__________________________

__________________________

27 jul. 2010

UN CHINO PARA RECORDAR.

De que Luis Mitjans, por sus rasgos tenía descendencia asiática, no me cabía la menor duda. Pero si me matan no me acuerdo qué edad tenía cuando falleció, ya jubilado, en su natal Consolación del Sur, P.R. lo cual quedará como una incógnita más entre sus misteriosos orígenes asiáticos.
Como tengo vínculos fraternales en la provincia, y me casé allí hace la friolera de cincuenta y cinco años, pasé en Vueltabajo una semana
con la familia de mi esposa en el pasado mes de junio, y me di un saltito a la redacción de”El Guerrilero”, heredero legítimo de “El Socialista”.
En este último periódico, --que fue el primero en la provincia tras el triunfo de enero de 1959--, me había identificado con otro “chino” de apellido Naya, porque firmaba como “El linotipista” su sección crítica “Con la tinta espesa”. Yo, --que procedía de ese oficio antediluviano--, sentí gran respeto y admiración por aquel precursor de la crítica pinareña. Lamentablemente lo bueno no dura. Y el “chino” Naya falleció prematuramente.
Terminamos coincidiendo en que Pinar ha sido cuna de magníficos periodistas como los dos “chinos” del cuento: Naya y Mitjans; hace poco le dedicamos una crónica al inolvidable Pecruz; pero la lista pica y se extiende: Ronal Suárez (padre e hijo), Pedrito Abreu, Viñas Alfonso, Manolo Rodríguez Salas, ahora en la pequeña pantalla. Graupera, y el veterano Cao, --aún “guerrillero” en la tercera edad--, entre otros tantos que se me escurren entre mis impedidas físicas neuronas.
Pendiente la terminación de esta semblanza dedicada a Mitjans, me asaltó la duda cuando leí en la última edición de la publicación pinareña, que uno de sus fotógrafos era precisamente del mismo apellido.
En la entrevista, que le solicité, el interpelado me aclara que aunque parezca asiático, éste es un apellido de origen
español y que en la provincia hay Mitjans de todos los tamaños y colores, como él. Mitjans –el de Palante-- pronto se convirtió en el maestro de la síntesis periodística.
Corrían los primeros años de la década del 60.Él tenía suficientes horas de vuelo cuando se incorporó al semanario, en sus primeros números, donde sentó cátedra por su disciplina, entrega y talento. A sus ojos oblicuos no se le escapaba un solo detalle en la lectura de la correspondencia; tenía tal olfato que de sólo leer el encabezamiento de la carta podía asegurar si el remitente mentía o no, y pronto se convirtió en el maestro de la síntesis periodística. Era capaz de escribir un editorial en dos líneas, y que además de enjundioso, resultara ameno.
Fue la mano derecha de los directores de la publicación que me precedieron en el cargo, y cuando asumí esta tarea en (1970) me ayudó con las dos. Él era quien le echaba la última mirada a la prueba de plana antes de salir para la imprenta, y uno podía irse a dormir tranquilo: Así era de riguroso y confiable.
“El Chino”,--como cariñosamente le decíamos—resultaba exquisito para todo y para todos. Meticuloso en el habla y el tacto, jamás lo vi tomar bebidas alcohólicas, excepto su rigurosa copita de coñac todos los días, exactamente media hora antes del almuerzo. Adicto al café, --era conocido en la mayoría de las cafeterías capitalinas, y en todas las provincias que visitaba con frecuencia reportando sus crónicas--; en ellas lo identificaban porque jamás lo tomaba en las tacitas habituales de los establecimientos, sino en la jicarita de güira que lo acompañaba a todas partes.

Aquí lo vemos en uno de esos recorridos durante una parada en medio de la carretera para contarle “un chiste malo” a otro grande de la publicación, --Juan Ángel Cardi--, quien se lleva las manos a la cabeza mientras bosteza, y yo, --al fondo--, acudo presuroso para enterarme del chisme.
En esta otra lo sorprendimos en camiseta durante

el verano de 1966 cuando toda la redacción en trusa, se mudó al Malecón habanero, dadas las condiciones del cambio climático hace casi cuarenta años. Ni en la playa dejaba de revisar los textos de la revista.
Que yo sepa tuvo un solo inconveniente que se llamaba Carola, pero no hay nadie perfecto en el mundo.
Este blog se complace en homenajear a Mitjans precisamente por su más emblemática obra: la sección de comentarios “Peccata Minuta”, donde abordaba semanalmente varios temas críticos que le llegaban a través de diversas vías y que él personalmente investigaba por sus propios medios. Nunca pidió un día libre, ni un carro para visitar a los afectados o a los criticones, --y lo más interesante--, en los casi veinte años escribiendo esas saetas incendiarias, jamás se recibió una queja o nos pidieron una rectificación. Y si alguien lo hacía, corría el riesgo de salir con el rabo entre las piernas.
Así era de parco, justo, y medido, sin abandonar la elegancia en el decir, la agudeza y la gracia de su ingenio ingenio.
Para concluir, aquí los dejo con una copia de aquel primer “Peccata Minuta” publicado el 10 de diciembre de 1964.

Si así fue el debut, podrán imaginarse lo que vendría después… Sea este mi modesto homenaje al maestro en este 29 de julio, en que cumpliría sus 91 abriles.
A él: ¡Qué en gloria esté!
A ustedes: ¡Que les aproveche!

No hay comentarios:

Publicar un comentario