista” de la época, nos hablaba de desfiles en el Prado, y bailes de disfraces en clubes y sociedades privadas. --Ahora los carnavales son más frescos, pues se celebran a la altura del Malecón--. El carácter comercial cada vez más creciente de aquella época de democracia representativa y libre empresa, requería de cierta teatralidad, con realización de lujosos desfiles y proliferación de carrozas comerciales. En realidad los ojos de aquellos señorones de leontinas y bastón no iban dirigidas al lujo y al boato, sino tras la sensualidad con que se movían aquellos ombligos desnudos, mientras a ellos se le caía la baba..
Con la contemplación se había perdido la espontaneidad de sudar la camiseta arrollando tras la conga, o tirar confettis y serpentinas a la persona de su agrado, para recibir a cambio una sonrisa, o una cita. Hoy, las limitaciones económicas nos acercan a esos orígenes populares y el pueblo masivamente disfruta de la fiesta al compás de los tambores y la corneta china. En definitiva, nuestra fiesta es, --igual que nuestra democracia, --menos representativa pero más participativa.

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