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8 jul. 2010

DORA: CIEN AÑOS HACIA LA ETERNIDAD.

En estos días de julio, Ia Calle 23 del Vedado se vistió de fiesta para abrazar una vez más el viernes día 2 de julio a partir de las 2 de la tarde hasta las 11 P.M., “La Noche de Los Libros”. Este año entre otras actividades hubo un recordatorio al centenario de Dora Alonso. Por tanto, fue inaugurada en la calle 23 y 14 la carpa “El Cochero Azul” con un espectáculo basado en los cuentos de la destacada escritora así, como el concurso: ¿Qué sabe usted de literatura y libros?
En cuanto a la homenajeada Dora Alonso, podemos decir que de su fértil imaginería poética no sólo nacieron y se enraizaron en nuestros niños, cientos de graciosos cuentos como El gallo y el pato, Los dos peces, El perro y la jutía, o el Gato Chilingo, sino que fue capaz de bautizar a muchos de esos animalitos con simpáticos apellidos. A saber:
La lechuza ladrona, El grillo caminante, La pajarita azul, El gallo engreído, El doctor Cotorrín, La rana tonta, y El caimán viejo.
Hemos dejado para el final El caballito enano, sólo comparable en popularidad a Pelusín del Monte y El Cochero Azul, obras cimeras de la literatura infantil cubana.
No sabemos si Dora sabia que las condiciones naturales de nuestro país y la atención exquisita de criadores cubanos, lograron la adaptación al medio de esa raza equina, que hoy constituye junto al colibrí y la ranita enana, la trilogía más extraordinaria de la fauna universal en miniatura.
Por lo pronto, aquí va

En cierto lugar de Cuba
había un caballito enano;
negras la crín y la cola
y negra su piel de raso.
Desde muy joven sabía
galopar y andar despacio,
pararse solo en dos patas
y saludar inclinándose.
Pero al ser muy pequeñito
no pudo tirar de un carro
ni cargarse de serones
ni resistir el trabajo.
Nadie lo quiso comprar
por bueno ni por barato
el caballito muy triste,
se fue trotando y trotando.
Pasó el tiempo. Cierto día
con el circo más mentado
llegó ruido de tambores
y alboroto de payasos.
En la primera función
vieron con gran entusiasmo
salir piafante a la pista
un caballito empenachado.
Plumaje verde en la frente,
bridas de lazo dorado…
¡Era el mismo caballito!
¡Era el caballito enano!
Ninguno tan primoroso,
ninguno más celebrado.
¡Cómo sonaba la música
y estallaban los aplausos!
¡Qué linda su marcha airosa!
¡Qué relucientes sus cascos!
¡Con cuánta gracia lucía
Las plumas de su penacho!
Fue por él, que desde entonces,
aplaudidos y admirados
todos los circos del mundo
tienen caballos enanos.
Esa mujer, capaz de versos tan tiernos, fue también una destacada periodista, y la conocí personalmente cuando en mis comienzos de Prensa Latina, leí sus crónicas desde las trincheras como corresponsal de guerra para la revista “Bohemia” durante la invasión mercenaria de Playa Girón.
Desde entonces la respeté y la admiré más aún.
Sus obras han sido llevadas a todos los medios: El cine, la televisión, y a otros soportes en adaptaciones ajustadas al original, --o como en el caso mío--, versiones libres que tuve el privilegio de parodiar en forma de historietas. Debo aclarar que siempre conté con su aprobación. Incluso me felicitó por la idea y jamás quiso cobrar derecho de autor en cada una de aquellos dos trabajos a los que me refiero.
El primero fue una extraña mezcla de dos telenovelas cubanas de gran popularidad, llevadas al papel en doce episodios para el diario “Juventud Rebelde” durante el verano de 1987. Se trataba de “Médico de Guardia” y “Sol de Batey”, esta última de su autoría. El resultado fue un potaje en cuadritos que titulé “Médico de Batey” con el cual gané ese año el Premio Nacional de Historieta “Fidel Morales” que organiza la Unión de Periodistas de Cuba.
Para el verano siguiente estaba programada la teleserie brasileña “Doña Bella” y el periódico de lajuventud me solicitó que repitiera la experiencia adaptando el culebrón brasileño, pero durante los tres meses del verano, es decir: unos 33 capítulos dibujados en formato de doble tira.
Fue ardua y constante la tarea de visualizar los episodios, adaptar los guiones y llevarlos a la puesta en papel en tan limitado tiempo pero, --sobre todo-- procurar que la frecuencia del periódico diario no se adelantara al argumento del capítulo televisivo para mantener el suspense entre los/las televidentes.
Sinceramente creo que esa circunstancia me hizo sudar más que la realización de la propia serie, pero tuve la satisfacción de obtener por segundo año consecutivo el Primer Premio en el certamen de la UPEC y sobre todo, ver en la calle a los voceadores gritando:
¡Extra Extra!…¡Vaya, aquí, “Juventud Rebelde” con un nuevo capítulo de Doña Bella!
Ustedes dirán con lógica ¿Y qué tiene que ver un culebrón brasileño con la cubanísima Dora Alonso? Claro que nada, pero, si “Médico de Batey” no me hubiera abierto las puertas del periódico, jamás existiría
“Doña Bella” en cuadritos.
Aún falta el otro intento que hice para llevar al “cómic” sus narraciones. En este caso fue otra telenovela suya, “Tierra Brava”, pero publicada en versión libre bajo el título de “Hormiga Brava”. en la edición No. 3 de 1997 para la revista “Mi Barrio”. Aquí les muestro una de sus páginas.
Estaba pues en deuda con Dora Alonso por tanto desprendimiento y apoyo, por eso le realicé esta caricatura en otra modalidad que por entonces comenzaba a experimentar: Caricaturas sin levantar el lápiz.

En realidad, no creo haberle pagado la deuda como es debido, --sino todo lo contrario— pues en este retrato caricaturesco que ahora les muestro, ni por asomo salió a relucir toda la belleza que irradiaba esa mujer.

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