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1 ago. 2012

LA CORTINA DE CHICLE

La irónica frase, no es mía, sino de un paradigma de periodista, a quien tuve el privilegio de conocer en mis comienzos en la Escuela de Periodismo “Márquez Sterling” y poco después con mi ingreso en la Agencia PRENSA LATINA en 1959.-Su paso por las redacciones fue breve, pero intenso.
En estos días la prensa nos recordó otra fecha memorable: La independencia argelina, el 5 de julio de 1962.
¿Y qué tiene que ver una cosa con la otra, se preguntarán ustedes?
Mucho, pues el periodista de marras, Ángel Boán muere precisamente en una misión como periodista-combatiente en Argelia, que encabezó el propio director de la agencia Jorge Ricardo Masetti a partir de la ayuda solicitada a Cuba durante su lucha de liberación.
La historia del colonialismo francés en el noroeste de África es harto conocida, pero apenas hoy se habla de los que murieron por combatirlo, Ángel Boán fue uno de ellos.
Cuba no solo fue el primer país en reconocer la independencia de Argelia sino también el primero en la guerra y en la paz, con su colaboración internacionalista y desinteresada.
Nuestra primera misión de profesionales de la salud surgió precisamente pocos años después que una campaña similar a la ejercida en nuestro país, dejó apenas sin médicos franceses a la sufrida Argelia.
Concentrémonos pues en la estampa de Ángel Boán, quien ya desde 1959, fuera designado Jefe de Corresponsales de Prensa Latina en los Estados Unidos. 
A su regreso en 1962 escribió un libro fruto del duro combate más que de la meditación, como el mismo lo definiera, y que tituló “Dos años tras la Cortina de Chicle”,: De ello hablamos ya en este blog.
Según el colofón de la modesta edición: Fue impresa por la Cooperativa periodística “Luz-Hilo” (Fundada con Antonio Guiteras por Lucilo de la Peña: La Gaceta Gratis al Estado.) Luz y Compostela, La Habana.
La selección de trabajos es muy extensa, por lo que en atención a la brevedad de este espacio, escogí una sola entrevista. Ruego que me perdonen la selección realizada.
Todos los veranos, el célebre pintor catalán Salvador Dalí visitaba Nueva York y se hospedaba, invariablemente en el hotel St. Regis, uno de los más lujosos de la ciudad. En marzo de 1960 Boán se tropieza casualmente con Dalí, en el Museo Metropolitano de Arte, en la propia Gran Manzana. Ése fue el preámbulo de la entrevista que le realizara al pintor bajo el título de “¿Sabe usted entrevistar genios?” Aquí va:
I PARTE
Hicimos un aparte. Le expliqué el interés que tenía en realizar con él una entrevista.
--¿Sabe usted entrevistar genios? –me preguntó.
--Y locos, --le respondí.
--Entonces –dijo sonriendo—. Venga a mi hotel mañana por la tarde y hablaremos largo y tendido.
Pero, dígame –volvió a preguntar—¿por qué quiere usted entrevistarme?
--Es que hasta ahora sólo he entrevistado personas normales…
--Es una buena respuesta, --contestó.
II PARTE
Con su inseparable bastón de empuñadura de plata en la mano, la melena revuelta, los ojos desorbitados y el bigote más tieso que nunca, Dalí pasó corriendo por el alfombrado pasillo del hotel y se introdujo en una caseta telefónica. Afuera asechaban los cazadores de autógrafos: jovencitas pecosas, señoras de cara pálida, adolescentes de pantalones increíblemente estrechos, mota envaselinada y ajustada chaqueta de cuero.
Me acerqué como pude a la cabina y toqué el cristal. Pocos minutos después colgó el auricular y salió sonriendo del estrecho encierro.
--Es que esta gente me tiene loco, --Y señaló con gesto amplio al grupo que escuchaba con la boca abierta su animado estilo oratorio.
--¿Y qué quieren de usted?
--Lo de siempre: que le firme papeles, pañuelos, corbatas, cajitas, ¡qué se yo!... Un día vino uno con un cheque en blanco y por poco se lo firmo.
--Eso es peligroso…
--¡Ay!...Amigo, es que la profesión de genio es arriesgada y difícil.
Cortó súbitamente el diálogo y me susurró al oído: “Espéreme en el “King Cole Room” para que hablemos, enseguida estaré con usted”.
III PARTE
A pesar de sus sesenta y pico años Dalí conserva inalterable su pintoresca estampa de orate irrefrenado que tanta fama le ha dado. Toma agua de Vichi, inventa sensacionales trucos de publicidad y habla mal de Picasso.
El mismo  lo ha dicho: “La única diferencia que hay entre un loco y Dalí, es que Dalí no es loco”.
Después de haberlo conocido he llegado a la misma conclusión: Dalí no es loco. Se trata de un maléfico injerto de paranoico, artista y caretudo, que ha descubierto el original procedimiento de hacerse rico pintando y diciendo cosas estrafalarias, aunque con indudable maestría en el dominio del dibujo.
Cuando estuvimos instalados en una mesa del enorme salón. Dalí me preguntó:
--¿Habla usted inglés?
--Muy poco.
--¡Magnífico! Conversaremos en español para que no puedan entendernos esta gente, y señalo a los veinte o treinta gringos–camareros, estudiantes, huéspedes, fotógrafos, curiosos—que presenciaban el encuentro.
--Yo traduciré aquellas partes de la entrevista que me interesen, o cambiaré sus preguntas a mi antojo. ¡Qué formidable confusión!
--Pero esta entrevista no la entenderá nadie.
--¡Desde luego! Toda buena entrevista debe tener dos características fundamentales; ser larga y muy difícil de comprender.
--Creo que es una opinión absurda, --Le dije.
--Puede ser,--respondió sin inmutarse--, pero no olvide que es la opinión de un hombre superior.
IV PARTE
--¿De que prefiere que le pregunte?
--De lo que usted quiera. A mi se me pueden formular las preguntas más terribles. Yo las contesto todas sin limitaciones.
--¿Es usted un loco?
--No, soy un místico. La locura es una deficiencia y yo soy un genio; un suficiente.
--¿Desde cuando comenzó usted a ser genio?
--Desde muy joven. Cuando era pequeño jugaba a la idea de serlo. Después comencé a decírselo a todo el mundo, pero hay que ir con cuidado porque jugando a ser genio, uno termina siéndolo.
--¿Es anormal el genio?
--Toda artista es anormal. Yo soy muy normal físicamente, pero un poco impotente sexualmente.
--¿Y no hay peligro de que esa impotencia degenere en algo peor, el homosexualismo, por ejemplo?
--Nunca fui homosexual de manera rotunda, pero cuando era joven tuve experiencias con otros chicos. Además, otra prueba de mis tendencias homosexuales es que he pintado muchas veces cuadros de mujeres con sexos masculinos.
--¿Es usted fascista?
--No.
--¿Franquista?
--Tampoco. Yo soy monárquico. Precisamente acabo de llegar a Nueva York dentro de un huevo.
--¿Y que significa tal cosa?
--¡Ah!... ¿Pero no sabe usted que la esfera es el símbolo de la monarquía?
--¿Y el huevo?
--El huevo representa a Colón. Ya sabe usted que Colón era catalán.
--Desconocía ese dato.
--Pues sí, se ha descubierto no solamente que Colón era catalán, sino que nació en la provincia de Gerona.
--¿Y quien lo ha descubierto?
-- Por supuesto que yo.
Cualquiera diría que la gerencia de ST. Regis le paga a Dalí para que se hospede en el todos los años, cosa que el sagaz peninsular hace invariablemente desde 1935, fecha en que visitó a los Estados Unidos  por primera vez.
V PARTE
Sorpresivamente Dalí comienza a dar opiniones sobre la prensa norteamericana.
--Es increíble –dice—La adulteración que algunas publicaciones de este país están realizando con las cosas que digo.
--¿Qué publicaciones son esas?
--TIME, LIFE y SELECCIONES que son, además, responsables directas de la campaña para cretinizar a las masas. Son revistas escritas colectivamente. Muchas veces me han solicitado declaraciones, y después de seis meses, publican cinco líneas completamente falsas, porque han pasado por tantos redactores, especialista, jefes y departamentos, que al final no queda nada. ¡Jamás han publicado ni un centímetro de verdad sobre las cosas que les he dicho!
--¿Qué pintores, antiguos y modernos, considera artísticamente superiores a usted?
--Velázquez y Rafael. Pero solo en la realización pictórica. No en la cosmogonía. Quiero decir, en la idea. En eso yo soy único.
Hay una pausa. Dalí habla en francés con unos amigos suyos que han llegado hasta la mesa; mientras conversa escribe la palabra sosiego en una esquina del mantel, pero la escribe así: zociego. Le llamo la atención sobre las faltas de ortografía y me responde:
--Cuando era joven escribí una vez la palabra revolución con cuatro errores ortográficos, así rrebolushión. Mi padre se enfureció y me dijo “Pasarás la vida cubierto de piojos”.
Dalí sonrió maliciosamente y desliza en voz baja esta frase:
--Como puede usted ver mi padre se equivocó.
--¿Cuánto ha ganado pintando?
--Puede usted decir que la cosa va muy bien.
--Quiero respuestas concretas…
--Pues bien, desde muy joven supe que Colón y Cervantes habían sufrido prisión y habían muerto en la miseria. Desde entonces tomé dos determinaciones: No ir nunca a la cárcel y hacerme millonario. Ambos propósitos los he logrado.
VI PARTE
De buenas a primera, Dalí se pone de pié y en voz alta, con estilo tribunicio, anuncia que el país que más le gustaría visitar sería la Unión Soviética.
--Tenga cuidado no lo oiga el Comité de Actividades Antinorteamericanas.
—No le temo a ningún Comité.
--Dejemos eso. ¿Dígame, cree que encontrará en la Unión Soviética temas para su pintura?
--Sin dudas. La URSS tiene historia en grande, y la historia es el mejor tema para el pintor. Para el pintor serio como yo, por supuesto.
--¿Se considera un pintor serio?
--Indudablemente. Hace años se descubrió que yo pertenecía por entero al tipo arcangélico. ¿Ha conocido usted alguna vez gente más seria que los arcángeles?
--Nunca en mi vida he visto un arcángel.
--Cualquier día le presentaré uno.
--¿Cuántas veces se ha casado?
--Una sola.
--¿Qué hace usted durante un día cualquiera?
--Pinto todo el día. Mi esposa me lee cosas que no entiendo; tratados atómicos, libros de geometría en fin, lecturas difíciles de entender. Mientras ella lee yo pinto y medito.
--¿Cómo puede usted coordinar las tres cosas a la vez?
--Mire; como no puedo escuchar y meditar al mismo tiempo, todo lo que pinto es genial porque es producto del más extraordinario caos mental que pueda usted imaginarse. ¿Comprende?...
VII PARTE
La entrevista comenzó a languidecer. Los gringos con sus autógrafos rompieron la muralla de curiosos, y cayeron como plaga de langostas sobre el discutido pintor.
--Will you sign here please Mister Dalí, --demandaban a coro.
A duras penas logró evadirse. Me tomó por el brazo y me dijo: “No olvide decir que yo soy el genio más grande de este Siglo.”
--Se lo prometo, pero dígame ¿No le molesta todo esto?—Le pregunté señalándole al numeroso grupo de zánganos que nos seguía.
--¡Si usted supiera, amigo mío, cuanto dinero me han hecho ganar estos muchachos con caras de idiotas! No se olvide que ellos son los dueños de los dólares.
Gané la calle seguido del compañero José García “el fotógrafo”, quien no cesaba de reír.
--Ese tipo está loco, --comentó.
--Ese tipo es un vividor, - le rectifiqué.
Tomamos el “subway” rumbo a la oficina. La entrevista con Dalí me había deprimido extraordinariamente. En medio de la insoportable trepidación del tren subterráneo, resonaba en mis oídos su frase absurda y descocada:
--¡Yo soy el genio más grande de este Siglo!

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