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31 ago. 2012

REÍR ES COSA MUY SERIA


La frase, tomada a la ligera por muchos pesados, no deja de ser totalmente verídica. Con el humor se pueden abordar los temas más ligeros y los más peliagudos siempre que se haga con maestría. El ser humano es único e indivisible, pero según se individualiza va perdiendo humanidad. De ahí que surgiera otra sentencia sobre el humorismo: --Que se ponga el sayo, solo a quien le sirva.
En días pasados con motivo de celebrarse la gala del Premio Aquelarre 2012, el Centro Promotor del Humor,--ése del platanito con cascabeles en la punta--decidió reponer el éxito humorístico del año pasado, con la pieza teatral que da título a este trabajo: “Reír es cosa muy seria”.
A la hora del cañonazo del domingo 26, las puertas del ASTRAL se abrieron para dar paso a la misma. Con ella se demostró una vez más el poder de convocatoria del teatro desde los tiempos convulsos del bufo con los violentos enfrentamientos entre gorriones y bijiritas; o más acá, durante el controversial vernáculo del ALHAMBRA y no hablemos del teatro MARTÍ en su agónica restauración, pues el querido e inolvidable Enrique Núñez Rodríguez aún espera en su eterno descanso por escuchar las tres campanadas del estreno.
Aunque los tiempos cambian junto con las personas, el hecho de traer a la actualidad al “Galleguíbiri”, frente al “Pancontíbiri” es ya de por sí un reto; --si se logra el éxito, bienvenido sea-- sobre todo cuando los intérpretes principales son nada menos que Iván Camejo en el gallego y Kike Quiñones en el negrito–-ambos con sobrada experiencia--y una Alina Molina, joven mulatísima muy ajustada en la saya y el papel, subiéndole la parada a ambos.
Parodias como la Mama Inés con café mezclado, y la promiscuidad entre la Cecilia Valdés y María la O, en una desconocida Cecilia la O; más el bautizo del ron—incluso en moneda convertible--dan fe de nuestras vivencias actuales; aunque se parodien temas tan recordados como la Habana de los Zafiros, para abordar las actuales vicisitudes de una Aduana, sólo interiorizadas por quienes hayan tenido que pasar por ello.
Buena parte del éxito de esta caricatura puesta en escena se debe a la profesionalidad del Grupo Pagola la Paga y un sorpresivo acompañamiento de músicos sinfónico-satíricos de la Orquesta del ICRT, bajo la batuta cascabelera de un desconocido Rey Montesinos

En el intermedio, la monumental escenografía de la Plaza de la Catedral, sirvió de marco apropiado para que Osvaldo Doimeadios, recibiera de manos del Ministro de Cultura Rafael Bernal el Premio Nacional de Humorismo Aquelarre 2012.
Las fotos, tomadas por mi hija Elsie, --ese bastón de carne que últimamente me acompaña en todas las actividades nocturnas— captan los momentos en que el Doime levanta el lindo trofeo, mucho más bello que la costumbre de nuestros cuadros por obsequiar esos cuadros honoríficos gigantescos, los cuales muchas veces no tenemos espacio donde colgarlos. En mi caso, recibí en el pasado suficientes como para empapelar el edificio multifamiliar donde vivimos y por suerte, --entonces sin enmarcar--; de tal manera que he podido conservarlos debidamente enrollados y guardaditos en el baúl de los recuerdos.
De todas formas siempre es agradable recibir el reconocimiento de todo el pueblo. Por eso, en la foto, brindo copa en mano por dos merecidos Premios Aquelarre allí presentes: Alberto Luberta en el 2001 y Osvaldo Doimeadiós este año quien ha sentado un valioso precedente, el cual echa por tierra el mal de ojo que siempre acompañó sarcásticamente los llamados premios por toda la vida obtenidos cuando ya se está al borde del sarcófago. Según me cuenta  el propio Luberta, ese fue el único año en que se otorgaron dos Premios Aquelarre: Uno a él y el otro póstumamente a Enrique Núñez Rodríguez.
Este año el Doime rompió el récord nacional y olímpico por ser el más joven en obtener la medalla de oro del humor cuando los demás sueñan aún con el debut aficionado. Más valioso aún cuando él no sólo nos hace reír, sino que puede desdoblarse en el más dramático de todos los trágicos.
Seriamente, doy gracias al Doime por su entrega total, a los organizadores del espectáculo en nombre del humor criollo, y en el mío propio por hacerme pasar tan agradable noche a carcajada limpia.

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