La
irónica frase, no es mía, sino de un paradigma de periodista, a quien tuve el
privilegio de conocer en mis comienzos en la Escuela de Periodismo “Márquez
Sterling” y poco después con mi ingreso en la Agencia PRENSA LATINA en
1959.-Su paso por las redacciones fue breve, pero intenso.
En
estos días la prensa nos recordó otra fecha memorable: La independencia
argelina, el 5 de julio de 1962.
¿Y
qué tiene que ver una cosa con la otra, se preguntarán ustedes?
Mucho,
pues el periodista de marras, Ángel Boán muere precisamente en una misión como
periodista-combatiente en Argelia, que encabezó el propio director de la
agencia Jorge Ricardo Masetti a partir de la ayuda solicitada a Cuba durante su
lucha de liberación.
La
historia del colonialismo francés en el noroeste de África es harto conocida,
pero apenas hoy se habla de los que murieron por combatirlo, Ángel Boán fue uno
de ellos.
Cuba
no solo fue el primer país en reconocer la independencia de Argelia sino
también el primero en la guerra y en la paz, con su colaboración
internacionalista y desinteresada.
Nuestra
primera misión de profesionales de la salud surgió precisamente pocos años
después que una campaña similar a la ejercida en nuestro país, dejó apenas sin
médicos franceses a la sufrida Argelia.
Concentrémonos
pues en la estampa de Ángel Boán, quien ya desde 1959, fuera designado Jefe de Corresponsales
de Prensa Latina en los Estados Unidos.
A
su regreso en 1962 escribió un libro fruto del duro combate más que de la
meditación, como el mismo lo definiera, y que tituló “Dos años tras la Cortina de Chicle”,: De ello hablamos ya en este blog.
Según
el colofón de la modesta edición: Fue impresa por la Cooperativa periodística “Luz-Hilo”
(Fundada con Antonio Guiteras por Lucilo de la Peña: La Gaceta Gratis al
Estado.) Luz y Compostela, La Habana.
La
selección de trabajos es muy extensa, por lo que en atención a la brevedad de
este espacio, escogí una sola entrevista. Ruego que me perdonen la selección
realizada.
Todos
los veranos, el célebre pintor catalán Salvador Dalí visitaba Nueva York y se
hospedaba, invariablemente en el hotel St. Regis, uno de los más lujosos de la
ciudad. En marzo de 1960 Boán se tropieza casualmente con Dalí, en el Museo
Metropolitano de Arte, en la propia Gran Manzana. Ése fue el preámbulo de la entrevista
que le realizara al pintor bajo el título de “¿Sabe usted entrevistar
genios?” Aquí va:
I
PARTE
Hicimos
un aparte. Le expliqué el interés que tenía en realizar con él una entrevista.
--¿Sabe
usted entrevistar genios? –me preguntó.
--Y
locos, --le respondí.
--Entonces
–dijo sonriendo—. Venga a mi hotel mañana por la tarde y hablaremos largo y
tendido.
--Es
que hasta ahora sólo he entrevistado personas normales…
--Es
una buena respuesta, --contestó.
II
PARTE
Con
su inseparable bastón de empuñadura de plata en la mano, la melena revuelta,
los ojos desorbitados y el bigote más tieso que nunca, Dalí pasó corriendo por
el alfombrado pasillo del hotel y se introdujo en una caseta telefónica. Afuera
asechaban los cazadores de autógrafos: jovencitas pecosas, señoras de cara
pálida, adolescentes de pantalones increíblemente estrechos, mota envaselinada
y ajustada chaqueta de cuero.

--Es
que esta gente me tiene loco, --Y señaló con gesto amplio al grupo que escuchaba
con la boca abierta su animado estilo oratorio.
--¿Y
qué quieren de usted?
--Lo
de siempre: que le firme papeles, pañuelos, corbatas, cajitas, ¡qué se yo!...
Un día vino uno con un cheque en blanco y por poco se lo firmo.
--Eso
es peligroso…
--¡Ay!...Amigo,
es que la profesión de genio es arriesgada y difícil.
Cortó
súbitamente el diálogo y me susurró al oído: “Espéreme en el “King Cole Room”
para que hablemos, enseguida estaré con usted”.
III
PARTE
A
pesar de sus sesenta y pico años Dalí conserva inalterable su pintoresca
estampa de orate irrefrenado que tanta fama le ha dado. Toma agua de Vichi,
inventa sensacionales trucos de publicidad y habla mal de Picasso.
El
mismo lo ha dicho: “La única diferencia
que hay entre un loco y Dalí, es que Dalí no es loco”.
Después
de haberlo conocido he llegado a la misma conclusión: Dalí no es loco. Se trata
de un maléfico injerto de paranoico, artista y caretudo, que ha descubierto el
original procedimiento de hacerse rico pintando y diciendo cosas estrafalarias,
aunque con indudable maestría en el dominio del dibujo.
Cuando
estuvimos instalados en una mesa del enorme salón. Dalí me preguntó:
--¿Habla
usted inglés?
--Muy
poco.
--¡Magnífico!
Conversaremos en español para que no puedan entendernos esta gente, y señalo a
los veinte o treinta gringos–camareros, estudiantes, huéspedes, fotógrafos,
curiosos—que presenciaban el encuentro.

--Yo
traduciré aquellas partes de la entrevista que me interesen, o cambiaré sus
preguntas a mi antojo. ¡Qué formidable confusión!
--Pero
esta entrevista no la entenderá nadie.
--¡Desde
luego! Toda buena entrevista debe tener dos características fundamentales; ser
larga y muy difícil de comprender.
--Creo
que es una opinión absurda, --Le dije.
--Puede
ser,--respondió sin inmutarse--, pero no olvide que es la opinión de un hombre
superior.
IV
PARTE
--¿De
que prefiere que le pregunte?
--De
lo que usted quiera. A mi se me pueden formular las preguntas más terribles. Yo
las contesto todas sin limitaciones.
--¿Es
usted un loco?
--No,
soy un místico. La locura es una deficiencia y yo soy un genio; un suficiente.
--¿Desde
cuando comenzó usted a ser genio?
--Desde
muy joven. Cuando era pequeño jugaba a la idea de serlo. Después comencé a
decírselo a todo el mundo, pero hay que ir con cuidado porque jugando a ser
genio, uno termina siéndolo.
--¿Es
anormal el genio?
--Toda
artista es anormal. Yo soy muy normal físicamente, pero un poco impotente
sexualmente.
--¿Y
no hay peligro de que esa impotencia degenere en algo peor, el homosexualismo,
por ejemplo?
--Nunca
fui homosexual de manera rotunda, pero cuando era joven tuve experiencias con
otros chicos. Además, otra prueba de mis tendencias homosexuales es que he
pintado muchas veces cuadros de mujeres con sexos masculinos.
--¿Es
usted fascista?
--No.
--¿Franquista?
--Tampoco.
Yo soy monárquico. Precisamente acabo de llegar a Nueva York dentro de un
huevo.
--¿Y
que significa tal cosa?
--¡Ah!...
¿Pero no sabe usted que la esfera es el símbolo de la monarquía?
--¿Y
el huevo?
--El
huevo representa a Colón. Ya sabe usted que Colón era catalán.
--Desconocía
ese dato.
--Pues
sí, se ha descubierto no solamente que Colón era catalán, sino que nació en la
provincia de Gerona.
--¿Y
quien lo ha descubierto?
--
Por supuesto que yo.
Cualquiera
diría que la gerencia de ST. Regis le paga a Dalí para que se hospede en el
todos los años, cosa que el sagaz peninsular hace invariablemente desde 1935,
fecha en que visitó a los Estados Unidos por primera vez.
V
PARTE
Sorpresivamente
Dalí comienza a dar opiniones sobre la prensa norteamericana.
--Es
increíble –dice—La adulteración que algunas publicaciones de este país están
realizando con las cosas que digo.
--¿Qué
publicaciones son esas?
--TIME,
LIFE y SELECCIONES que son, además, responsables directas de la campaña para cretinizar
a las masas. Son revistas escritas colectivamente. Muchas veces me han
solicitado declaraciones, y después de seis meses, publican cinco líneas
completamente falsas, porque han pasado por tantos redactores, especialista,
jefes y departamentos, que al final no queda nada. ¡Jamás han publicado ni un
centímetro de verdad sobre las cosas que les he dicho!
--¿Qué
pintores, antiguos y modernos, considera artísticamente superiores a usted?
--Velázquez
y Rafael. Pero solo en la realización pictórica. No en la cosmogonía. Quiero
decir, en la idea. En eso yo soy único.
Hay
una pausa. Dalí habla en francés con unos amigos suyos que han llegado hasta la
mesa; mientras conversa escribe la palabra sosiego en una esquina del
mantel, pero la escribe así: zociego. Le llamo la atención sobre las
faltas de ortografía y me responde:
--Cuando
era joven escribí una vez la palabra revolución con cuatro errores
ortográficos, así rrebolushión. Mi padre se enfureció y me dijo “Pasarás
la vida cubierto de piojos”.
Dalí
sonrió maliciosamente y desliza en voz baja esta frase:
--Como
puede usted ver mi padre se equivocó.
--¿Cuánto
ha ganado pintando?
--Puede
usted decir que la cosa va muy bien.
--Quiero
respuestas concretas…
--Pues
bien, desde muy joven supe que Colón y Cervantes habían sufrido prisión y
habían muerto en la miseria. Desde entonces tomé dos determinaciones: No ir
nunca a la cárcel y hacerme millonario. Ambos propósitos los he logrado.
VI
PARTE
De
buenas a primera, Dalí se pone de pié y en voz alta, con estilo tribunicio,
anuncia que el país que más le gustaría visitar sería la Unión Soviética.
--Tenga
cuidado no lo oiga el Comité de Actividades Antinorteamericanas.
—No
le temo a ningún Comité.
--Dejemos
eso. ¿Dígame, cree que encontrará en la Unión Soviética temas para su pintura?
--Sin
dudas. La URSS tiene historia en grande, y la historia es el mejor tema para el
pintor. Para el pintor serio como yo, por supuesto.
--¿Se
considera un pintor serio?
--Indudablemente.
Hace años se descubrió que yo pertenecía por entero al tipo arcangélico. ¿Ha
conocido usted alguna vez gente más seria que los arcángeles?
--Nunca
en mi vida he visto un arcángel.
--Cualquier
día le presentaré uno.
--¿Cuántas
veces se ha casado?
--Una
sola.
--¿Qué
hace usted durante un día cualquiera?
--Pinto
todo el día. Mi esposa me lee cosas que no entiendo; tratados atómicos, libros
de geometría en fin, lecturas difíciles de entender. Mientras ella lee yo pinto
y medito.
--¿Cómo
puede usted coordinar las tres cosas a la vez?
--Mire;
como no puedo escuchar y meditar al mismo tiempo, todo lo que pinto es genial
porque es producto del más extraordinario caos mental que pueda usted
imaginarse. ¿Comprende?...
VII
PARTE
La
entrevista comenzó a languidecer. Los gringos con sus autógrafos rompieron la
muralla de curiosos, y cayeron como plaga de langostas sobre el discutido
pintor.
--Will
you sign here please Mister Dalí, --demandaban a coro.
A
duras penas logró evadirse. Me tomó por el brazo y me dijo: “No olvide decir
que yo soy el genio más grande de este Siglo.”
--Se
lo prometo, pero dígame ¿No le molesta todo esto?—Le pregunté señalándole al
numeroso grupo de zánganos que nos seguía.
--¡Si
usted supiera, amigo mío, cuanto dinero me han hecho ganar estos muchachos con
caras de idiotas! No se olvide que ellos son los dueños de los dólares.
Gané
la calle seguido del compañero José García “el fotógrafo”, quien no cesaba de
reír.
--Ese
tipo está loco, --comentó.
--Ese
tipo es un vividor, - le rectifiqué.
Tomamos
el “subway” rumbo a la oficina. La entrevista con Dalí me había deprimido
extraordinariamente. En medio de la insoportable trepidación del tren
subterráneo, resonaba en mis oídos su frase absurda y descocada:
--¡Yo
soy el genio más grande de este Siglo!
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