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15 jul. 2010

EL JUAN GUALBERTO: UN GRAN HONOR.

El pasado mes de marzo tuve el privilegio de participar como jurado en el Premio “José Martí” por la obra de toda la vida en el sector periodístico, y el “Juan Gualberto Gómez” por los trabajos del año. Recordé entonces que yo también obtuve ese reconocimiento ¿Y quién fue Juan Gualberto Gómez Ferrer?
Sabemos que nació en Santa Ana, Matanzas, el 12 de julio de 1854. Tuvo como maestro al poeta Antonio Medina y se formó como carruajero e ingeniero en París, (1869) pero para subsistir en Europa con sus escasos ingresos se dedicó al periodismo. Incursionó tanto en la redacción informativa como en la docencia y recorrió México y las Antillas.
Cuando La Demajagua sólo tenía 14 años. A su regreso a la patria tras el Pacto del Zanjón
colaboró con Manuel Márquez Sterling en sus periódicos y a partir de 1879 dirigió “La Igualdad” “La Fraternidad” y “La República Cubana”.
Deportado a Ceuta en 1880 por su lucha libertaria y antiesclavista; Dos años más tarde, Juan Gualberto se radicó en Madrid destacándose como jefe de redacción de “El Abolicionista” y de “La Tribuna” llegando a dirigir esta última. Además fue editorialista, corresponsal extranjero y gran polemista. Por esas y otras virtudes se ganó la admiración y respeto de otros grandes de Europa como Ramón y Cajal, Castelar, Pí y Margall, Maura, y Cánovas del Castillo.
Al regresar en 1890 reanuda “La Fraternidad” donde continuó reafirmando su postura independentista y por los derechos de la raza de color, pero ese mismo año , el 23 de septiembre lo encarcelan durante dos años, once meses, y once días por la publicación de un trabajo titulado “Por qué somos separatistas”. Con esta hoja de servicios está más que justificado que el premio de la Unión de Periodistas lleve su nombre.
Pero hay más: Juan Gualberto Gómez fue víctima del racismo de algunos compatriotas, sobre todo el ensañamiento de Cristóbal de la Torriente, famoso caricaturista que ya desde el 14 de mayo de 1890 lo satiriza en la portada de “Gil Blas” caracterizándolo siempre con un paraguas en la mano y mofándose de él con el mote de
“Juan Guaberto” o “El ñeque nacional”. Sin renunciar a su intolerancia racial, continuó con sus diatribas a partir de la incorporación de su personaje emblemático “Liborio”,-- diciembre de ese mismo año-- y durante toda la etapa republicana posterior.
Sin dejar de reconocerle los méritos al caricaturista Torriente por crear un personaje representativo del pueblo en su época, o cuando reflejó cada una de las situaciones de la naciente república, entre ellas la posición cubana frente a las intervenciones yanquis, hemos dejado constancia de estas injustas apreciaciones en el caso de Juan Gualberto, para aclarar quién era el verdadero divisionista y por qué
la justa causa cubana pudo derivar hacia aquella caricatura de república bananera nada menos que en las propias fauces del monstruo, así calificado por Martí.
Sobre el tema de Torriente y su personaje Liborio en la caricatura cubana esperamos volver próximamente. Eso espero…. Gracias.

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