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8 jul. 2010

LA HISTORIETA SE REPITE.

No, estimado vecino, sabemos que la frase correcta se refiere a la historia, no a la historieta. Lo hemos escrito a propósito, para minimizar el sentido de la palabra.
En el caso que nos ocupa, nos referimos a lo que para nosotros fue una gran hazaña, pero para el Imperialismo yanqui, no pasó de ser una mayúscula metedura de pata producto de su propia contradicción “impotencia-prepotencia”.
Se sabe que durante la seudorrepública apenas se le daba en Cuba atención al lema “mente sana en cuerpo sano”.

De esa época data este creyón del compañero José (Pepe) Llanusa, en ese momento coach de basket del equipo que nos representó en los VII Juegos Centroamericanos y del Caribe celebrados en México del 5 al 20 de marzo de 1954, cuando sustituyó al país designado Panamá, y donde por primera vez se tocó el himno y se encendió el pebetero de los Juegos. Nótese que mi firma no corresponde con la de hoy.
Con la Revolución, el INDER, logró que el deporte se convirtiera en derecho del pueblo. Y Pepe Llanusa fue uno de sus impulsores.
Antes del 59 los atletas no se cultivaban, se daban como la verdolaga: Silvestres.
Solo los fuera de serie pudieron brillar por sus excepcionales condiciones y la voluntad de triunfar en el medio hostil del deporte rentado. Ejemplos como el de Ramón Fonts en la esgrima, José Raúl Capablanca en el ajedrez, o Kid Chocolate en el boxeo, son algunos de estos ejemplos extra clases.
Por entonces solo los niños bitongos, podían participar en los campeonatos amateurs vistiendo la franela de sus “aristocráticos” equipos. El pobre tenía que ser una superestrella que le aportara trofeos y medallas a la vitrina de la institución, a cambio de algunos quilos prietos para poder vestir el uniforme del “yacht club” y palear la pobreza… “Los miserables” de Víctor Hugo: Es decir, los negros: Ni eso.
Pero regresemos al cuasi presente 1966: En el mes de junio de ese año se celebraban los X Juegos Centroamericanos y del Caribe en Puerto Rico, --Estado Libre Asociado por obra y gracia del Tío Sam--¸ y las autoridades yanquis, con su habitual hipocresía, boicotearon la participación cubana, pues les otorgaron visas a los atletas, pero negaron el permiso a las naves aéreas o marítimas para trasladar nuestra delegación a la sede, apoyándose en las muletas oxidadas del bloqueo.
Un testigo excepcional, --el comentarista y narrador deportivo Eddy Martin--, dejó escrito su testimonio de los hechos en “Rostros que se escuchan” libro de entrevistas a personalidades de la radio, escrito por Josefa Bracero para la Colección “Voces” de Letras Cubanas en 2002:
“Ya estaba el barco “Cerro Pelado” listo en la bahía de Santiago de Cuba. Aquello fue emocionante. La travesía duró aproximadamente cincuenta horas, hasta llegar a las costas de Puerto Rico. Vino el representante del Comité Olímpico… de la ODEPA… y autoridades portorriqueñas... El barco cubano no entraba, pero teníamos que hacer valer nuestro derecho a participar”.
La suerte estaba echada, o los trasladaban en embarcaciones locales; o toda la delegación se lanzaría a nado hasta tierra firme. ¡Imagínense los cintillos y las fotos al día siguiente!.
Continúa Eddy:
“Y así fue: Unos trescientos integrantes cubanos desfilaron en la inauguración celebrada en el estadio “Hiran Bithor” de San Juan”.
El ”Cerro Pelado” no era un buque de pasajeros, y aunque se le introdujeron adaptaciones;

a las incomodidades de los entrenamientos a bordo, hubo que sumar después en tierra el acoso de la “gusanera”, las vejaciones, las provocaciones, y hasta los intentos de agresión colectiva o individual.
Ningún atleta del resto de los países participantes, tras la agotadora jornada
del día en el terreno, tuvo que cumplir con su CDR en el albergue, para asegurar el sueño a los que competirían a la mañana siguiente. La respuesta del pueblo borinqueño fue unánime. Recibimos el más estruendoso aplauso de toda la competencia.
Por algo Lola Rodríguez de Tió (San Germán Puerto Rico, 1843), fallecida durante su exilio en Cuba en 1924, escribiera no sólo el poema “La Borinqueña” que aportó la letra al himno patrio, sino que en su poema “Mi libro de Cuba” dijera:
“Cuba y Puerto Rico son,
De un pájaro las dos alas,
reciben flores y balas
sobre el mismo corazón”.
La historia del deporte cubano ha de escribirse antes y después del ”Cerro Pelado”, pues en la siguiente edición Cuba arrasó con la mayoría de las medallas desplazando a México al segundo lugar, llegando a duplicárselas en 1974, y en los XIII juegos hubo cierta reglamentación para evitar el acaparamiento de medallas por un solo país. Nuestros atletas se mantienen en la cima del medallero desde entonces. Convalidando la frase de Fidel cuando en aquellos momentos críticos profetizó: “Seremos una potencia deportiva”. Si le agregamos la
versión panameña de los Juegos en 1970, en toda la historia de los Centroamericanos hasta el 2006, Cuba ha cosechado 3,055 preseas con 625 de oro, 817 de plata, y 613 de bronce.
Sabemos que en enero de este año el Comité Olímpico Cubano, a través de su presidente, el compañero José Ramón Fernández, ratificó la voluntad de participar en los XXI Juegos Centroamericanos y del Caribe de Mayagüez, en Puerto Rico, a celebrarse a partir del próximo 17 de julio. Un mes más tarde de aquella declaración, --el 26 de febrero del 2010--, nos vimos obligados a desistir de nuestra participación, al no cumplirse por la contrapartida, con lo establecido en el acuerdo.
En vez de aplicar el “fair play” en el terreno de las negociaciones, continuaban con su acostumbrado “trato del esqueleto”. Por nuestra parte mantuvimos las posiciones de manera transparente, --y no abundaremos con la tediosa lista de humillaciones, impedimentos, vejámenes y discriminaciones a que nos tienen acostumbrados--, pues esa vulgar actitud se dio no solo en aquellos Centroamericanos de Puerto Rico de 1966; sino que se repitió en Ponce, 1993, y en la etapa clasificatoria del Mundial del 2006.
Por algo dijimos al principio que “La historieta se repite”…
¡SEGUIMOS SIENDO LOS CAMPEONES DE LA REGIÓN, Y SI NO PARTICIPAMOS AHORA, SON ELLOS LOS QUE SE LO PIERDEN!

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